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MÚSICA Y DOCUMENTAL. EL GÉNERO DEL ROCKUMENTARY.
Ana María Sedeño Valdellós

Al contrario de lo comúnmente establecido, el documental no es un género objetivo, sino que quizás más que cualquier otro género se presta al equívoco de creer que la cámara y el micrófono captan la realidad tal cual es. Al igual que la cámara, el micrófono sólo toma una parte de la realidad en un momento y un lugar precisos, bajo puntos de vista y otros criterios que son elegidos por el guionista o el realizador, que escenifican una posición personal ante los hechos.

El sonido puede llegar a convertirse en uno de los mayores enemigos del documental, sobre todo cuando toma la forma de ese fondo musical permanente que baja de volumen sólo para permitir la entrada de un relato enfático y sin interés, que se limita a repetir verbalmente lo que la cámara va mostrando. 

Pero el material musical puede estar presente de muchas maneras en este género; puede convertirse en su temática y, en ello, la música popular con todas sus variantes, están desarrollando nuevas modalidades, que hacen caminar paralelamente a la industria discográfica y la cinematográfica.

El Rockumentary

El documental musical es un tipo de documental de divulgación que ha tenido cierto éxito comercial y de espectadores en los últimos años. Desde siempre la vida de los músicos (desde los músicos clásicos hasta los actuales), ha interesado al cine y otros medios audiovisuales, ya sea desde la ficción o el documental. No hay que olvidar que la primera película sonora se llamó El Cantor de jazz en 1927, dirigida por Alan Crossland.
Las razones resultan obvias. La vida de los músicos es suficientemente interesante como para ser llevada a la pantalla con mayor o menor peso ficcional, por lo que los cineastas se han sentido atraídos por este filón de historias. La biografía de músicos clásicos ha sido una mina para el cine de ficción, pues la vida de estos músicos puede ser contada desde diferentes perspectivas y ficcionalizada con múltiples matices: no hay más que citar los nombres de Beethoven y Mozart para observar cómo han inspirado a numerosos directores de filmes de ficción a lo largo de la historia.

En cuanto a la música popular, ha tenido especial atracción desde el punto de vista documental o de realidad, porque han coincidido en el tiempo con el desarrollo de técnicas de grabación y edición de vídeo más baratas, accesibles y fáciles de utilizar. Por otro lado, las biografías de artistas primero de música jazz, luego de rock y de pop y sus estilos resultan muy interesantes para los aficionados y fans y pueden encuadrarse en diferentes estrategias de promoción de álbumes. Pero hay otros casos. 

El género del documental musical, también denominado rockumentary, está en auge y despierta pasiones. Julien Temple ha dirigido Joe Strummer: Vida y muerte (The Future is unwritten, 1999), sobre los últimos años de su amigo personal y cantante de The Clash. Este documental abrió hace unos años todo un filón de propuestas, que comienzan a resituar, de alguna forma, la historia de la música popular y sus géneros, así como la trascendencia e influencia de algunos de sus personajes más destacados.

The filth and the fury (Julien Temple, 2000) Some kind monster (Joe Berlinger, Bruce Sinofsky, 2004) Dig! (Ondi Timoner, 2004) y No Direction Home (Martín Scorsese, 2005) orbitan alrededor de The Sex Pistols, Metallica, The Brian Johnstown Massacre-The Dandy Warhols y Bob Dylan, respectivamente, con tanta intensidad como suenan sus discos. Estos documentales han demostrado tener un rendimiento narrativo extraordinario, no estando destinados a los fans como material promocional. Aún así parecen haberse hecho un hueco como género entre los modos representacionales de la música popular.

Estos documentales están firmados por cineastas de prestigio y/o clásicos del mundo anglosajón o europeo, que han sabido mantener, sin embargo, una línea de trabajo personal y particular durante toda su carrera. Ello les ha permitido realizar proyectos novedosos en cualquier momento. El trabajo con músicos de éxito no desagrada a ningún cineasta, pues garantiza, en primer lugar, un buen archivo y acceso directo a materiales sin problemas de derechos de autor. Por otro lado, el personaje y su alcance mediático están comprobados de antemano. La distribución de su trabajo está avalada por las compañías, en tiempos donde la industria musical debe buscar nuevas pantallas y fórmulas comerciales.

Martin Scorsese, Jim Jarmush, Jonathan Demme y Wim Wenders incluyen el rock como temario propio. Crecieron y se desarrollaron como artistas con él y forma parte de sus biografías personales. Con frecuencia, el trabajo y el negocio sólo suman otro factor a su amistad anterior con grandes músicos. 

Gracias a películas como las mencionadas, el documental musical es hoy una pieza de gran reputación en la industria cinematográfica. Por esta razón, todas las bandas, managers y discográficas comienzan a querer el suyo. Quizás sea algo así como el salto de la música popular a escenarios tradicionales de una cultura de mayor prestigio: cansados del videoclip y los excesos de la plataforma Youtube, se lanzan a la búsqueda de fórmulas que consoliden una visualidad de calidad de la música popular. La exhibición de estas películas en festivales internacionales de cine como los de Cannes, Venecia o Berlín ha ayudado a conseguir estos anhelos.

 


Escrito por Ana María Sedeño Valdellós
Desde España
Fecha de publicación: Enero de 2009.
Artículo que vió la luz en la revista nº 0010 de Sinfonía Virtual

 

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