PITÁGORAS DE SAMOS Y LA MÚSICA COMO PERFECCIÓN. EL UNIVERSO EXPLICADO COMO ARMONÍA.
Daniel Martín Sáez
“En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro y el mundo no es sino música hecha realidad”
Schopenhauer (Filósofo)
La mayoría de las veces, un lector despistado -un mal lector- tiene la impresión de que los filósofos no han tratado el problema de la música con suficiente detenimiento. Incluso lo daría por un hecho justificado y razonable a tenor de la facilidad con que encontramos problemas más urgentes o cuya perspectiva parece ser más importante. Sin embargo, si nos acercamos a la obra de filósofos como Pitágoras, Platón o Aristóteles, no podemos sino abandonar la impresión inicial y reconocer el papel central que la música juega en sus obras.
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Pitágoras de Samos |
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En la modernidad tenemos otros ejemplos. Schopenhauer, Nietzsche y Adorno, por no hablar de la ingente cantidad de teóricos románticos, dedicaron en sus escritos un importante papel a la música. También para comprenderlos a ellos resulta trascendental, como momento previo, abordar de las raíces del pensamiento occidental sobre la música y reconocer la sorprendente acogida que se le ha dado en la Historia del Pensamiento. Nos ceñiremos a Pitágoras por ser el primero en dotarnos de una teoría filosófica sobre la música. Nuestra finalidad será explicar la concepción de la música que tenían los pitagóricos (entendidos como una secta que atribuía sin distinción a Pitágoras todos los descubrimientos de la escuela) y cómo llegaron a ella. Todo ello, situado en el contexto histórico y filosófico concerniente. Si comprendemos su doctrina, pronto nos será más sencillo entender el planteamiento de la filosofía, por parte Platón, como "la música más excelsa"; pero sobre todo nos percataremos del gran valor que todavía hoy tienen las reflexiones antiguas sobre el papel de la música en la educación, el ocio, el placer e, incluso, en el conocimiento.
Pitágoras pertenece al círculo de los llamados Presocráticos, cuyas doctrinas nos fueron legadas de forma incompleta y ambigua. La mayoría de sus escritos fueron perdidos en tiempos pretéritos y los pocos testimonios de que disponemos forman parte de una tradición doxográfica reducida (Diógenes Laercio del siglo III d. De J.C. -Vida de los más ilustres filósofos griegos- es quizá el mejor ejemplo de ello). Ello no evita que podamos destacar, aunque sea de forma sumaria, una serie de acontecimientos característicos e importantes a la hora de afrontar un tema tan antiguo y escabroso. En primer lugar, hay que destacar de forma rigurosa el mal llamado paso del mito al lógos. Con él se intenta mentar el paso de una concepción religiosa, desde la cual todo acontecimiento es explicado de forma fabulosa, mítica, a otra concepción en la cual, fuera de alejarse de creencias religiosas, los acontecimientos de la vida y de la naturaleza serán explicados no obstante, de forma intencionada y consciente, mediante la razón. Pasamos así de una lógica de la invención a una lógica del descubrimiento, pero debemos matizar en que consiste este paso. En realidad, la metáfora del paso del mito al logos debe ser comprendida como una cuestión de énfasis: los filósofos hacen hincapié en que sus razonamientos no pertenecen al pasado homérico, al que sin embargo respetan y del que reconocen su influencia. El problema fundamental de esta metáfora es que podría dar lugar a equívocos, haciéndonos pensar que no hay nada de mito (invención) en la razón (descubrimiento), ni nada de la razón (descubrimiento) en el mito (invención). Esto es simplemente imposible, incluso en nuestros propios días (pensemos, por ejemplo, en las nociones de "progreso" y "democracia"), pero lo es más aún en el pensamiento griego, donde las cuestiones religiosas siguen teniendo un papel importante. A pesar de todo, la metáfora no es gratuita y podemos aceptarla como lo que es, una metáfora orientativa para compernder el hecho, innegable por otra parte, del nacimiento del pensamiento "científico" y "filosófico" frente al puramente religioso y basando en la simple creencia. Será así como aparezcan los primeros físicos y, pronto, la filosofía, enraizada en el intelectualismo socrático. Como es sabido, este paso habría sido iniciado por Tales de Mileto y diligentemente seguido por Pitágoras.
Pitágoras es sin duda el más importante filósofo matemático de la Historia. Nacido en la isla de Samos, en la época del gran tirano Polycrates (¿-522 a. De J.C.) pronto se trasladaría a Crotona (estando en desacuerdo con el gobierno tiránico vigente en su isla natal) donde fundará su escuela religioso-matemática (a forma de secta), de la cual sus discípulos hacen llamarse pitagóricos. Las matemáticas, como es evidente, tienen un lugar fundamental en toda nuestra tradición (desde Platón a Galileo llegando al siglo XX), empapando el resto de las ciencias y erigiéndose -sobre todo en la modernidad- como modelo de "descubrimientos" evidentes e irrefutables. Ninguna ciencia puede presumir como las matemáticas de haber evolucionado tanto ni de forma tan constante. La importancia de Pitágoras, en este sentido, es trascendental, por cuanto sería considerado, al probar por primera vez un teorema, el primer matemático de la Historia. Por supuesto, las matemáticas existían antes. El mismo llamado "teorema de Pitágoras" ya era utilizado anteriormente por los egipcios. La revolución acaecida con él, sin embargo, consiste en dar valor a esos conocimientos por sí mismos y no, como era en Egipto (y en realidad en el resto del mundo), por su utilidad práctica: donde Pitágoras ve un teorema con valor propio, el egipcio sólo veía un modo de resolver los problemas a los que se enfrentaba para solucionar los desbordamientos del rio Nilo. No en vano, Aristóteles daría pronto cabida a la noción de "descubrimiento" -impensable en cualquier otra región- y planteaba, siguiendo a Parménides, los inicios de la lógica (con la cual no se trata de pensar, sino de saber cómo pensamos). En otras palabras: se trata del inicio de nuestra concepción científica actual; el conocimiento frente a la utilidad.
Tal y como afirma Bertrand Russell sobre Pitágoras:
[Pitágoras] fundó una religión cuyos dogmas principales eran la transmigración de las almas y que el comer alubias era un pecado. Su religión se incorporó en una orden religiosa, que en algunos lugares adquirió el control del Estado, y estableció una regla de los santos (...) fueron admitidos hombres y mujeres en igualdad de condiciones; la propiedad era común (...) los descubrimientos (...) fueron considerados colectivos (...) atribuidos a Pitágoras aun después de su muerte (RUSSELL, B. 2005)
Con estas breves líneas, el filósofo inglés nos ha mostrado ya algunas de las características principales del pitagorismo, y en ellas podemos observar cómo el pensamiento puramente racional estuvo ligado en sus inicios a fuertes creencias religiosas. Pero vayamos al tema que nos interesa.
Pitágoras es algo así como un "idealista", no sólo en el campo de la religión sino también en el de la separación entre lo conocido mediante los sentidos (que nos engañan) y lo conocido mediante el intelecto (que nos lleva a la verdad). Idea que pronto adoptarán Platón y sus secuaces, iniciando una larga tradición que podemos rastrear desde San Agustín y Descartes en su lucha contra los sentidos. De este modo, aparece una de las primeras manifestaciones filosóficas de devaluación de los sentidos como fuente de conocimiento, estando en su lugar el intelecto. En buena medida, es aquí donde entran en juego las matemáticas y la música.
Los pitagóricos, ante el hecho de que algunos entes reales (para ellos, todos) podían ser explicadas con principios matemáticos, llegaron a la conclusión de que las matemáticas son la verdadera representación de la realidad, lo perfecto (siendo esta perfección cognoscible solo mediante el intelecto). De ahí que afirmasen que “todas las cosas eran números”, y, una vez tomado esto como premisa, que los números, las operaciones aritméticas, tienen una gran importancia en la música. De ahí surgirá la utilización del término armonía en las matemáticas y, por ende, en la definición del estado del mundo. El término armonía debe ser entendido como formación de una escala y, sobre todo, como orden, no como lo que conocemos actualmente, pues la música en Grecia era aún melódica. Aristóteles explica muy acertadamente estas ideas en el siguiente fragmento:
En tiempo de estos filósofos y antes que ellos, los llamados pitagóricos se dedicaron por de pronto a las matemáticas, e hicieron progresar esta ciencia. Embebidos en este estudio, creyeron que los principios de las matemáticas eran los principios de todos los seres. Los números son por su naturaleza anteriores a las cosas, y los pitagóricos creían percibir en los números más bien que en el fuego, la tierra y el agua, una multitud de analogías con lo que existe y lo que se produce. Tal combinación de números, por ejemplo, les parecía ser la justicia, tal otra el alma y la inteligencia, tal otra la oportunidad; y así, poco más o menos, hacían con todo lo demás; por último, veían en los números las combinaciones de la música y sus acordes. Pareciéndoles que estaban formadas todas las cosas a semejanza de los números, y siendo por otra parte los números anteriores a todas las cosas, creyeron que los elementos de los números son los elementos de todos los seres, y que el cielo en su conjunto es una armonía y un número. Todas las concordancias que podían descubrir en los números y en la música, junto con los fenómenos del cielo y sus partes y con el orden del Universo, las reunían, y de esta manera formaban un sistema.
(Aristóteles, Metafísica, capítulo 5, libro I) |
Como indica Bernabé “se le atribuye a Pitágoras el descubrimiento de los intervalos musicales regulares; esto es, la comprobación del hecho de que las escalas se componían a base de dividir la cuerda en las proporciones 1:2, 3:2, 4:3.”. Y aun hay más. Una de las fuentes de conocimiento de nuestro autor relata lo siguiente: “Pitágoras, según dice Jenócrates [396-314 a. De J.C.], descubrió que los intervalos en música no pueden originarse sin el número, ya que consisten en la combinación de una cantidad con otra. Así que examinó a qué se debía el que los intervalos fueran concordantes o discordantes y, en general, el origen de todo lo armónico y lo inarmónico” (Berbabé 2002).
Recordando la idea de la transmigración de las almas antes citada, queda como conclusión una especie de eterno retorno. La historia se repite. Todo permanece de algún modo, como los números, de forma perfecta, armónica. ¿Qué es esto sino armonía, entendida como “conveniente proporción y correspondencia de unas cosas con otras” (RAE) ?. De ahí que llamaran cosmos (orden) al universo y buscaran una verdad inteligible (mediante las matemáticas).
Por otra parte, y esto nos sirve de ayuda para la explicación posterior, destaca la idea de la purificación del alma (kátharsis). La música era considerada por Pitágoras, de forma muy acertada, como un algo eterno mediante lo cual se consigue la purificación de lo que llaman alma. Otra fuente nos lo ratifica: “purificaban su cuerpo por medio de la medicina y su alma por medio de la música” (esta frase será repetida por Platón: “La música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo”). Además, los pitagóricos, como buenos filósofos, consideraban la contemplación como uno de los requisitos fundamentales de su doctrina y de la vida del filósofo, del que quiere saber, purificarse, ser feliz. Una de las anécdotas más conocidas es la siguiente: “Decía que la vida se parece a quienes se congregan con ocasión de unos juegos: unos acuden para competir; otros, por el comercio, pero los mejores, como espectadores”. Esos espectadores son los que visualizan, los que tocan, pero también, y sobre todo, los que escuchan.
Ergo llegamos a dos conclusiones claras: la música es importante como medio de contemplación (y, por tanto, de conocimiento inteligible) y como medio de purificación espiritual. Lógicamente, dentro de esta purificación espiritual no se excluyen temas menos importantes, tales como el desahogo de malestares psíquicos o el apaciguamiento interior efímero.
Para ir terminando esta somera explicación, resulta imprescindible recordar, aunque sea brevemente, la teoría pitagórica sobre la armonía producida por los planetas al moverse, esto es: la armonía o música de las esferas. Esta teoría postulaba que el universo, como si de un instrumento se tratase, a través del movimiento de las esferas producía una serie de sonidos. Esto es, las esferas, al moverse, producirían una serie de sonidos, los cuales no serían perceptibles por el hombre por haberse acostumbrado éstos a ellos con el paso de los años. |

Noche estrellada - Van Gogh |
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Cada uno de los sonidos producidos vendría diferenciado según la posición de la esfera correspondiente y su movimiento. Así, según las proporciones aritméticas de sus órbitas alrededor de la tierra, se producía un tono u otro, de modo que al sonar todas al mismo tiempo componían una armonía perfecta. Esta teoría no solo fue discutida por los pitagóricos sino que ha sido cuestionada desde entonces hasta nuestros días. Además, esta teoría les sirvió a los pitagóricos para argumentar a favor de las matemáticas y de que “todo son números”, hasta el punto de que la música suponía un paso imprescindible sobre el cual se sustentaba toda teoría cosmológica, antropológica y ética de los pitagóricos. La música, por así decirlo, resultó ser el diamante de los pitagóricos. Las proporciones musicales parecían dar sentido a toda su doctrina al confirmar la existencia de las proporciones "armónicas".
Finalmente, hay que destacar la idea de que el movimiento pitagórico formará parte importante de las nuevas doctrinas (la platónica y aristotélica por ejemplo) pues atraparon conceptos irrefutables tales como algunos de los matemáticos o los que admiten la idea de la purificación o el paso a lo inteligente que se produce escuchando, creando o interpretando música. De hecho, podemos rastrear la influencia de la doctrina pitagórica hasta el siglo XX (Hindemith), pasando por la Edad Media (Boecio) y la Ilustración (Rameau), por poner sólo algunos ejemplos. Otros autores, ya sean literatos, pintores o arquitectos, confirmarán estos ideales. Veamos algunas frases como ejemplos del alcance y la influencia de la doctrina pitagórica:
“Cuando no me ve nadie, como ahora, gusto de imaginar a veces si no será la música la única respuesta posible para algunas preguntas” (Buero Vallejo –resalta la relación de la música con el conocimiento).
“Desde que el hombre existe ha habido música. Pero también los animales, los átomos y las estrellas hacen música.” (Karlheinz Stockhausen –afirma la eternidad de la música y la armonía de las esferas).
“El pensamiento, cuanto más puro, tiene su número, su medida, su música.” (Zambrano, M. –estima al pensamiento como medida armónica).
BIBLIOGRAFÍA:
- RUSSELL, B. Historia de la Filosofía, Gredos, Madrid: 2005
- BERNABÉ, A. De Tales a Demócrito, Alianza, Madrid: 2002.
- ARISTÓTELES. Metafísica, Gedos, Madrid: 2002.
Artículo escrito por Daniel Martín Sáez
Desde España
Fecha de publicación: Abril del 2007.
Artículo que vió la luz en la revista nº 0003 de Sinfonía Virtual.