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FEDERICO OLMEDA, MÁS QUE UNA BIOGRAFÍA

Joaquim Zueras
Crítico Musical



(Nº 22, ENERO, 2012)


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RESEÑAS


Miguel Ángel Palacios Garoz: Federico Olmeda, un maestro de capilla atípico. Editado por el Instituto Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Burgos. 376 páginas. ISBN: 84-87876-90-0.

        Con el paso de los años, hemos podido constatar que algunos compositores españoles en el olvido salen a la luz de vez en cuando. En el caso de Olmeda poríamos decir que surge en bandeja de plata, merced al excelente estudio de Miguel Ángel Palacios. Este interesante libro posee tal acopio de datos, documentos e ilustraciones, que resultaría imposible mejorarlo. Además, es un libro ameno que nos habla de Castilla en la segunda mitad del siglo XIX, de su sociedad, costumbres, deseos y penurias.

        Federico Olmeda nació en 1865 en Burgo de Osma (Soria). A los ocho años entró como infantillo en la catedral de esta ciudad, recibiendo además de una amplia instrucción primaria, una educación musical basada en el solfeo, piano y órgano. Cinco años después estudia violín, violoncello y contrapunto con el organista de la catedral. En 1881 inicia estudios de Teología en el seminario, carrera que abandona en 1885 para, según él, dedicarse por entero a la música, a la vez que, de manera autodidacta, estudia armonía y composición por su cuenta. En 1887 gana las oposiciones a organista primero de la catedral de Burgos, dándose la circunstancia de que el cabildo le exige ordenarse sacerdote si quiere ejercer como tal. En 1894 dirige la Academia Municipal de Música Salinas, publicando Solfeo elemental y  Prontuario de solfeo. La supresión del presupuesto por parte del Ayuntamiento hizo que Olmeda claudicara de este proyecto dos años después. En 1900 es nombrado director del Orfeón Santa Cecilia y profesor de Música del Círculo Católico de Obreros. Olmeda siempre mostró un notable interés en agrupar las canciones populares castellanas, editando el Cancionero Popular de Burgos.

        En esta actividad tuvo como discípulos a los compositores franceses Raoul Laparra y Henri Collet, que buscaban impregnar sus obras con rasgos característicos de la música española. En 1902 funda y dirige Liga Orgánica “sociedad de socorros mutuos para organistas” así como el boletín del mismo nombre. Cuando Olmeda fue ordenado organista de la catedral de Burgos pronto se dio cuenta de que el largo invierno burgalés era incompatible con la mala salud de su sistema respiratorio. Con el tiempo es probable que observara que el Burgos de entonces no era la plataforma ideal para la difusión de su obra. Opositó en otras plazas pero, incluso quedando el primero dos veces, no le fue otorgado el beneficio. Por fin, en 1907, ocupa el cargo de maestro de capilla del Monasterio de las Descalzas Reales, en Madrid. Dos años después fallecía de bronconeumonía, sin haber llegado a cumplir los 44 años. Contra todo pronóstico Olmeda fue siempre un buen sacerdote, pero no fue un hombre dócil. Su espíritu independiente le llevó a más de una discursión con el cabildo, así como su defensa de la notación pentagramada del canto llano frente a la notación gregoriana tradicional y la poca disposición a asumir algún punto del Motu Proprio de 1903, como el de la supresión de todos los instrumentos dentro de la iglesia excepto el órgano.

        Naturalmente, este resumen biográfico a vuela pluma palidece frente al libro de Miguel Ángel Palacios, que nos da detallada cuenta de cualquier acontecimiento con todo lujo de detalles, penetrando en el alma de Olmeda con una aguda capacidad de  introspección. El libro presenta además un primer catálogo de las composiciones de Olmeda, un total de 337 obras localizadas: 2 de género lírico, 2 para orquesta sinfónica, 23 para voz y orquesta, 3 para voz y banda, 12 para coro, 22 para voz y piano, 89 para voz y órgano, 11 para música de cámara, 61 para piano, 95 para órgano y 17 transcripciones.  Consta también una Antología de las obras musicales de Federico Olmeda, que comprende 30 obras en partitura con una breve presentación de las mismas. A todo ello se añaden nada menos que 71 ilustraciones. Todo contribuye a que este libro sea muy recomendable. Puede adquirirse aquí.

 


Escrito por Joaquim Zueras
Desde España
Fecha de publicación: Enero de 2012
Artículo que vió la luz en la revista nº 22 de Sinfonía Virtual.
ISSN 1886-9505



 

 

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