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LA DIVINA COMEDIA EN IDEAS MUSICALES
Alfredo Canedo

Biografías de distintas procedencias atestiguan con datos muy instructivos que Dante Alighieri fue durante toda su vida un gran amante de la música, que tocó varios instrumentos, y que  consagrados maestros como el madrigalista valenciano Lodovico Balbi y el camarista florentino Vincenzo Galilei, padre de Galileo, inspiráronse en no pocos de sus versos. Según Bocaccio, el poeta pedía a compositores que musicalizaran muchas de sus poesías, que encontraba especial deleite en las partituras sacras y profanas, y que todo cantor o músico, quienquiera fuese, era amigo de él. (1)  Recuerda el célebre músico Pietro Casella, que:

 “... su entrañable amigo Dante así como era maestro de la poesía también harto familiarizado con la música cuando le conocí en tiempos del ars nova. Virtudes de Dante que me llevaron a poner música a muchas de sus canciones amorosas”. (2) 

A su vez, Mariano Roca de Togores, uno de los más acreditados biógrafos del poeta, dice que Dante:

“...era un asiduo concurrente a las fiestas pueblerinas de Florencia donde recitaba sus versos al compás de la música de los trovadores”. (3)

No menor lo señalado por Gasparo Gozzi, defensor de la tradición del arte italiano, en que:

“... el poeta florentino, a quien le llamaría Danteianamusical, enamorado de Beatriz, como si viéndola con gran veneración entre los sones de una dulce y hermosísima armonía musical”. (4)  

Y Leandro Aretino añade en uno de sus escritos del siglo XV que la poesía de Dante:
“... atraía a compositores y trovadores por enriquecida de variedades musicales”. (5)

Pues entonces, bien puede decirse que, según le pintan aquellos generosos biógrafos, el riquísimo poeta florentino, el amante de Beatriz, el extraviado “con Virgilio en una oscura selva donde el sol no alumbra”, formado en la disciplina del arte escribía versos con gallardas letras musicales.

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Los compositores del diecinueve, típicamente románticos, estaban compenetrados del antiguo linaje religioso cristiano. 
Por ese camino andaba, entre otros muchos compositores (6), Franz Liszt echando mano a transcripciones y paráfrasis bíblicas en sus obras pianísticas ‘Armonías poéticas y religiosas’, ‘Consolaciones’, ‘La leyenda de Santa Isabel’, ‘Cristo’ y ‘La Cena de los apóstoles’. Piezas  profundamente espirituales tomadas de versos dantescos que no en vano Liszt  reconociera en carta a su amigo Pierre Wolf :

“La poesía didáctica y alegóricamente religiosa de Dante está a mi alrededor, tiende a impregnarme más y más de idealidades. La estudio, la medito, la devoro con furor, al punto que me ha permitido escribir música religiosa desde la perspectiva del ilustre florentino”. (7)

De sus apasionadas lecturas en la poesía dantesca aparece, no podía ser de otra manera, la sinfonía ‘Dante para orquesta y coro’ con las fantasías e inspiraciones propias de las cantigas de ‘La Divina Comedia’.  En ‘Infierno’, donde el pecador recibe el castigo eterno, los trombones, la turba y cuerda grave claman lentamente el potente y siniestro tema “Abandonad todo esperanza los que entráis en el Infierno”. El ‘Allegro’  frenético, desordenado, fantasioso, alterado con acordes armónicos y efectos descriptivos; el ‘Andante’  en las dulces sonoridades del arpa, de las maderas y los violines, y el ‘Adagio’, fortísimo, en el acompañamiento de clarinetes, clarines y timbales al sórdido recitativo “No hay más dolor”.  
En ‘Purgatorio’, región purificadora de las almas atormentadas y arrepentidas, el  ‘Andante con moto’ ( ‘quasi allegretto tranquillo assai’) elevado a un bellísimo canto líricamente meditativo, y el ‘lamentoso fugado’  es motivo religioso del dolor y la plegaria del alma aspirante a la salvación.
En ‘Paraíso’, espacio celestial de los justos mortales, el coro entona un himno de loas a la divina Creación, inspirado en el canto llamo. Finalmente, el radiante ‘Aleluya’ en los sones de la orquesta y en el canto coral.
Apenas conocida esta pieza no callaron teólogos dogmáticos y sectores vinculados de una u otra manera a la grey católica en condenarla por sospechosamente pagana. Falta de comprensión que Liszt  transmitió por carta fechada en Florencia a Odón Mihailovich:

“Todo el mundo está contra mí música escrita en homenaje a Dante. Los católicos, porque encuentran profana mi música; los protestantes, porque para ellos mi música es católica; los franc-masones, porque la sienten clerical; para los conservadores soy un revolucionario, para los futuristas un falso  jacobino. En cuanto a los italianos, a pesar de Sgambati, si son garibaldinos me detestan por hipócrita, si son vaticanistas, me acusan          de transportar la gruta de Venus a la Iglesia”. (8)

‘Dante para orquesta y coro’ era para la crítica tan solo la apología del sacrilegio ridículo e insincero, cuando Liszt le asignó un lugar descollante en la música romántica del diecinueve.

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El poema sinfónico ‘Francesca de Ramini’, Opus 32, de Peter Ilytch Tchaikovsky, cuyos puntos esenciales resumidos de la historia de amor en el ‘Quinto Canto del Infierno’, fue estrenado el 9 de marzo de 1877 en Moscú por la orquesta de la Sociedad Musical Rusa bajo la dirección de Nicolai Rubinstein. Dice Mistrev Steiniitzer que la idea del poema sinfónico fue sugerida a Tchaikovsky por:

“el grabado de Gusta Doré, el cual le había impresionado vivamente, que representa El Infierno con Dante acompañado de Virgilio”. (9)

En el prefacio de la partitura Francesca, enamorada de Paolo, gimiente y alucinada entrando al infierno en dieciséis compases con armonías cromáticas y chirriantes, notas bajas sostenidas largo tiempo y reiteradas continuamente, cargadas de amenazas, de superposiciones rítmicas y células sincopadas. El relato   primeramente de sombría calma, luego con resonantes acordes  intensificados poco a poco, es melancólicamente tocado por clarinetes, cornetines de pistones, címbalo, bombo y violines. Los tensos efectos sonoros entonan el pasaje donde Geovanni descubre a su esposa Francesa en brazos del propio hermano, Paolo, y, al instante, sin compasión alguna apuñala a los dos.
Los sonidos de cuerdas, timbales y fagot dan cuenta de ‘La puerta del infierno (“de horrible grito, de dolor profundo”), de Francesca relatando su amor a Paolo (“Mayor dolor no existe / que el feliz tiempo recordar consunto, / y éste lo sabe, en la miseria triste”), y del Final con el alma de Francesca unida a la de aquellos otros en vida abandonados a los placeres sensuales.  En cada una de estas secciones el deseo apasionado, la intensidad ardiente, el climax, las emociones, las tensiones y las líricas canciones de amor detrás de armonías cromáticas por momentos disonantes o reiteradas continuamente.

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. ‘Diccionario Sopena de Literatura’.
  2. Láng, Paul Henry. ‘El ars nova’.
  3. Roga de Togores, Mariano. ‘Estudio crítico sobre la Divina Comedia’.
  4. Gozzi, Gasparo. ‘El amor de los tres naranjos’.
  5. Aretino, Leonardo. ‘Cartas’
  6. Basta con citarse a unos pocos compositores como Gaetano Donizetti, Francesco Mercadante, Hermann Gotez, Ricardo Zandonai, Giacchino Rossini, Guiseppe Verdi, Lorenzo Perosi y Giacomo Puccini.  
  7. Rellstab, Lois. ‘Franz Liszt , una vida romántica’.
  8. Reverter, Arturo. ‘Liszt: la síntesis precursora’.
  9. Steinitzer, M. ‘Tchaikovski, una vida musical’.

             
Escrito por Alfredo Canedo
Desde España
Fecha de publicación: Octubre de 2009.
Artículo que vió la luz en la revista nº 0013 de Sinfonía Virtual

 
 

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