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EL ARTE DE LA ÓPERA. DON GIOVANNI

José Mario Carrer
Crítico Musical

(Nº 1, OCTUBRE, 2006)


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ÓPERA

ABSTRACT

"Don Giovanni". Drama Jocoso en Dos Actos de Wolfgang Amadé Mozart (1756-1791). Libreto de Lorenzo Da Ponte (Inspirado en la obra de Tirso de Molina "El Burlador de Sevilla").Orquesta Sinfónica de Salta. Coro de la Asociación Amigos de la Música. Fernando Grassi (barítono-Don Giovanni). Luciano Garay (barítono-Leporello). Mariela Schemper (soprano-Doña Ana). Andrea Maragno (soprano-Doña Elvira). Carlos Ullán (tenor-Don Octavio). Laura Penchi (soprano-Zerlina). Cristian de Marco (barítono-Masseto). Ernesto Ramos (bajo-Comendador y Fantasma). Regie de Eduardo Casullo. Directora de Coro Clara Adela Altobelli. Director Musical Maestro Felipe Izcaray. Personal Técnico. Estadio Delmi. Primera Función Sábado 8 de julio de 2006.

Palabras clave: Mozart, Giovanni, Da Ponte, Salta, Crítica


"Don Giovanni". Drama Jocoso en Dos Actos de Wolfgang Amadé Mozart (1756-1791). Libreto de Lorenzo Da Ponte (Inspirado en la obra de Tirso de Molina "El Burlador de Sevilla").Orquesta Sinfónica de Salta. Coro de la Asociación Amigos de la Música. Fernando Grassi (barítono-Don Giovanni). Luciano Garay (barítono-Leporello). Mariela Schemper (soprano-Doña Ana). Andrea Maragno (soprano-Doña Elvira). Carlos Ullán (tenor-Don Octavio). Laura Penchi (soprano-Zerlina). Cristian de Marco (barítono-Masseto). Ernesto Ramos (bajo-Comendador y Fantasma). Regie de Eduardo Casullo. Directora de Coro Clara Adela Altobelli. Director Musical Maestro Felipe Izcaray. Personal Técnico. Estadio Delmi. Primera Función Sábado 8 de julio de 2006.

        La ciudad de Salta como una de las ciudades periféricas de nuestra extensa geografía argentina, no solo ha progresado muchísimo en estos ultimos años sino que la visión cultural que baja desde el Estado y se refleja en comportamientos humanos de mejor calidad, significa un aporte trascendente en el desarrollo individual y social de sus habitantes. Sin embargo, aun padece de antiguas carencias de infraestructura que poco a poco van dejando de serlas. Una de ellas es la inexistencia de un teatro de ópera. No posee una Scala, un La Fenice, un Covent Garden, un Teatro Real, un Palau o un Liceo para nombrar apenas unos pocos de los innumerables teatros del mundo que se dedican a esa expresión maravillosa y única como es la ópera, género que comienza en las postrimerías del siglo XVI con la Camerata Fiorentina que se reunía en el palacio de la familia Giovanni Bardi. En esa materia, estamos a años luz de, por ejemplo, la Opera de Praga que en temporada, monta diariamente un titulo distinto, con elencos, personal, músicos, registas y directores diferentes.

        Por ello, montar una ópera en Salta es tarea de titanes, de hombres y mujeres que aman el género y el desarrollo de nuestra cultura. Este es el caso de Don Giovanni, uno de los títulos mas importantes de la producción operística del compositor de Salzburgo de quien se festejan doscientos cincuenta años de su nacimiento.

        Mozart ya habia obtenido enorme éxito con Las Bodas de Fígaro en su estreno en la ciudad de Praga durante 1786 y el director del teatro lo impulsó a componer una nueva ópera para la temporada siguiente. Recurriendo al mismo libretrista de Las Bodas..., un Mozart de treinta y un años escribió, en tres meses, la música sobre una historia que, básicamente, trata de un caballero seductor que desafiado por el padre de Doña Ana, un comendador de la ciudad española de Sevilla, consigue matarlo escapando de la escena de la muerte junto a su criado Leporello. El prometido de Doña Ana, Don Octavio jura descubrir al asesino que a su vez es encontrado por Doña Elvira, una amante abandonada que lo buscaba desesperadamente y logra huir nuevamente dejando a la compungida dama en compañia de su criado, que enfrenta el desconsuelo y furia de la mujer despechada. Leporello no tiene mejor cosa que hacer que revelar la infinita cantidad de traiciones de Don Giovanni, proclamando el famoso católogo de sus conquistas en distintas ciudades europeas. A todo ésto, el bribón de Don Giovanni, que si bien es caballero no es más que un hombre cuya única razón de vivir es el circunstancial amor de una mujer, llega a sus dominios donde acostumbra a ofrecer fiestas que tienen por objeto encontrar cortesanas, damas de honor o campesinas que podrian ser seducidas por sus falsos encantos. Participa entonces de las celebraciones de la boda de Zerlina y Masseto, dos campesinos enamorados y se dedica a través de ardides y tretas a conquistar el corazon de la joven muchacha que invariablemente responde estar enamorada de quien seria su marido. Un grito de Zerlina, deja al descubierto los infames propósitos de Don Giovanni originando una nueva huida. Pero todos emprenden el camino de su búsqueda para castigar al disoluto personaje. Ello obliga a recurrir a innumerables engaños que llegan incluso hasta el cambio de roles con su criado Leporello que en el fondo odia a su empleador debido a su deleznable comportamiento. En ese encuentro, el criado pide a Don Giovanni cambie su manera de vivir a lo que éste responde con burlas. De pronto cobra vida la estatua del Comendador que exige lo mismo en un pasaje de enorme dramatismo a lo que caballero responde invitándolo a comer en su palacio. Tambien aparece Doña Elvira instándolo a similar conducta a lo que el burlador responde con arrogancia "vivan las mujeres y el buen vino, soportes de la gloria y de la humanidad" con lo cual indirectamente responde que no ha de cambiar en nada su forma de vida. Aparece nuevamente la terrible estatua del Comendador a la cual Don Giovanni reta a duelo pero al primer contacto de sus manos, el caballero cae fulminado y es consumido por las eternas llamas del infierno. El final es feliz para los que quedan, Zerlina y Masseto se casan, Don Octavio y Doña Ana acuerdan su unión, Doña Elvira se refugia en un convento y Leporello emprende viaje buscando un nuevo amo. Todo termina con la frase "La muerte de los pérfidos es siempre igual a su vida".

        El regisseur Eduardo Casullo resuelve las carencias de infraestructura aludidas antes, de la mejor manera posible y debe reconocerse con ilimitada imaginación respetando permanentemente la obra original. Se trata de una puesta estática pero el uso tecnológico de proyeccion de imágenes (computadora, construccion escénograficas digitalizadas, etc.) suple con creces la falta de decorados apropiados como los que se usan en el teatro cerrado. Veo como seria y altamente eficaz su labor de director de escena. Recuérdese que la ópera dura cerca de tres horas y en ningun momento decae la atencion por cambios escenograficos o por movimientos actorales de poca relevancia. Por el contrario, ese movimiento escénico cumple el doble rol de agilizar el texto y hacer más comprensiva la acción.

        Los solistas de parejo y buen nivel, aunque hay hechos para destacar. Fernando Grassi, artista inteligente, compuso un Don Giovanni irreprochable desde lo actoral. Penetró profundamente en el carácter de su personaje incluso dando a su color vocal el detalle del hombre inescrupuloso aunque no maléfico sino mas bien irresponsable como ocurre en su dúo con Zerlina "Lá ci darem la mano". Luciano Garay, mostró al Leporello subordinado a la vida impuesta por su empleador y entrega bien su aria "Madamina, il catálogo é questo". Mariela Schemper caracterizó una espléndida Doña Ana, afinada, segura, timbre claro, intensa y emotiva. Expresa su atormentado personaje con voz cristalina y noble. El dificil papel de Doña Elvira, la mujer abandonada aunque en el fondo aun enamorada de Don Giovanni en la voz de una excelente, Andrea Maragno que no solo se luce en sus agudos sino que recurre a la idea de una mujer melancólica y otoñal aunque fué tal vez muy dramática en "Mi tradi". El mediano caudal sonoro de Cristian de Marco hace un Masseto que a cambio exhibe un bagaje técnico que despierta inmediata simpatia en la ingenuidad del personaje. Laura Penchi, conocida, bien recordada y oportunamente aprobada por el público salteño hizo una encantadora Zerlina, la campesina enamorada de Masseto, comunicativa y musical, sobre todo en "Batti, batti o bel Masseto" donde está desconsolada y arrepentida. Para el final dos figuras realmente notables. El tenor Carlos Ullán que brilla en Don Octavio llegando a la cúspide en las dos bellas arias "Dalla sua pace" y "Il mio tesoro" mediante un hermoso timbre, y calidad técnica que le permiten llegar a la expresión casi romántica en las arias citadas y la estentórea voz de Ernesto Ramos que como si saliera del fondo de los tiempos, en el papel de la Estatua del Comendador asesinado por Don Giovanni, estremece con su imponente invocación final y muestra no solo bello y poderoso caudal sonoro sino el carácter aterrorizador del "Fantasma".

        La orquesta impecable, con un preciso acompañamiento y una obertura sin fallas. Como de costumbre la conducción del maestro Felipe Izcaray detallista hasta el extremo de ralentar cuando Leporello en el primer acto demoró un instante su texto. Una ópera exige un gran trabajo previo y en su presentación atrapa toda la atencion del director en lo relativo a entradas, intensidades, duración de los silencios, fraseo. Puwes todo ésto mostro el maestro Izcaray.

        El coro, si bien de poco trabajo, fue digno marco para las ocasiones requeridas, ademas de exhibir buena preparacion por parte de su directora Adela Altobelli.

        El programa de mano, por diseño y contenido, está a la altura de los programas que se entregan en los teatros de primera línea.

        Deliberadamente he dejado para el final un tema controvertido por parte de puristas y conocedores del género. Esto es, el sonido artificial. Para un lugar no previsto para espectáculos donde ese campo es uno de los elementos mas importantes, no hay mas remedio que recurrir obligadamente al micrófono, al elemento electro-acústico, a la consola mezcladora, al sistema de ecualización. En este aspecto, la labor del Ingeniero Pedro Alurralde no pudo haber sido mejor. En lo personal, por supuesto, prefiero largamente la voz natural, la orquesta sin ayuda artificial, pero en este caso éso es imposible en un recinto dispuesto para reunir entre doce y catorce mil personas para un espectáculo deportivo. Aqui estamos hablando de arte musical y ante la carencia de otro lugar en la ciudad, la disyuntiva es: se hace o no? Siempre opto por la primera, aún pagando el precio de un sonido no natural. En todo caso, lo mismo sucede con la grabacion de CD, DVD u otro artilugio que supere la imposibilidad de tener en nuestra ciudad orquestas sinfónicas del primer mundo musical por ejemplo. O sea, estas circunstancias permiten concesiones.

        Por todo ello, la conclusion no puede ser, al menos desde mi punto de vista, otra que laudatoria y merecedora del aplauso que un trabajo serio genera. En última instancia es Mozart que para las escenas finales escribe música terriblemente dramática y para las escenas intermedias, cuando la obra transita el espíritu de una comedia, la música es gloriosamente hermosa.

 


Escrito por José Mario Carrer
Desde Argentina
Fecha de publicación: Octubre de 2006
Artículo que vió la luz en la revista nº 1 de Sinfonía Virtual.
ISSN 1886-9505



 

 

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