Su sexteto para cuerda titulado “Verklärte Nacht” (Noche transfigurada, 1899) es fundamentalmente tonal, aunque complejo y cromático:
En su Pélleas et Melissande (1902), el tema de Melissande aparece en una cuádruple imitación realizada por flautas y clarinetes, y simultáneamente por aumentación en dos violines solistas sonando a la octava superior.
A continuación se reproduce un fragmento significativo de la obra mencionada para una mejor comprensión y análisis de la misma:
Sus dos primeros cuartetos para cuerda (1905) y la primera sinfonía de cámara (1906) son muy significativos, puesto que Schönberg comienza a otorgar una mayor importancia al elemento cromático y la música se mantiene en perpetuo estado de modulación. Un breve fragmento de su primer cuarteto dará al lector una mayor información de lo expuesto aquí:
En su primera sinfonía de cámara se observan pasajes esencialmente basados en la vertiente contrapuntística, con un empleo más avanzado de la armonía cromática. La música sigue siendo tonal, aún teniendo en cuenta las reiteradas modulaciones:
En el segundo de sus cuartetos para cuerda, Schönberg escribe algunos pasajes que son casi imposibles de explicar desde una óptica tonal:
La creciente utilización de los elementos cromáticos condujeron de manera lógica a este austriaco transgresor hacia la paulatina disolución de la tonalidad.
IMPORTANTE: ESTE MAGNÍFICO ARTÍCULO POSEE UNA EXTENSIÓN DE 32 PÁGINAS, POR LO QUE HA SIDO DIVIDIDO EN 4 PARTES. ADEMÁS, TODAS ELLAS FORMAN SÓLO LA PRIMERA PARTE DE UNA SAGA TRIPARTITA DEDICADA EXCLUSIVAMENTE AL CONTRAPUNTO.
Artículo escrito por Pablo Ransanz.
Desde España
Fecha de publicación: Abril del 2007.
Artículo que vió la luz en la revista nº 0003 de Sinfonía Virtual.