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MONTEVERDI: PADRE DE LA MÚSICA MODERNA
Alfredo Canedo

    A fines del siglo XVI se produce en Europa la transición de la música medieval a la moderna, también llamada ‘la nueva música’ o ‘Le nuove musiche’, título del libro de cancioneros de Giulio Caccini publicado en 1602. El genio artístico de esa transición de la ‘música vieja’ a la ‘música nueva’ fue Claudio Monteverdi con sus grandiosos dramas orquestales acompañamientos de diálogos, monólogos e inflexiones del discurso oral. De ahí parte inmediatamente que Monteverdi es el innovador más atrevido en la combinación de las unidades sonoras con los efectos inherentes a la palabra, tal cual hizo saber en su manuscrito de 1613, siendo maestro de Capilla de San Marcos, además de músico de los palacios de cardenales romanos: “Que la palabra sea señora de la armonía y no su esclava”. (1) Concepto que no pasaba de una tendencia general a consumar paulatinamente la unión de la música a la palabra.

    En 1570 entró al servicio del duque de Mantua Vincenzo Gonzaga como ejecutante de violón y cantante, luego como maestro de música de la corte imperial, y en 1639 estuvo al frente del coro del Teatro Lírico de Venecia, donde unos años más tarde pusiera en escena sus ballets ‘Bello delle ingrate’ y ‘Tirsi e Clori . Se asocia su apellido a los comienzos del espectáculo lírico, a los juegos del contrapunto, a la ensambladura de sonidos, a la anexión progresiva de choques auriculares sabiamente dosificados y calibrados para alcanzar la subconciencia del oyente, a la creación del género ‘ópera’  y a las formas musicales a través de las edades.

    Hasta muy entrado el siglo XVII no se concebía ningún tipo de música que no fuera considerada o bien estrictamente como música no separada del culto católico, de acuerdo con las prescripciones del Concilio de Trento, o bien como música de ‘salón’. Por esas limitaciones los compositores más inspirados y más importantes servían y dependían de la Iglesia, y, en otros casos, de príncipes, condes, archiduques, aristócratas y círculos de patricios.  
   
    Ante esos acotamientos, Monteverdi con sumo cuidado hizo que las propias innovaciones musicales no fueran en desmedro de la música religiosa. Trabajo de filigrana por donde aportó al arte religioso, al menos en grado considerable, una contribución importante, sin alterar con su música moderna el carácter místico elevado e incluso austero de las misas, motetes, himnos, salmos y letanías. Dio vida a cristianas peticiones poético - musicales en ‘Sonta sopra Sancta María’ y ‘Vísperas de la Virgen’ con estupenda imaginación, sentido del color e inagotable riqueza expresiva en las violas, violines, cornetas, trombones, flautas, tiorbas, laúdes, arpas, violines y contrabajos. Obras también notables en la ligazón de la poesía religiosa con la música en estas dos breves composiciones sacras que Monteverdi escribió en 1615:

Escucha, oh cielo, mis palabras
Plenas de deseo e impregnadas de gozo
Dime, te lo pido,
Quién es esta
Que replandece como la aurora que me hace celebrarla?
Te hablaré de ella
Hermosa como la luna
Exquisita como el sol
Que llena de alegría las tierras, cielos y mares?
Maria, esta dulce Virgen Maria
Anunciada por el profeta Ezequiel, puerta de oriente
Ella, que es la sacra y feliz puerta
Por la que la muerte fue explulsada y se introdujo la vida? 
La que es siempre intemediaria
Entre los hombres y Dios
Para el perdón de las culpas?
Todos, entonces, sigámosla
A ella, gracias a quien merecemos la vida eterna
La seguimos
Que Dios nos asista, el Padre, el Hijo y la Madre,
cuyo nombre invocamos como dulce consuelo a nuestra miseria.

AMEN

Dos serafines gritaban uno al otro, y decían:
Santo es el Señor de los Ejércitos
Llena está toda la tierra de su gloria.

Tres son quienes dan testimonio en el cielo
El Padre, el Verbo y el Espíritu Santo
Y estos tres son uno

 
     Sus veintinueve misas, además de otros tantos magnificats y salmos, son de gran aparato coral y orquestal, combinadas de múltiples maneras con voces solitas. Composiciones rituales consideradas seriamente como embellecimiento de la fe cristiana cantadas por congregaciones de piadosos creyentes en conventos, iglesias y parroquias de la Italia renacentista.

    Un rasgo de la música renacentista fue la difusión del madrigal por juglares del norte y centro de Italia. En una gran mayoría de diccionarios de la música consultados al respecto se da por cierto que el primer compositor de madrigales fue Pietro Casella, amigo de Dante, fallecido poco antes de 1300, de cuya música dijo el poeta florentino en ‘Purgatorio’, II: “...el amoroso canto / que solía aquietar todas mis cuitas”.

    Parece probado, (al menos así lo indica Emilie Vulliremos en ‘Historia de la música’) que a la edad de dieciséis años Monteverdi compuso una colección de madrigales bajo el título ‘Madrigali spirituali’ con diálogos sobre piadosas cuestiones oficiadas ante el altar al comienzo de la misa de Navidad y de Pascuas. Seguirían  ‘Libro de Madrigales’ y Combattimento di Tancredi e Clorinda’ más otros cuarenta madrigales sacros y sesenta y seis profanos, todos particularmente edificantes, atravesados por las formas dramáticas del ‘stile recitativo’, fielmente reflejadas en los matices de la música acompañante y, por lo general, cantados para tres a seis voces. Otra de las características de estos madrigales que cada verso o pensamiento introducidos en fases musicales. Arte ‘monteverdiano’, tanto técnica como espiritualmente refinado, donde cunde la tradición popular de la ‘frottola’, las graciosas ‘villanelle’, los chispeantes ‘balletti’ de ritmo para ser danzado, y el estribillo con refranes cantados.

Ese mismo afán de poner la poesía de mano con la música a Monteverdi le surtió del inmenso tesoro de la antigua tragedia helénica  para la musicalización de las óperas ‘Orfeo’, cual podría llamarse también primera en la historia de la música, con la ‘favola pastorale’ tradicional, catorce compases de música instrumental y los renacentistas recursos del ‘bel canto arioso’ enteramente sujetos al texto;  ‘Ariadna’, mujer capaz de vivir, luchar y caer heroicamente, además de sus dos últimas ‘Il Ritorno d’Ulisse’, verdadero portento de enfoque dramático y trasunto artístico, y ‘L’Incoronazione de Poppea’ con escenas de abrasadora voluptuosidad asociadas a la moderna poesía dramática en melodías atrevidamente tendidas y expresivas. Composiciones ‘monteverdianas’ representadas en el Teatro Lírico de Mantua entre 1607 y 1642 que habían de marcar en la historia de la  ópera el debilitamiento del estilo original por un nuevo estilo operístico con pasajes brillantes y floridos de la poesía. Así entonces, toda Italia postrada a los pies de Monteverdi, quien como pocos trasladaba su gusto artístico al drama con música de refinada espiritualidad. 

                                       

BIBLIOGRAFÍA

(1) Hemel, Fred. La época del bajo continuo.


              

Escrito por Juanjo Cura
Desde España
Fecha de publicación: Julio de 2009.
Artículo que vió la luz en la revista nº 0012 de Sinfonía Virtual

 
 

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