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JALONES DEL NACIONALISMO MUSICAL RUSO

Alfredo Canedo
Bibliotecario

(Nº 4, JULIO, 2007)


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RESUMEN

Una de las fuerzas motrices del nacionalismo ruso, el descubrimiento de valores del pasado histórico, y, consecuentemente, el cultivo en la música de armonías, melodías y ritmos folklóricos; siendo el primer apóstol de esta música relacionada muy estrechamente con motivos regionales Alexander Serov, entusiasta adicto a Richard Wagner y a los módulos de la ‘grand’ ópera de Giacomo Meyerbeer. Pero habían de transcurrir algunos pocos años antes de que la aristocracia compartiera los gustos musicales del ‘populacho’ y, asimismo, comprendiera que puede haber ‘verdades nacionales’ en la música.

Palabras clave: Rusia, Nacionalismo, Los Cinco



Una de las fuerzas motrices del nacionalismo ruso, el descubrimiento de valores del pasado histórico, y, consecuentemente, el cultivo en la música de armonías, melodías y ritmos folklóricos; siendo el primer apóstol de esta música relacionada muy estrechamente con motivos regionales Alexander Serov, entusiasta adicto a Richard Wagner y a los módulos de la ‘grand’ ópera de Giacomo Meyerbeer. Pero habían de transcurrir algunos pocos años antes de que la aristocracia compartiera los gustos musicales del ‘populacho’ y, asimismo, comprendiera que puede haber ‘verdades nacionales’ en la música.

        Música en tiempo de los zares ceñida a fértiles ideas e ideales de la cultura vernácula, a paisajes exóticos, a especifidades aldeanas, a autoestimaciones étnicas y a modas populares establecidas por la literatura. También podría llamársela descriptiva o narrativa de episodios característicos y estados emocionales o bien transmutadora de ‘poesías del paisaje’ en pinturas sonoras. Y si bien definirla es una tarea un tanto difícil nunca está demás la advertencia de Christoph von Gluck en un periódico parisiense:“la música de puro sentido solidario con el suelo patrio no era menor a la de los varios géneros bellísimos de la música internacional”. (1) Premisa localista del compositor alemán que bajo ningún concepto hubo de impedirle de reconocer a la música de grados y timbres universales sumida a otras esferas culturales de lenguaje y patrimonio nacionales.

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Hubo de esperarse hasta entrado el siglo XIX los primeros atisbos de la música rusa radiante del espíritu y la idiosincrasia eslavas como de sentimientos patrióticos a causa de las guerras napoleónicas. De entre uno de los eficaces propulsores de que la música nacional ganara terreno en ámbitos privados de la nobleza y en las elites de melómanos e intelectuales ha sido Mijail Ivanovich Glinka. Sus óperas, hasta cierto punto de estilo italiano, desde los albores del siglo consideradas dignas del verdadero estilo nacional ruso. Detalle plenamente revelado en los acentos y colores líricos de ‘La vida por el Zar’, estrenada en el Teatro de la Opera Imperial de San Petersburgo el 9 de diciembre de 1836, una suerte de glosario sobre el relato de Georgy Fedorovitch Rosen, en ‘Russlan y Ludmila’, el 9 de diciembre de 1842 en esa misma sala, tomada del cuento de Alexander Pushkin, y en sus obras orquestales ‘El Príncipe Kholmsky’, ‘Kamarinsky’ como así en los valses fantásticos, las cantatas y cuarenta danzas para piano.

         Leal hermano de armas de Glinka fue Alexksandr Sergeievich Dargomijsky, desatacado en la creación de genuino sentimiento ruso ya en los coros de campesinos como en impetuosos y vehemente recitativos. Y en ese sentido, puso en cada tema o en cada motivo melodías sonoras a las dramáticas leyendas de Pushkin en ‘Russalka’, representada en San Petersburgo el 16 de mayo de 1856, y a los recitativos de ‘Convidado de Piedra’, en la misma ciudad el 28 de enero de 1872, asimismo en las genuinas notas de ‘Danza pequeño-rusa de cosacos’.

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La tendencia al estilo melódico y rítmico de la música folklórica rusa tuvo más amplio despliegue en la siguiente generación de jóvenes compositores de óperas y piezas orquestales, congregados en San Petersburgo bajo una curiosa constelación de nombres como ‘Escuela de los neo-rusos’ o ‘Los Innovadores’ o ‘La banda invencible’ o, sencillamente, ‘Los Cinco’.


BORODIN

Miembro destacado de la escuela nacionalista Alexander Porfirevich Borodín, cuya ópera de escenas corales y pujantes motivos nacionales ‘El Príncipe Igor’, basada en asuntos palaciegos y campestres de ‘Relato de la campaña de Igor’ monumento literario de Vladimir Vassilievitch Stassov, exitosamente celebrada el 4 de noviembre de 1890 en el Teatro de la Opera Imperial de San Petersburgo. Esbozos folklóricos en populares tonos melódicos también en sus tres sinfonías (en mi bemol mayor, si menor y si mayor, esta última terminada por Alexander Konstantinovitch Glazunov), en algunas obras de música de cámara como en el poema sinfónico ‘En las estepas del Asia central’. Solía decir con cierto orgullo nacional “en música nos bastamos a nosotros mismos” (2) como si dando a entender el simple expediente de ajustar la música solamente a los oídos rusos. En redondo, ansiaba un tipo de música autoestimativa, étnica-racial y totalmente envuelta en temas rusos, por tanto, independiente de los modelos accidentales.


RIMSKY - KORSAKOV

El estilo nacionalista no variaría con el famoso y a la vez consumado representante de la música rusa Andrey Nikokaievitch Rimsky-Korsakov. Ha sido el más joven, fecundo e influyente de los ‘CINCO’; tan exactamente complicado en el grupo que no sin humor escribió en su autobiografía “actuaba de líder o capitán de la tropa”. (3)

        En los coloridos brillantes y luminosos de su música no vagaban las sombras lúgubres y funestas de las tragedias, tampoco grandes mitos rusos sino las melodías folklóricas, las calidades tonales colmadas de profundo sentimiento y naturalidad, además de las fuerzas eternas y misteriosas del alma rusa. El centro de su producción musical las obras escénicas ‘Copo de nieve’ y ‘Sadko de Novgorod’, en las cuales se mostró muy felizmente como continuador de Glinka en el dominio de la ópera nacional rusa. Pero su mayor mérito haber escrito en 1865, al lado de varios poemas sinfónicos (‘Antar’, ‘Sadko’ y ‘Scheherezada’), la primera sinfonía rusa, ‘Op. I’, de grandes coloridos y proporciones orquestales.


MUSSORGSKI

El más original del grupo, Modest Petrovitch Mussorgsky, atraído al realismo ruso, fuera serio o burlesco. En su ópera ‘El matrimonio’, sobre la novela de Nikolai Vassillevitch Gogol, muéstrase al desnudo no los personajes ideales sino las gentes de pueblo; en ‘Khovanchina’, libreto de Vassilievitch Stassov, las luchas militares de la antigua Rusia contra el joven zar Pedro, y en la historia musical de ‘Boris Godunov’, argumento tomado de la obra de Pushkin, el drama popular tal vez comparable a los dramas históricos de William Shakespeare. En una carta dirigida el 25 de diciembre de 1876 a Stassov, Mussorgski da cuenta del principio seguido en la composición:

Sabe usted que antes de ‘Boris’ yo ponía todo el énfasis en las escenas populares. Por el contrario, la intención que ahora me anima se vuelve hacia la melodía que participa de la vida, no hacia la melodía clásica. Exploro el discurso humano, y llego así a la melodía creada por este tipo de discurso, a la encarnación del recitativo en la melodía. Cabría decir que se trata de una melodía justificada por el sentido nacional del pueblo ruso. Esta clase de trabajo supone un goce para mi; de pronto, e inesperadamente, suena algo que se opone a la amada melodía clásica y que, no obstante, todo el mundo comprenderá de inmediato. Si alcanzara esta meta consideraría haber logrado una conquista artística. (4)

        Su credo derivado de la música no en sí misma sino como arte de comunicación con las pasiones y sentimientos del pueblo ruso.

BALAKIREV

Más por sus convicciones nacionalistas que estéticas, Mili Alekseyevick Balakierev, compositor de música preferentemente campesina, plasmó las canciones y marchas populares rusas en la fantasía para piano ‘Islamey’ y en el poema sinfónico ‘Thamar’.

        Prefería la música inclinada hacia la naturaleza pasiva y al cuento de pasiones activas, tan caro a los rusos.

        Fundó en San Petersburgo la Escuela Libre de Música, institución contribuidora en mucho a la propagación de la doctrina del nacionalismo como a cierto misticismo religioso. Así y todo, siguió muy de cerca los pasos de la música occidental, sobre todo de las oberturas españolas puestas por él en tonadas rusas. Al caso, sus poemas sinfónicos ‘Russia’ y ‘Ludmilla’, según la forma de hacer de Franz Liszt, aunque con una fuerza inventiva y de instrumentación mucho más elementales.


CUI

Miembro de los ‘Cinco’, al mismo tiempo de la agrupación de músicos rurales ‘Kutchka’, César Antonovitch Cui, cuyas óperas ‘Cautiva en el Cáucaso’ y ‘Una fiesta en la época de la plaga’, además de numerosas canciones y piezas para piano y cuerdas inspiradas en novelas y poesías de Pushkin, Mikhall Yurevitch Lermontov y Nikolai Alexeievitch Nekrassov. Obras sin formas foráneas sino con acentuados rasgos verdaderamente folklóricos e interesantes matices exótico. Música de Cui preñada de melodías, simplemente rusa o, dicho con otras palabras, presentada al mundo a modo de un ‘pedazo de Rusia’


NOTAS:

(1) Láng, Paul Henry. ‘Aspectos periféricos de la música del siglo XIX’.

(2) Einstein, Alfred. ‘El universalismo en la música nacional’.

(3) Rimsky Korsakov, A. N. ‘Mi vida musical’.

(4) Einstein, Alfred. ‘El nacionalismo musical’.



Escrito por Alfredo Canedo
Desde España
Fecha de publicación: Julio de 2007
Artículo que vió la luz en la revista nº 4 de Sinfonía Virtual.
ISSN 1886-9505



 

 

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