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IDEAS MUSICALES DE RIMSKY-KORSAKOV
Alfredo Canedo

    El camino al estilo melódico y rítmico de la música folklórica rusa seguido por Mikhail Ivanovitch Glinka con su ópera ‘Russlan y Ludmila’ y ‘Romanzas rusas’ fue continuado más tarde por Alexander Sergeievitch Dargomishsky en ‘El convidado de Piedra’ y ‘Danza pequeño rusa de cosacos’ y luego en línea directa por Nikolai Rimsky – Korsakov con sus numerosas composiciones orquestales, canciones para piano, cuerdas, viento, algunas obras de música de cámara y colecciones de arreglos folklóricos.

    Rimsky – Korsakov narra en ‘Mis experiencias musicales’ que cuando adolescente en horas libres compartía lecturas en cuentos y novelas de Alexander Pushkin con la música religiosa que solía oír en la ‘Iglesia Ortodoxa’ de su ciudad natal, Novgorod, y que a menudo participaba de las veladas musicales en residencias urbanas y posiciones rurales de la nobleza rusa. 

    Apenas con veintidós años de edad, enrolado por entonces como oficial de Marina y luego funcionario civil de un regimiento de guarida, escribió los poemas sinfónicos de colorido folklórico ‘Antar’ y ‘Sadko de Novgorod’. Y una vez completada su formación musical mediante rigurosos estudios de composición y dirección fue designado profesor del ‘Conservatorio Nacional’ y director de la ‘Orquesta de San Petersburgo’.  Aunque con humildad admitió que al momento de haber recibido el título de docente del ‘Conservatorio’ nunca había escrito un contrapunto ni había oído hablar de la existencia del acorde del 6/4, siendo solo su habilidad la repetición lineal o ‘secuencial’  de la primitiva técnica de la variación.  Pero así y todo le cabe el mérito de haber compuesto por ese entonces la primera sinfonía rusa de grandes proporciones ‘Opues. 1’ en ‘bi menor’, poco más tarde, la segunda en ‘mi bemol’ y las óperas ‘La novia del Zar’ y ‘La leyenda del Zar Saltán’, ambas con libreto de Vassily  Ivanovitch Bielsky sobre dos cuentos de Pushkin. 

    Perteneció al nacionalismo musical ruso por el empleo profuso de elementos folklóricos. Elocuente ejemplo la embriaguez arrolladora del mundo fantástico eslavo, el poderoso impulso dramático, la fuerza rítmica y el vívido sentido del color paisajista en sus óperas

‘Iván el Terrible’, llamada también ‘La Pskovitianka’ o ‘La doncella de Pskof’, ‘La doncella de nieve’ escritas entre 1872 y 1881, y ‘El gallo de oro’, basada en un cuento de hadas de Pushkin, representada en Moscú el 7 de octubre de 1909, pocos días después de su fallecimiento.

    Pero donde sus convicciones estéticas y musicales han sido más amplias y ricamente fecundas en ‘La gran pascua rusa’, ‘Opus 36’, tercera obra compuesta entre 1887 y 1888. Lo descriptivo en esta pieza, varios cantos religiosos del Oficio de Pascua, la evocación a la profecía de Isaías, el dogma cristiano de la Resurrección y  el tema ‘Dios resucitará’, mientras los sombríos colores del ‘Andante’ parecen representar el Santo Sepulcro y los del ‘Allegro’ la alegría caracterizada en las ceremonias ortodoxas.

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    La música oriental es melódica y usualmente no ajustada a un sistema uniforme de compases, ritmos y tiempos. Ninguna escuela de composición europea sometida más a la influencia de la música oriental que la rusa. Uno de los biógrafos de Mily Alexeievich Balakierev (1) reconoce que la sinfonía ‘Tamara’, escrita en 1867, reemprendida en 1876 y terminada en 1882,fue la primera composición rusa con arabescas melodías propiamente orientales.

    Rimsky – Korsakov retornará al orientalismo embrujador casi como ‘leit-motiv’ en la estimada y valiosa ‘Scheherezada’. Suite sinfónica inspirada en las hermosas fábulas, si bien no tomadas al pie de la letra, de ‘Las mil y una noche’ como ‘El mar y el barco de Simbad’, ‘Los cuentos del príncipe Kalender’, ‘El joven príncipe y la princesa’, ‘La fiesta de Bagdad’ y ‘El naufragio del barco sobre la roca’. Fascinante y ornamentada composición, casi con exceso, que, por sí sola, a Rimsky - Korsakov le ha asegurado la inmortalidad. El clima es de misterio y sensualidad, algo satírico, los enigmas, las maravillosas páginas líricas, las melodías en un ‘Allegro ma agitato’  y los cautivantes coloridos musicales en sonidos de tres flautas, una de ellas ‘piccolo’, dos oboes, dos clarinetes, dos fagots, cuatro trompas, dos trompetas, tres trombones, una tuba, timbales, batería, bombo, tambor, pandereta y arpa.  Mundo fantástico, centellante, fosforescente, a menudo sensualmente opulento, por el músico explicado en ‘Crónicas de mi vida musical:

    
Es inútil que se busque en la suite leimotivs ligados a la idea poética a tal o tal imagen. Por el contrario, en la mayor parte de los caos, estas semblanzas de leimotivs solo son materiales puramente musicales, motivos del desarrollo sinfónico. Estos motivos orientales        pasan y se derraman a través de todas las partes de la obra, continuándose y enlazándose. Cada vez aparecen bajo una luz diferente, dibujando cada vez distintos rasgos y expresando diferentes situaciones, que corresponde a imágenes y cuadros distintos


    Otro tanto puede decirse de la simpatía de compositores nacionalistas rusos a la música española basada en temas populares. Glinka ya había dado muestras de ese atractivo con sus sinfonías ‘Jota aragonesa’ y ‘Noche en Madrid’, ambas escritas durante su permanencia en Madrid entre 1845 y 1847, otro tanto, con la ‘Obertura sobre temas españoles’, evocativa a la vida de pastores en las llanuras castellanas, y la sinfonía ‘La expulsión de los moros de España’ donde los instrumentos de madera y el órgano, según las indicaciones del autor, imitativos por momentos el canto de los monjes de la Inquisición.                        
              
    Al lado de ese círculo de compositores, Rimsky – Korsakov con  ‘Capricho español’, pieza breve de estilo humorístico o caprichoso. Arte del color, semejanzas más cercanas a la belleza, emoción libre de detalles, animaciones al estilo de fugas pero sin llegar a verdaderas fugas, brillantes partes de solos para la mayoría de los instrumentos y para los bronces en grupo; cualidades todas a modo de resumen de la música folklórica española.  Fue compuesta como una pieza de exhibición, concluida en julio de 1887 y ejecutada en agosto del mismo año por la ‘Orquesta de San Petersburgo’.

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    Tras la Revolución de Octubre de 1918 por medio de reglamentaciones severísimas había de transformarse la música y ciertos textos operísticos de acuerdo con los nuevos ideales políticos de la Unión Soviética.  Bajo el auspicio oficial se creó Los compositoresproletarios’, ‘La Casa Editora de la Música Comunista’ y la ‘Academia de Música Rusa’ con la finalidad no solo de difundir la música admitida por la burocracia moscovita también de llevar cabo una suerte de ‘purga’ en las composiciones musicales supuestamente antirrevolucionarias. Y a resultas de esa ‘selección’  no pocas obras de Rimsky – Korsakov  pasaban a engrosar el cúmulo de las ‘sospechadas’ o lisa y llanamente ‘prohibidas’, sumadas a algunas que otras de Glinka y Modest Mussorgsky, quien no obstante hubo de permanecer como director del ‘Conservatorio de Moscú’ hasta 1937.

    Sea por lo que fuere, durante décadas la obra de Rimsky – Korsakov si no en gran parte olvidada al menos sin la merecida fortuna en ámbitos de melómanos y críticos. Pero no menos cierto también que en los últimos tiempos ha habido un justificadísimo reconocimiento a sus dotes musicales tanto de timbres nacionales como de gustos universales.   
   

 

 


Escrito por Alfredo Canedo
Desde España
Fecha de publicación: Abril del 2008.
Artículo que vió la luz en la revista nº 0007 de Sinfonía Virtual


 

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