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EL VIOLÍN: ¿INSTRUMENTO MÍSTICO, DIABÓLICO O MÁGICO?
Juan Krakenberger

Remontémonos unos siglos, y ante la falta de bases científicas que pudieran explicar el fenómeno, en tiempo de Paganini se habló en efecto de su pacto con el diablo para hallar una explicación de que puedan sonar tantas notas, en secuencias ultra-rápidas. ¿Cómo se logra el dominio, hasta tal extremo, de este instrumento? La búsqueda de una explicación, con ayuda de la ciencia moderna, nos lleva a conclusiones sorprendentes que, llegado el caso, podrán tener una influencia decisiva en la formación del ser humano en el futuro.

Empecemos con un fenómeno – perfectamente conocido por todos los pedagogos del violín – pero hasta ahora no lo suficientemente analizado. No existe en el mundo ningún violinista realmente importante, que no haya empezado sus estudios a los 5 ½ - 6 años o antes. Violinistas que hayan empezado más tarde los hay, pero difícilmente ingresarán en las primeras filas. Se trata, sencillamente, de una especie desconocida  ¿Por qué no sucede lo mismo con otros instrumentos difíciles, como el oboe, por ejemplo? Por razones de dentadura, el aprendizaje del oboe no puede iniciarse a tan temprana edad. Señalemos, por otro lado, que la postura corporal para tocarlo es simétrica, difiriendo así del violín. Lo mismo vale para los pianistas, algunos de ellos sensacionales, y ‘cellistas y contrabajistas, que han empezado más tarde. Pero violinistas/violas, categóricamente,  no.

Vale la pena investigar algo más en profundidad por qué esto es así: Empecemos pues por la postura, porque parece que su característica asimétrica parece estar en el fondo del problema. En efecto, el brazo derecho que maneja el arco no es simétrico con el brazo izquierdo cuya mano pisa las cuerdas. El primero se somete a una ligera pronación (giro en dirección del reloj) mientras que el otro debe colocarse en supinación, o sea, girar en la dirección opuesta. ¿Qué significa esto? Nos introduce desde temprana edad a una alteración de nuestra simetría innata, con la cual nacemos y cuya superación requiere un cuidadoso entrenamiento. Ya en este primer paso, en España se cometen errores garrafales que pasan factura más adelante, al no prestarse la debida atención a este fenómeno. Porque lo importante es que a esta temprana edad ciertas sensaciones, ciertos movimientos, cierto uso de los músculos de ambos brazos empiecen a construir un complejo aparato fisiológico, automatizándolo. No hacerlo así tiene luego funestas consecuencias, y las estadísticas negativas de profesionales exitosos que hayan empezado y acabado sus estudios en España lo atestiguan. ¿Cómo es tolerable que en la última orquesta sinfónica formada en Valencia por maestros como Lorin Maazel o Zubin Mehta no haya, en este momento, ni un solo violinista/viola nacional en la cuerda alta del conjunto? 

Pero sigamos adelante en este viaje fascinante por el aprendizaje del violín. ¿Cuántas veces nos habremos preguntado cómo es posible que todo un cuerpo de violines de una buena orquesta sinfónica, suene como una sola voz, con una amalgamación perfecta entre los 16, 14 o 12 miembros de una fila? Para que toda esta fila toque una nota, de, por ejemplo 880 vibraciones por segundo, absolutamente pura, todos los miembros de la fila tienen que colocar el dedo con una precisión mayor aún que 0.10 de milímetro. Para que salga algo así, de forma espontánea e natural, no puede ser solamente el oído que dé la pauta – allí interviene algo más, en forma de vibraciones de simpatía prácticamente subliminales que capta la punta de los dedos de la mano izquierda y que deja su impresión sobre nuestro cerebro.  (Agreguemos aquí que, más sutil aún, los dedos de la mano derecha que conducen al arco, también reciben “feed-back” de vibraciones de retorno, igualmente subliminales). Es así que se producen los milagros sonoros que muchas veces admiramos en las buenas orquestas.  Pero, por supuesto, para que esto pueda suceder, será “conditio sine qua non” que estas puntas de los dedos o estas superficies de la piel estén completamente relajadas – la más mínima tensión acaba con esta sensibilidad. Y – ahí está lo malo – nadie que no haya comenzado bien su estudio desde el primer momento, se ha de librar de tensiones innecesarias que le seguirán molestando más adelante. Y quiero agregar algo más, aun sabiendo que así no me granjeo la simpatía de mucha gente. Resulta, que ese “feed-back” de vibraciones genera un sutil tipo de endorfinas: el violinista que afina se siente satisfecho, por el eco encefálico que su quehacer acaba de cosechar. Estimular eso – sentirse satisfecho, cosechar loas del propio cuerpo – no es precisamente algo que se estimula en España. En materia de pedagogía instrumental, más bien sigue rigiendo el viejo adagio “La letra con sangre entra” y esto, visto el entramado neuro-fisiológico tan complicado del aprendizaje del violín, tiene consecuencias totalmente negativas. 

En esta misma línea de pensamiento se halla la postura/forma de ambas manos. Si le quitamos – con mucho tino y cuidado – el violín y el arco a un buen violinista en plena faena, sin que altere en lo más mínimo la postura de ambos brazos y manos, y luego le hacemos girar la mano derecha para que la palma quede para arriba, nos apercibimos que, básicamente nos hallamos ante dos manos con posturas de aspecto muy similares, pero idénticas en cuanto a funcionalidad. Aquí volvemos al tema de la simetría de antes: a pesar de hacer dos cosas diferentes – pisar cuerdas y guiar el arco – nuestro cuerpo se las ha ingeniado para que estas sean ejecutadas por dos extremidades de posturas idénticas. ¿Casualidad o consecuencia lógica?  Una cosa puedo aseverar, de mi propia experiencia: si esta simetría entre las dos manos no se da, por malos hábitos, tensión o torpeza, el resultado quedará negativamente afectado. Luego de tomar pasos conducentes a corregir este fallo, las cosas van mejorando. O sea: nuestro cuerpo agradece la simetría porque le ayuda a mejorar su rendimiento.

Pero ocurre que a veces esta misma simetría se convierte en  obstáculo para superar ciertos pasajes complicados, sobre todo si hay dificultades coincidentes a cargo de ambas manos. Para ello hay que hacer ejercicios, que permitan tocar inconscientemente con una mano y conscientemente con la otra. Me ocupo de este fenómeno en mi página web www.j-krakenberger.org , donde bajo “Artículos”, el 2º trata de este problema, explicando en detalle el ejercicio más genial que haya sido inventado hasta ahora para superarlo – por el insigne pedagogo Iván Galamian. Se trata de escalas de 3 octavas, que se tocan con diferentes ritmos y otras tantas ligaduras, y para que éstas sean posibles de ejecutar con soltura requieren que la mano izquierda se automatice, a fin de que la derecha pueda cumplir  conscientemente con su cometido. No es un ejercicio fácil, pero enormemente eficaz. Y, como beneficio lateral, trae aparejado una mejor administración del arco, que adopta automáticamente las soluciones más cómodas. Una vez dominado el ejercicio, se acabaron los “bloqueos” momentáneos que experimentan violinistas avanzados, cuando coinciden dos problemas simultáneos de ambos lados. Explicación: el ejercicio ha servido para enseñarnos como separar, funcionalmente, el consciente del subconsciente, una facultad con que no nacemos.  Dicho sea de paso, no me consta que este ejercicio se enseña más que en 3 o 4 lugares en España. ¡Por algo será!              

Otro ejemplo, enormemente demostrativo, es la preferencia de los psico-neurólogos por cobayas violinistas. La experiencia de la investigación del cerebro (a través de electrodos colocados en la cabeza cuyas captaciones se leen en una pantalla) ha demostrado que un violinista responde a un impulso (sea táctil, auditivo, visual) con reacciones muchas veces más fuertes que testigos que no tocan el instrumento. Los profesionales denominan esto   “elasticidad encefálica” superior, y con ello hemos llegado al punto que  quiero subrayar: el aprendizaje del violín tiene un efecto positivo sobre el cerebro. Tengo entre mis alumnos varios ejemplos que lo demuestran con toda claridad. Y me aventuro a pronosticar que de aquí quince o veinte años, cuando la psico-neurología haya hecho aún más progresos, muchos padres que se enteran querrán que sus hijos estudien violín para potenciar así su inteligencia y personalidad.  Una breve nota final: se ha podido constatar que un buen violinista, aquejado de Alzheimer, puede seguir ejerciendo su profesión, a pesar de los demás inconvenientes de su mal. Ello confirma lo profundamente arraigado que se halla en  cuerpo y alma la práctica del violín. Una buena pedagogía del instrumento contribuye pues a la buena salud pública. Una mala pedagogía es lisa y llanamente “mala praxis” – atenta contra la buena salud. 

Hay varias escuelas en el mundo que predican lo mismo: cito a la Escuela Suzuki y a la finlandesa “Colourstrings”, como ejemplos más significativos. Inicialmente no pretenden producir músicos profesionales, pero la lógica de una buena escuela inicial siempre traerá buenos resultados y Finlandia lo demuestra: les sobran buenos violinistas. Y que conste que cualquier semejanza entre la pedagogía usada en Finlandia y en España es pura casualidad.

Yo no culpo a los profesores de violín de nuestro país por este debacle. Ellos también son víctimas de una escuela totalmente anquilosada, superada hace más de medio siglo, pero cuyas innovaciones no llegaron a España por los avatares de la política y la historia. Lo que propongo ahora para remediar esta fatídica situación es que se haga un curso de pedagogía moderna, que pueda visionarse por Internet, y que tenga que ser visto por todo el personal que cobra sus emolumentos del erario público. La cosa no es tan compleja – pero por el momento falta voluntad política para atacar el asunto de frente. Sirva de ejemplo nuevamente el caso del Conservatorio Superior de Zaragoza, que tuvo que ser re-estructurado hace algunos años debido a un lapsus presupuestario. Desde que este centro ya no debe someterse a las reglas del MEC, allí las cosas funcionan con normalidad, como en el resto de Europa. A la pregunta: ¿Por qué no imitan el ejemplo los otros tantos 20 conservatorios superiores del aparato oficial? hasta ahora no ha habido respuesta.

Lo malo es que salir de ese círculo vicioso no es fácil. En los debates sobre educación, en general, se ha hablado mucho de Bologna y otras innovaciones, pero en todas estas discusiones no he visto una sola alusión a la música, como si eso no fuese importante.  ¡Lo es, créanme, más de lo que uno pueda imaginarse! A menos – ojalá no sea así - que no sea el propósito del aparato educativo producir gentes inteligentes por que, eso sí, explicaría la continuación del fatídico “status quo”. Y que conste – y esto es lo bueno (¿o lo triste?) – que en España ¡hay talento a raudales! Solamente hay que mirar los logros en deporte, actividad que se desarrolla con los músculos y la cabeza. Pues ¿qué diferencia con el violín? Son otros músculos, pero el proceso de entrenamiento es el mismo. Saquemos el país del marasmo en materia de cuerda alta en que se halla inmerso, creando puestos de trabajo a medio plazo. La carrera del violín es larga – se calcula que un buen profesional tuvo que absolver en total unas 10.000 horas de estudio, por cuenta propia, para llegar a la meta. Pero si este largo camino es facilitado por el aliento indispensable, el éxito está asegurado.

El paciente lector seguramente se apercibe de la complejidad del asunto. Puede que por esa razón, nadie se ocupa del tema. Por ello, creí necesario poner el grito en el cielo, de una vez. Hay que hacer algo, ¡y ya!  Así es inconcebible continuar.

PD: Algo no directamente vinculado con lo que antecede, pero muy provechoso para los estudiantes de violín, es el hecho que “empollar” para el colegio – que después de 2-3 horas seguidas puede ocasionar un agobio muy desagradable, por el desequilibrio encefálico que esto provoca – tiene un fácil remedio: sencillamente se trata de “empollar” una hora, tocar 20 minutos el violín, otra hora de “empollar” y otros 20 minutos de violín, y así sucesivamente. En total esto no requiere más tiempo, porque la mente quedará despejada y la 2ª o 3ª hora rendirán mucho más que en sesiones continuas, simplemente porque logramos así mantener la mayor capacidad de aprendizaje de la primera hora. Pruébenlo: el resultado está garantizado, por el sencillo hecho que las dos actividades ocupan hemisferios cerebrales diferentes, y queda así restablecido el equilibrio que tanta  falta nos hace. 

 

 

Escrito por Juan Krakenberger
Desde España
Fecha de publicación: Enero de 2009.
Artículo que vió la luz en la revista nº 0010 de Sinfonía Virtual

 

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