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¿QUÉ ES MEJOR? LA TROMPETA EN LA MÚSICA CULTA Y EN LA MÚSICA POPULAR
Julio Llamas

Podemos considerar en la historia de la trompeta tres acontecimientos vitales: la admisión del instrumento en la orquesta, la aplicación de los pistones y la llegada del jazz. Este último hecho supuso ampliar e incrementar considerablemente las posibilidades tímbricas y sonoras  de este instrumento. No en vano numerosos compositores clásicos han bebido de las fuentes del jazz para hacer obras sinfónicas con claras influencias de esta música originariamente afroamericana. No son pocos los autores de la música culta que han escrito obras para trompeta vislumbrándose en ellas el jazz por doquier. Un claro ejemplo lo tenemos en André Jolivet  y su Concierto nº 2 para trompeta y orquesta. Así mismo otros compositores de “jazz sinfónico” incluyen pasajes en los que la trompeta tiene un papel preponderante como por ejemplo George Gershwin y su Porgy and Bess o su Rapsody in Blue, Dimitri Shostakovich  y su Suite para orquesta de jazz nº 2, Igor Stravinsky  y su Preludio para conjunto de Jazz, Milhaud y La creación del mundo, etc.

Otros autores incluyen en sus obras secuencias improvisadas con un espíritu próximo al jazz contemporáneo como Stockhausen, cuyo hijo es curiosamente trompetista de jazz.

Sin duda alguna la música afroamericana ha hecho que la trompeta incrementara y potenciara su tímbrica con diferentes tipos de sordinas y también las maneras posibles de interpretar una pieza musical dándole un carácter y expresividad diferente al de la llamada música culta o erudita. Así, algunas veces los picados se vuelven más pronunciados y estridentes, los vibratos más exagerados, el sonido es más nasal y menos redondo (aunque no siempre, claro está), se utilizan más copiosamente efectos como el glissando y el trino de labio, las “half valves” (hacer una determinada nota con un pistón o pistones a medio recorrido entre la posición inicial y la posición bajada), el frulato, realización de tercios y cuartos de tono, emisión de determinadas notas sin algunas de las bombas de los pistones, interpretación de distintos pasajes sin la boquilla, producción de varias notas a la vez (cantándose una de ellas y la otra tocándose a través de la trompeta) etc.  Esto no quiere decir que en la llamada música culta no se utilicen algunos de estos efectos pero su función y utilización  es diferente y su frecuencia de uso es menor. Por el contrario el sonido que se espera que emita un trompetista clásico (que no se dedique a la música popular moderna como pueda ser el jazz, el pop-rock etc.) debe ser fácil, presente, sin brusquedad, lleno, ancho, limpio, redondo y utilizando los resonadores faciales.

Si comparamos el sonido del gran trompetista de jazz Louis Armstrong (1901-1971) con el sonido del virtuoso y talentoso trompetista clásico Maurice André (1932) nos daremos cuenta de estas diferencias interpretativa antes mencionadas (es obvio que los tipos de música que interpretan ambos son muy diferentes). Decir que uno es “mejor” que otro sería  caer en una trampa. Es como si parangonamos al pintor de la escuela romántica Eugéne Delacroix con el también pintor Andy Warhol, representante del Pop Art: ¿cuál de los dos pintores es “mejor”? Lo cierto es que cada uno es el arquetipo de genio dentro de su corriente pictórica. ¿Cuál de los dos trompetistas antes citados es “preferible” o el más “destacado”? En realidad los dos son válidos ya que ofrecen su peculiar visión musical e interpretativa.

En algunas ocasiones los instrumentistas clásicos no suelen valorar adecuadamente las aportaciones interpretativas y de improvisación de los músicos de jazz entre otras cosas porque hay una carencia o insuficiencia de asignaturas que tengan que ver con todo eso de la repentización cuando el intérprete cursa sus estudios musicales. Es sabido que en otras épocas en la música culta se improvisaba pero esto se ha ido perdiendo hasta prácticamente extinguirse. Lo ideal sería que, al igual que ocurre en algunos países europeos y en los Estados Unidos, en los conservatorios españoles se impartieran asignaturas relacionadas con el jazz, la música étnica, el blues, etc. Todos estos tipos de música enriquecen enormemente la cultura musical del alumnado ampliando sus conocimientos rítmicos, armónicos y expresivos. Por supuesto que es esencial que los estudiantes conozcan los conciertos para trompeta de J. Haydn, L. Mozart,  J.N. Hummel,  A. Arutunian, A. Jolivet, J. Hubeau,  P. Hindemith, etc. así como  deleitarse con los grandes intérpretes clásicos (Maurice André, Pierre Thibaud, etc.)  pero no menos importante es que escuchen y analicen las improvisaciones de grandes trompetistas de jazz como Louis Armstrong, Clifford Brown, Dizzy Gillespie, Miles Davis o Wynton Marsalis.  Y es que el trompetista de jazz y por extensión todos los intérpretes de este tipo de música en un mismo acto realizan dos acciones: interpretar y crear.

Habría que señalar que ha habido numerosos trompetistas clásicos que se han sentido fascinados y seducidos por la música afroamericana haciendo algunas incursiones en ella. Tal es el caso de los franceses Maurice André y Pierre Thibaud. Y viceversa, trompetistas de jazz que han interpretado conciertos clásicos como el cubano Arturo Sandoval o el norteamericano Wynton Marsalis.

Toda la música, en todas sus variantes y vertientes, tiene su lugar y su hueco en la historia, lo que ocurre es que puede estar más o menos elaborada y nos puede gustar en mayor o menor medida. En este sentido en opinión del investigador y articulista Simon Frith (1996)  la música popular moderna ha asimilado las formas y convenciones afroamericanas a lo largo del siglo XX. Según Frith la música popular tiene una estructura compleja por “intensión” y no por “extensión” como ocurre con la música clásica. La “intensión” hace referencia a que las unidades musicales básicas (notas tocadas o cantadas)  no se combinan en el espacio y en el tiempo  como elementos formando estructuras complejas. La unidad básica musical en la música pop, rock, etc. está organizada en parámetros de melodía, armonía y ritmo y el conjunto resultante se desarrolla a partir de la modulación de las notas fundamentales y  también partiendo de la inflexión de la pulsación básica. En la “extensión”, que es lo que utiliza la música clásica, se utilizan el tema, las variaciones, el contrapunto y la tonalidad tanto diacrónica como sincrónicamente.

 Podríamos dividir la música popular moderna en música jazz, country, soul, rock, etc. pero otro modo interesante de clasificación sería también la ideología, si se venden como arte, como comunidad o emoción.

 Se dice que la música popular moderna tiene un uso básicamente utilitarista pero la  llamada música  clásica  o erudita no está  tampoco exenta de ese uso social  (ver  los diferentes anuncios publicitarios, bandas sonoras de películas, etc. en los que sale acercando este tipo de música a la inmensa mayoría de ciudadanos).
El jazz en sus inicios era una música  considerada ligera pero últimamente algunos musicólogos, sociólogos y antropólogos de la música ya la encasillan dentro de la música culta. Las personas que se hayan adentrado  básicamente en el jazz se darán cuenta rápidamente de que algunas piezas tienen una complejidad y elaboración muy importante en el aspecto armónico, rítmico y expresivo. Según Christopher Small  (1989) “la música con mayúsculas, identificada con la música culta, erudita clásica, occidental, debe ser considerada como una más de las músicas que pueblan el mundo. Esto ocasiona  que sus sonidos, modos de puesta en escena (el concierto burgués), pensamientos comportamientos y conceptos de los protagonistas de esta práctica musical (compositores, intérpretes, público…) sean desmitificados como universales.” Probablemente no hay tal universalidad, no hay una música superior a otra desde un punto de vista antropológico y sociológico.

Sería muy enriquecedor para los futuros intérpretes, sean o no trompetistas, que pudiesen conocer otros tipos de música como es el jazz. Igualmente es importante, para los alumnos más aventajados, profundizar en la complejidad de la música erudita.

En una ocasión el trompetista de jazz Louis Armstrong dijo: “toda la música es música folk, nunca he escuchado a un caballo cantar una canción”.    

 

BIBLIOGRAFÍA
                       

Cruces, Francisco (Coord.): El sonido de la cultura. Textos de Antropología de la Música. Antropología 15/16 (marzo-octubre 1998, número especial)

Cruces, Francisco (ed.): Las culturas musicales. Lecturas de etnomusicología (Madrid: Trotta, 2001)
Frith, Simon : Performing Rites: On the Value of Popular Music (London: Maiken, 1996)
Hargreaves, D.J., & Frega, A. L.: Música y desarrollo psicológico (1ª ed.) (Barcelona: Graó, 1998)

Labajo, Joaquina: Ciudad y Música, Bidebarrieta 3 (1998), pp. 27-41

Small, Christopher: Música, sociedad y educación (Madrid: Alianza Editorial, 1989)

Wright, S.: Rural communities and decision makers (Royal Anthropological  Institute  News, 63: 9-13, 1984)


              

Escrito por Julio Llamas
Desde España
Fecha de publicación: Julio de 2009.
Artículo que vió la luz en la revista nº 0012 de Sinfonía Virtual

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