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¿QUÉ ES LA MÚSICA? DE CARL DAHLHAUS
Y HANS HEINRICH EGGEBRECHT

Daniel Martín Sáez
Director de Sinfonía Virtual



(Nº 27, JULIO, 2014)



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RESEÑAS


Título: ¿Qué es la Música?
Autores: Carl Dahlhaus y Hans Heinrich Eggebrecht
Editorial: Acantilado
Páginas: 204
Idioma: Español (traducción del alemán)
Traductor: Luis Andrés Bredlow
Año: 2012

Hace ya casi veinte años que se publicó en Alemania, bajo el título de Was ist Musik?, la colección de ensayos de Carl Dahlhaus (1928-1989) y Hans Heinrich Eggebrecht (1919-1999), ambos catedráticos de Musicología y profesores en muchas de las universidades más prestigiosas de Alemania (Kiel, Saarbrücker, Berlín, Princeton, Friburgo), sobre diez cuestiones fundamentales de la filosofía de la música. Ha habido que esperar hasta el año 2012 para que esta obra llegue al público hispano, gracias al interés de la editorial Acantilado y al valioso trabajo de traducción de Luis Andrés Bredlow, cuya edición presentamos ahora.
        La obra original fue un encargo de la editorial Heinrichshofen para la colección Libros de Bolsillo de Musicología, y el resultado, una interesantísima obra de unas doscientas páginas, con diez capítulos cuyos temas fueron acordados por los propios autores, cada uno de ellos dedicado a una cuestión fundamental de la estética musical. Casi todos los temas son tratados de forma independiente y por separado (es decir, la misma cuestión es abordada primero por Eggebrecht y luego por Dahlhaus, o viceversa), proveyéndonos así de un doble enfoque que, pese a las diferencias ocasionales que uno puede encontrar entre uno y otro, o precisamente por ellas, se complementan de manera muy fructífera y terminan por ofrecernos una valiosa visión de conjunto. Solamente los capítulos VI, VII y VIII siguen una línea distinta a este doble enfoque, donde precisamente se produce entre ellos una notable sintonía: el capítulo VII, por ejemplo, está escrito en forma de diálogo (aunque, por su brevedad, consiste sólo en tres o cuatro intervenciones de cada uno), mientras los capítulos VI y VIII están conformados por una intervención conjunta de ambos autores, es decir, Eggebrecht comienza argumentando y Dahlhaus concluye la reflexión, justo a continuación del texto anterior.
        Los temas o capítulos son los siguientes:

  1. ¿Existe ‘la música’?
  2. El concepto de música y la tradición europea.
  3. ¿Qué significa ‘extramusical’?
  4. Música buena y mala.
  5. Música antigua y música nueva.
  6. Significación estética e intención simbólica.
  7. El contenido musical.
  8. De la belleza musical.
  9. La música y el tiempo.
  10. ¿Qué es la música?

        Como puede verse, se trata de cuestiones que forman parte del debate filosófico actual y no de análisis históricos. Ambos utilizan un lenguaje sencillo y asequible para cualquiera con un bagaje musical mínimo, y la nomenclatura “filosófica” apenas contiene tecnicismos. Podríamos encuadrar sus reflexiones dentro del género de la “filosofía por temas” de tipo anglosajón, donde no se parte de un análisis erudito, histórico o filológico de los autores de la historia de la filosofía musical más o menos importantes, sino que más bien se aborda directamente la discusión de los temas considerados importantes para dicha filosofía, acudiendo entonces, y sólo cuando es necesario, a los autores clásicos que podrían ayudar a clarificar las distintas cuestiones, o que las plantearon por primera vez y están en el origen de su aparición. En este sentido, el primer capítulo sirve como introducción a todos aquellos que desconozcan dicho debate, como por otra parte el libro completo podría servir perfectamente para iniciarse en los pormenores de la filosofía de la música en general.
        Esto no quiere decir, ni mucho menos, que la formación musicológica o histórico-filológica de los autores no esté jugando un papel ineludible en la discusión de los temas: todo lo contrario, si por algo se han destacado tanto Dahlhaus como Eggebrecht es por su gran trabajo como musicólogos antes de “lanzarse” a la reflexión filosófica, que a su vez conocen de primera mano.
        Libros como este podrían servir como modelo para quienes hoy quieren implicarse en problemas de filosofía de la música. Y no sólo por su contenido científico de fondo, sino también por su capacidad para enfrentarse a problemas nuevos y que se justifican desde el presente, sin reducirse al mero trabajo de erudición donde todas las teorías parecen valer lo mismo y uno termina por no hablar de problemas actuales.
        Dahlhaus y Eggebrecht plantean preguntas del presente e intentan responder con el máximo rigor poniendo su propia voz. Sin duda, se encontrarán fragmentos polémicos y discutibles, pero también se verá que cada línea ha sido escogida con criterio y que sus argumentos raras veces caen en lo superficial o lo ingenuo. No querría citar la cantidad ingente de obras de filosofía de la música –o que llevan tal rótulo en su portada– donde uno se ve obligado a leer el libro entero para encontrar algo. En esta obra, que además se caracteriza por su brevedad, no hay circunloquios ni afirmaciones pomposas: toda la argumentación se sucede con sencillez y sentido común, lo que precisamente garantiza la facilidad para que el lector pueda posicionarse e iniciar su propio camino.
        El primer capítulo de la obra -¿Existe ‘la música’?- es sólo una muestra del acierto con que está estructurada, pero también de su sinceridad filosófica y su honestidad para no esquivar las preguntas fundamentales, que muchas veces son las que nadie quiere plantearse. Efectivamente, ¿no diría cualquiera que la música existe? Pero, ¿qué es la música? ¿De verdad está tan claro? ¿Podemos incluir en “la música” fenómenos tan dispares como la música de Bach y la música china, la música de las esferas y la armonía del alma (pues "música" se ha llamado a todo ello)? ¿Y qué decir de fenómenos como la ópera, donde la música parece haber absorbido elementos aparentemente tan heterogéneos como el teatro, la danza y la literatura? O pensemos en la música policoral de la escuela veneciana del siglo XVI, ¿acaso podemos entender esa música sin acudir a la Catedral de San Marcos, cuya estructura arquitectónica determinó tan fuertemente la escenificación bicoral, y por extensión las composiciones de sus músicos? ¿Y qué pasa con todas aquellas culturas donde la palabra “música” (o un equivalente) ni siquiera existe? ¿Nos limitamos al fenómeno artístico, o también debemos incluir su análisis antropológico?
        La serie de preguntas que acabo de plantear –algunas de ellas tratadas por Dahlhaus y Eggebrecht–, son suficientes para convertir esa primera cuestión, aparentemente “obvia”, en una pregunta prácticamente imposible de resolver. Y el problema no se soluciona apelando a la música “de los músicos”, esto es, la música instrumental, por utilizar la expresión clásica desde Boecio, pues también “de puertas adentro”, por decirlo así, se produce este fenómeno de equivocidad: ¿la música son los cantantes, los atriles, los mecenas, los intérpretes, las interpretaciones? ¿O quizá el público, la psicología del oyente, los estímulos sonoros y las ondas acústicas? ¿O más bien las partituras, la armonía y el ritmo? ¿O todo ello a la vez? ¿Pero hay algo que toda música tenga en común? ¿Y cómo la dividimos después, para comprender su riqueza y diversidad? ¿Y qué es lo que hace que la música sea música y no simple ruido –o silencio– desde que aparecieron en escena artistas como Russolo, Schaeffer o John Cage?
        En realidad esta es la cuestión fundamental que se reproduce tácitamente en cada uno de los capítulos del libro, con un conocimiento exhaustivo de las respuestas que se han dado a lo largo de la historia, desde Pitágoras hasta John Cage. Históricas –aunque desde entonces atemporales- son las preguntas sobre la belleza y el contenido musical, o sobre el tiempo musical y la significación estética y simbólica de la música. Pero una vez más las respuestas de los autores tocan de lleno cuestiones de actualidad (y que lo siguen siendo a pesar de haberse realizado en los años ochenta del pasado siglo), como se ve con mayor claridad en el debate sobre la “música buena y mala”, especialmente por la dicotomía establecida entre música culta y popular, música autónoma y servil,  música clásica y pop, etc.; o la cuestión de la “música antigua y música nueva”, fundamental en todas las épocas, pero quizá hoy más que nunca, por cuanto se distingue lo tonal y lo atonal, lo estructurado y lo desestructurado, lo interpretable y lo no-interpretable, lo clásico-romántico y lo barroco, etc.; o el problema del “concepto de música y la tradición europea”, en un momento en que Europa ha dejado de ser el centro del mundo (históricamente hablando) y su música (la contemporánea) parece haber entrado también, aunque desde otra perspectiva, en una profunda crisis.
        La última cuestión que reproduce el título de la obra, “¿qué es la música?” es solamente el círculo que cierra la obra, pues la intención de los autores no es agotar la cuestión. Después de tantos años de reflexión, Dahlhaus y Eggebrecht confiesan no considerarse capaces de contestar a la pregunta sobre la esencia o la naturaleza de la música: siempre queda algo fuera, o entran demasiadas cosas, o se confunden demasiadas cosas. En el fondo, no sólo en este capítulo final, sino en toda la obra, los autores repiten un sabio gesto socrático: preguntar y dejar que la propia reflexión nos lleve a donde tenga que llevarnos, aunque sea para volver al punto de partida y empezar de nuevo; el gesto es útil, al menos, para no cejar en el empeño de la investigación filosófica y comprender, al final del camino, que no se ha podido resolver la cuestión, pero que merece la pena seguir intentándolo.

 

 

 

Escrito por Daniel Martín Sáez
Desde España
Fecha de publicación: julio de 2014
Artículo que vió la luz en la edición nº 27 de Sinfonía Virtual
www.sinfoniavirtual.com
ISSN 1886-9505



 

 

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