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ALEGATO POR LA CORDURA
Juan Krakenberger

 

Mucho hemos leído y oído hablar, en los últimos meses, sobre el estado de la educación en España, al iniciarse otro nuevo curso y por los resultados bastante pobres de la encuesta PISA. Pero en todas estas discusiones nadie ha hablado sobre los resultados de una rama del sistema educativo, el de la formación de futuros profesionales en el campo de la música, que funciona aún mucho peor, seguramente porque esto interesa poco. ¡Craso error! Existen estudios que confirman que en matemáticas y otras ciencias, son precisamente aquellos que estudian un instrumento musical los que más se distinguen, y hace un mes, aproximadamente, salió en la prensa escrita un ejemplo local que confirma lo mismo.

No cabe duda que aprender a tocar un instrumento musical no es fácil, pero está demostrado que enriquece la vida del que lo hace. Yo me he de concentrar sobre las cuerdas altas – violín y viola – porque entre todos los instrumentos son los más problemáticos debido a una circunstancia muy particular: son los únicos instrumentos que solamente se llegan a dominar completamente si el alumno se inicia con ellos a una temprana edad, y a más tardar a los 5-6 años, o antes si fuera posible. No existen violinistas o violistas famosos/as que no hayan empezado su andadura a esas edades. Por algún motivo será, y trataré más adelante de explicarlo. La situación de las cuerdas altas en España, en la actualidad, sigue siendo mala, por no decir desastrosa. En el pasado hubo violinistas españoles de fama mundial: Sarasate, Monasterio,  Manén, Quiroga – en tiempos en que aún no había una pedagogía basada en bases científicas (fisiología, neurología, psicología, etc) como hoy – y hubo entonces en el mundo pocos instrumentistas famosos: una docena, más o menos, y España estaba bien representada. Hoy hay centenas de jóvenes en el mundo, que tocan tan bien o mejor que aquellas luminarias, pero instrumentistas formados en España por las instituciones encargadas para ello no figuran entre ellos. ¿Qué ha pasado? Si aquello fue una demostración inequívoca que aquí tenemos talento para competir con los mejores del mundo, ¿porqué esto ha cambiado?

No solamente ha cambiado, ha empeorado de forma notable. Veamos: hace unos 30 años, las orquestas sinfónicas españolas aún tenían que reclutar instrumentistas de cuerda alta en el extranjero, como por ejemplo, en Estados Unidos. Esto ya no se hace, debido a la formación de la Unión Europea y sus reglas para el espacio europeo, pero orquestas españolas siguen publicando convocatorias en revistas especializadas europeas, porque no encuentran profesionales idóneos aquí, en España. El último ejemplo de todo ello, la flamante nueva orquesta sinfónica de Valencia, con Lorin Maazel y Zubin Mehta al frente: en la convocatoria de las plazas se produjo una auténtica debacle  en torno a los violinistas y violas españoles que candidatearon, con un resultado que debería haber causado un escándalo comparable con los desmanes urbanísticos que hacen titulares en la prensa cotidiana. Pero nada, esto se calló. Nadie se ocupó del asunto. Y es por ello que me puse a estudiar el fenómeno más a fondo, porque todo esto me olía a gato encerrado. 

El hecho es que en España, en la mayoría de los casos – siempre existe alguna loable excepción – la pedagogía que se emplea para los que se inician en el instrumento es totalmente obsoleta. Comparado con lo que se hace en el resto del mundo, estamos unos 60-70 años desfasados. Y peor aún, esto se puede ver ilustrado: solamente hay que echar una mirada a las fotos de jovencitos tocando el violín que se reproducen en los catálogos de algunas academias de nombre -  son para poner el grito al cielo por lo duro y tenso que están. Los casos de chicos y chicas altamente talentosas que han sido masacrados por una pedagogía defectuosa y que me han pedido ayuda – gracias a padres inteligentes que se dieron cuenta de que algo no funcionaba y buscaron soluciones – podrían llenar libros. Casi en todos los casos las deficiencias eran achacables a problemas fisiológicos que hacían imposible alcanzar la soltura y facilidad indispensables para avanzar. Pero lo malo es que – por lo apuntado más arriba – un mal comienzo en la andadura sobre el instrumento, en la gran mayoría de los casos, ya no tiene remedio más adelante. ¿Qué quiere decir esto? Significa que los conservatorios de grado medio y superiores reciben mayormente material humano que ya no alcanzará las cuotas de calidad exigibles hoy en día, y de ahí la penuria existente como lo ilustra el caso de Valencia antes citado.

Permítaseme explicar en pocas palabras porqué esto es así: para tocar el violín, el organismo humano necesita de una osmosis completa entre varias funciones: las musculares, el sentido táctil y el auditivo, con la actividad mental.   Ello solamente es posible con la adquisición de un sinnúmero de automatismos, a través de un “entrenamiento” adecuado, que resulta tanto más fácil de asimilar cuanto más joven se es. Pero resulta que el cuerpo humano siempre busca  comodidad y satisfacción, y si no se siente cómodo rechaza instalar estos automatismos. Es precisamente en este contexto que la pedagogía vigente comete sus peores pecados, porque sin esos automatismos, todo lo que se exige requiere un esfuerzo consciente, y eso conduce a tensiones y rigidez que impiden desarrollar la sensibilidad necesaria para afinar realmente bien, y esto a su vez  ha de producir un sonido que no proyecta como es debido. A los profesores no les parece interesar “facilitar” las cosas: todo al contrario, su mentalidad parece hacer énfasis sobre lo difícil. Creo que eso es el meollo de la cuestión: tocar bien el violín debe ser fácil, o será imposible – así de contundente. Y la pedagogía vigente en España no va en esa dirección. Sigue rigiendo el viejo adagio “La letra con sangre entra”: puede  que esto sea cierto con otras disciplinas pero sé, sin lugar a dudas, que bajo esa premisa no se ha de aprender el violín. Para corroborar lo que antecede solamente sería necesario hacer una estadística sobre el porcentaje de violinistas/violas españoles que necesitan ir al psicoterapeuta con regularidad o contar los casos de tendinitis que ocurren en los conservatorios. Todo ello, producto de exceso de esfuerzo, totalmente innecesario si se adoptan posturas y técnicas adecuadas.

Nadie pone en duda, y lo reitero nuevamente, que tocar bien el violín es una de las disciplinas más delicadas que el hombre se ha propuesto. Pero es justamente por ello, que el jovencito español está dotado para enfrentarse a ello: tiene arrojo en cantidad y le gustan los retos, si son interesantes – siempre que haya alguien capaz que lo guíe e incentive correctamente. Pero claro: actualmente los propios profesores son víctimas de una deficiente formación – si no, estarían sentados tocando en una orquesta con mejor paga – y amargados por esta situación no solamente pasan adelante todos los defectos que no les ha permitido alcanzar su meta sino además, por motivos fácilmente comprensibles, no les interesa contribuir a formar a un futuro profesional. Y entonces uno se pregunta: ¿Cómo saldremos de ese círculo vicioso? ¿Hay algún remedio para darle vuelta a esta situación?

Mi respuesta es que sí la hay y de fácil implantación si hay voluntad para ello. Con el agregado que su coste es mínimo, y a la larga ha de economizar ingentes sumas que hoy se gastan inútilmente tratando de hacer algo que ni los alquimistas pudieron hacer: convertir mediocridad en oro.

Lo que propongo es un curso de pedagogía para principiantes, durante un año lectivo, en el cual 3 niños/niñas reciben clases semanales delante de hasta 30 potenciales profesores, seguido de debate sobre causas y efectos, y de un diagnóstico sobre cualidades y defectos de los propios profesores asistentes, con propuestas para mejorar a través de la aplicación de técnicas modernas. Todo ello sería grabado en vídeo para un programa de enseñanza musical en Internet, que luego debe ser visionado obligatoriamente por todo el personal que trabaja en los establecimientos oficiales del país. Con lo explicado durante esas clases, la caduca pedagogía podrá ser eliminada por completo, y a medio plazo los conservatorios se han de poblar de alumnos capaces de convertirse en futuros profesionales. Hoy día, más de el 80% de las plazas de cuerdas altas de las orquestas nacionales se hallan en mano de extranjeros – por falta de personal idóneo nacional. Hay, pues, muchas plazas de trabajo para los jóvenes que desean convertirse en músicos profesionales y cuyos sueños no se pueden realizar en la actualidad por la deficiente enseñanza que reciben. Y lo lógico será que entre todos ellos han de descollar unos pocos talentos extraordinarios capaces de convertirse en figuras estelares.

Testimonios sobre la situación reinante sobran. Es muy sencillo verificarlo: solamente hay que fijarse en la formación de los músicos españoles que tienen éxito. Todos, sin excepción, han tenido la suerte de haber gozado de formación en el extranjero o por profesores extranjeros. Hay unos 200 conservatorios, entre elementares, grado medio y superior, y otro tanto de escuelas de música municipales. Imagínense lo que esto cuesta. Sería dinero bien invertido si los resultados justificarían la inversión. Pues bien, en materia de cuerdas altas el resultado es nefasto, con un gasto ingente totalmente inútil. Y si contrastamos esta situación con el trabajo que se hace en China, por ejemplo, o más cercano a nosotros, Venezuela, nosotros, la “madre patria”, quedamos en total ridículo. ¿Porqué ellos pueden y nosotros no? ¿Qué obsoleto sistema se esconde detrás de esos fracasos?

Sobre todo esto he tenido una correspondencia con el funcionario a cargo de innovación pedagógica del Ministerio de Educación, desde el año 2004. Reacción: respuestas anodinas con buenos propósitos para acomodar las cosas a las normas Europeas – pero ninguna acción tangible que pueda darnos una esperanza de cambio para mejorar la situación.

¿Qué obstáculos existen para que eso cambie a mejor? Veamos: en países europeos, un profesional, no importa si posee diplomas o no, pero que ha demostrado su capacidad, es automáticamente nombrado profesor para que enseñe lo que sabe.  Y lo que es más sorprendente aún, en España, ese mismo sistema da buenos resultados en el único lugar donde se ha implantado: en Zaragoza, donde, por un accidente burocrático acaecido hace unos años, los fondos que sustentan al Conservatorio Superior ya no obligan a éste seguir las pautas nacionalmente impuestas. Y, oh, milagro, de repente las cosas funcionan normalmente, gracias a un profesorado que no ha tenido que someterse a las oposiciones ridículas, erróneas y desfasadas de siempre. ¿Y por qué razón no se imita este ejemplo en otras comunidades? ¿Qué oscuros intereses hay detrás de todo esto?

Las quejas sobre la educación en general, en España, han sido clamorosas. He aquí un renglón que tendría arreglo bastante fácil debido al limitado número de afectados – pero si una reforma exitosa de una de las disciplinas más difíciles surtiría los resultados anhelados,  seguramente tendría un efecto positivo sobre las demás. Y, sobre todo, una reflexión final: ¿Puede un país como España permitirse el lujo de un fracaso tan clamoroso, en comparación con su entorno? Sé de buena fuente que ciertos inversores internacionales inteligentes y exigentes juzgan a un país candidato de inversiones por su capacidad de formar violinistas. Pues España estaría eliminada ipso facto. 

Creo que es hora ya de que este tema sea motivo de un debate a escala nacional. Oigamos qué es lo que nos dicen los perjudicados, qué nos dicen aquellos que tuvieron la suerte de irse al extranjero para superar los escollos con que tropezaron, y lleguemos a una solución. Una cosa es clara: así no se puede seguir. Repito una vez más: ¡España debería exportar violinistas, no importarlos! Y conmigo así lo afirman todos los buenos profesionales que conocen la situación. Yo tengo 83 años, vivo en España desde hace más de 30 años, y no tengo ya nada que perder. Por eso me he decidido a levantar la voz. Comprendo a aquellos que se callan, pero me duele el corazón al ver tantos jóvenes cuyas ilusiones se han desmoronado por culpa de una formación defectuosa. ¡Actuemos ya, de una vez! Muchas gracias, por anticipado, por toda adhesión que reciba esta buena causa.

 

 

 


Escrito por Juan Krakenberger
Desde Madrid (España)
Fecha de publicación: Julio del 2008.
Artículo que vió la luz en la revista nº 0008 de Sinfonía Virtual

 

 

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