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¿QUÉ PASA CON LA FORMACIÓN DE VIOLINISTAS Y VIOLAS EN ESPAÑA?

Juan Krakenberger
Violinista


(Nº 2, ENERO, 2007)


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REFLEXIÓN, CRÍTICA

ABSTRACT

Quiero empezar con unas cifras estadísticas relevantes, comparando la situación entre dos países, a saber España y Alemania, en cuanto a la formación de músicos profesionales: En Alemania hay ahora 135 orquestas sinfónicas, y 23 Conservatorios Superiores (Musikhochschulen) donde se han formado el 85% de los que tocan en aquellas orquestas.

Palabras clave: España, Educación, Cuerdas Altas, Violín


Quiero empezar con unas cifras estadísticas relevantes, comparando la situación entre dos países, a saber España y Alemania, en cuanto a la formación de músicos profesionales: En Alemania hay ahora 135 orquestas sinfónicas, y 23 Conservatorios Superiores (Musikhochschulen) donde se han formado el 85% de los que tocan en aquellas orquestas. En España hay 21 orquestas sinfónicas, y 21 Conservatorios Superiores (apenas dos menos que en Alemania) y allí solamente se han formado el 20% de los músicos integrantes de orquestas nacionales. El resto son extranjeros o españoles formados en el extranjero. Si además anotamos que son aproximadamente 13.000 alumnos que se forman en esos 21 Conservatorios Superiores Españoles, nos apercibimos de la enormidad del problema, y del monumental despilfarro de dinero público.

        Pero si estas cifras ya son malas, las correspondientes a cuerdas altas (violines y violas) son aún peores. Desde Mayo 2004 me carteo con el Ministerio de Educación, para ayudar a remediar esta penosa situación, de forma desinteresada. Transcribo a continuación el texto de mi última misiva, y desde ya informo al gentil lector, que solamente he recibido una respuesta anodina agradeciendo mi interés, pero sin tocar los aspectos puntuales – eminentemente técnicos, por supuesto – y no aceptando mis ofrecimientos de asistencia o asesoramiento. He aquí el texto, dirigido a un Director General del MEC:

        “Me refiero a la correspondencia que intercambiamos en Mayo de 2004, sobre la formación de músicos profesionales en España. Lo que me mueve a escribirle de nuevo es lo ocurrido con la flamante orquesta sinfónica de Valencia, de reciente creación, donde nuevamente el fatídico 20% de participación española – el resto extranjeros – ha seguido la norma general, pero agravado por el hecho que solamente un (sic!) violinista español figura en la plantilla. Ello confirma una vez más el miserable porcentaje de cuerdas altas españolas en las orquestas del país, que se mueve en torno a 2-3 %, como promedio. Y como lo de las cuerdas altas (violín/viola) es mi campo, y estoy en contacto, vía Internet, con muchos músicos del mundo, he sentido mucha vergüenza ajena por esta situación. No sé que es lo que Uds. sienten ante tal noticia; yo siento las consecuencias de una terrible impotencia, porque tengo la solución del problema pero no puedo luchar contra la inercia de la mediocridad existente. ¿Cómo es posible que yo solo, sin ayuda, haya formado más profesionales de talla, que todos los conservatorios juntos? ¿Es tolerable esto? Y le aseguro que no soy ningún genio – hago lo que se hace en el resto del mundo, nada más.

        Lo digo porque el problema y su solución están al alcance, pero nadie mueve un dedo – y el hecho ni siquiera provoca el escándalo que tal situación justificaría. Los Conservatorios Superiores no se inmutan. Solamente en Zaragoza las cosas van bien, y tengo entendido que allí enseñan maestros que no han hecho oposiciones, y que algunos trabajan a tiempo parcial, como se hace en otras partes de Europa. Hasta que no se implante la buena costumbre de utilizar los servicios de profesores que han hecho méritos artísticos en sus respectivas carreras, sin pasar por cribas burocráticas (debería escribir esta palabra con doble r), las cosas no han de mejorar. Ejemplo: El caso del violinista español Agustín León Ara, catedrático de violín durante muchos lustros en el extranjero, con logros reconocidos, que quería jubilarse en España y seguir trabajando en la enseñanza y que para ello tuvo que someterse a concurso: sacó 0.75 puntos más que una mediocre alumna – lo que demuestra a las claras que el contenido de estas oposiciones es tan obsoleto, que alguien que está al día no puede con ellas. (Yo me niego a hacer oposiciones – el sistema educativo se lo pierde...)

        Dije antes que la solución del problema está al alcance de la mano, y con resultados bastante rápidos. Y lo digo porque en este año y medio he investigado más las causas y sus efectos de la deficiente pedagogía en uso, y he tenido unas experiencias prácticas que ya no dejan duda sobre lo qué nos pasa. Y al conocer las causas, por supuesto también se presentan los remedios. Permítame hacer un poco de historia: hace unos 60 años (2ª guerra mundial) había en el mundo menos de diez famosos violinistas (Kreisler, Heifetz, Elman, Milstein, Menuhin, Szigeti, Francescatti son los nombres que más sonaron). Hoy hay entre 200 y 300 violinistas que tocan tan bien o mejor que éstos, debido al avance de la ciencia (fisiología y neurología), que ha influido en los procesos pedagógicos – un poco en línea con los resultados de atletismo de competición, cuyas marcas también siguen superándose. Llama además la atención que en aquel entonces, los famosos violinistas eran todos hombres, mientras que ahora son las mujeres que ganan la partida. El mero análisis de las causas de este fenómeno de la evolución de la mujer ya nos cuenta lo que pasa en España, donde estas incontrovertibles verdades no han llegado. Porque aquí seguimos igual que hace 60 años, seguramente debido al aislamiento histórico durante más de 40 años, por todos conocidos. Los conservatorios nacionales no han producido ni uno solo de esos/esas 200-300 violinistas, cuando es de sobra conocido que aquí hay talento a raudales.

        Repito una vez más: tengo la solución y estoy dispuesto a exponerla a Ud. o a quien Ud. crea conveniente. ¿Porque yo? Pues mire, Sr. Director, yo estoy al día con los últimos adelantos de la pedagogía de violín/viola porque leo y escribo cinco idiomas, y sigo de cerca a los medios de difusión que se ocupan del tema, cosa que por la notoria falta de conocimiento de idiomas que reina no permite al personal local enterarse mejor. (Dicho sea de paso, el cultivo del oído desde la niñez corregiría también este defecto – los idiomas deben de entrar por el oído).

        Señor Director: Tengo ahora 82 años de edad y no me queda mucho tiempo para continuar activo. La vida en España me sigue gustando – a pesar de todo – y siento la obligación de dejar algo útil al país que me acogió con tanta hospitalidad.

        Me pongo a su disposición para exponerle una solución sencilla, y económica, para la crisis de cuerdas altas en España, que a corto y medio plazo ha de garantizar una formación más acorde con los tiempos que corren.” (Fin de cita)

        Quiero explicar aún al amable lector, que la LOGSE – la ley de educación creada por el anterior gobierno del PSOE – se inspiró, en cuanto a la formación de músicos se refiere, en modelos europeos que tienen éxito en sus respectivos países. No sucedió lo mismo en España, por una sencilla razón: no había personal docente capaz de comprender esta nueva filosofía en la formación de músicos, y el viejo adagio de que “la letra con sangre entra” siguió como hace 60 años. Esto ya no funciona. Al contrario, la moderna pedagogía pone énfasis en la satisfacción del alumno a través de la producción de endorfinas, provocadas por vibraciones en simpatía. Por esto mismo, la solución que quiero dar al asunto es sencilla y barata: un curso de pedagogía moderna, que se podrá grabar en vídeo para su difusión a nivel nacional, para profesores de los principiantes, porque es solamente a temprana edad – 5-6 años – que un aprendizaje exitoso puede garantizarse para estos complicados instrumentos. De entre esos 200/300 violinistas/violas sobresalientes que menciono en mi carta al MEC no hay uno solo que no haya empezado su andadura más tarde. Violinistas sobresalientes que han empezado a tocar más tarde en su vida son una especie inexistente.

        En rigor, la situación que he descrito debería ser motivo de un escándalo, comparable con lo que leemos diariamente en los periódicos, sobre los tejemanejes urbanísticos. Pero cuando se trata de educación musical, nadie se atreve a emplearse a fondo – parece que es un asunto sin importancia. Y no se dan cuenta que la música es el vehículo ideal para aumentar la inteligencia, facilitar el aprendizaje de idiomas, inculcar la solidaridad, y tantas otras cualidades humanas que merecen una mejor atención. Y luego nos quejamos del fracaso escolar y del gamberrismo. Es la sociedad que es culpable de todo lo negativo que estamos viviendo. Y el abandono de la educación musical lo ilustra a las claras.


Escrito por Juan Krakenberger
Desde España
Fecha de publicación: Enero de 2007
Artículo que vió la luz en la revista nº 2 de Sinfonía Virtual.
ISSN 1886-9505



 

 

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