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HÄNDEL EN SUS INICIOS (III): LONDRES
María Laura del Pozzo

Händel llegó a Londres por primera vez en el otoño de 1710.

Es poco lo que se sabe de aquellos primeros días, pero es seguro que llegó provisto de cartas de recomendación de personas influyentes. Lo encontramos primero en compañía del aventurero suizo Johann Jakob Heidegger el cual, a partir de 1709, se había hecho cargo del manejo de la ópera en el Queen’s Theatre de Haymarket.

Durante el reinado de Ana I (1702-1714), la vida musical en Londres se desarrolló de una manera comparable a la que había acontecido en los últimos 20 años de la centuria anterior. Henry Purcell y John Dryden habían dado forma a un tipo de ópera inglesa; pero la muerte de Purcell en 1695 le había puesto un punto final. La música italiana, debido principalmente al auge de los cantantes de ese origen que eran escuchados por el público inglés, se fue volviendo gradualmente más y más popular. En enero de 1705, sube a escena en el teatro Drury Lane, la ópera “Arsinoe, Queen of Cyprus” con música de Thomas Clayton y libreto de Peter Motteux. Los avisos de la época insisten en presentarla como ópera “en estilo italiano”; la edición de Arsinoe, poco después de su estreno, tiene un prefacio del propio Clayton. Allí el autor la presenta como la primera ópera en estilo italiano en ser presentada en un escenario inglés. La obra tuvo cierto éxito, aunque algunos críticos la recibieron con bastante desprecio. En realidad Clayton había visitado Italia y había traído una colección de canciones italianas; había pedido a Motteux que las tradujera y armara el libreto a partir de eso, y finalmente había puesto en música el libreto final. No conocemos cuánto de original tiene la música de Clayton y cuánto fue tomado por él de las canciones italianas. De todas maneras, su éxito con Arsinoe le permitió estrenar otra ópera, Rosamond, que no tuvo la misma suerte y no sobrevivió a las tres representaciones.

La victoria de los italianos en la escena inglesa se debió fundamentalmente a la aparición de un cantante y actor de magníficas condiciones: Nicolò Grimaldi, más conocido como Nicolini. No era el primer castrato en triunfar en Inglaterra: unos años antes Giovanni Grossi, llamado Siface, había tenido un éxito muy importante. La primera aparición de Nicolini en Londres fue en diciembre de 1708, cantando en italiano y en inglés. Se trató de la ópera Pirro e Demetrio de Alessandro Scarlatti. El enorme y grandísimo éxito resonó en todo Londres y los elogios a Nicolini abundaron en toda la prensa. El periodista Steele escribió en su crítica: “Por mi parte fui absolutamente deslumbrado por este actor, que con la gracia y la propiedad de la acción y los gestos, hace honor a la figura humana (...) Cada parte de su cuerpo colabora en la recitación, tanto que incluso un sordo podría comprender lo que dice”. Nicolini marcó el camino para que otros castrati de la época trascendieran  con una fama gigantesca: Senesino, Farinelli, entre otros.

En el tiempo en que Händel llega a Londres, la compañía de ópera de Drury Lane había pasado al nuevo teatro en Haymarket. El Queen’s Theatre había sido construído según el proyecto de John Vanbrugh en 1705. Recibió su nombre en honor de la reina Anne, y cuando ésta falleció en 1714, pasó a llamarse King’s Theatre. Un incendio lo destruyó en 1789. Se reabrió en 1791 y fue sede principalmente de títulos operísticos; tuvieron su premiere inglesa obras como La clemenza di Tito, Cosi fan tutte y Don Giovanni, de Mozart. Un nuevo incendio en 1867 obliga a reconstruirlo y finalmente la versión actual del teatro fue inaugurada en 1897. Su nombre en la actualidad es Her Majesty’s Theatre y se dedica esencialmente a la puesta de Musicales.

El Queen’s Theatre estaba siendo dirigido en ese entonces por Aaron Hill, un joven empresario de la misma edad de Händel. Parece bastante cierto que el cantante Giuseppe Maria Boschi, un bajo que había formado parte del elenco inicial de Agrippina en Venecia (ver artículo anterior, Sinfonía Virtual N°13) y que estaba en Londres formando parte del reparto de Hydaspes de Mancini cuya estrella principal era Nicolini, es quien convence a Hill para que invite a Händel a componer una ópera para el Queen’s. Hill toma como base la Gerusalemme Liberata de Tasso y pide a Giacomo Rossi que traduzca y adapte la obra para un libreto operístico. Händel va componiendo la música casi al mismo tiempo. Así nace “Rinaldo”, que fue compuesta en 15 días y
que tiene su estreno el 24 de febrero de 1711.

Se supone que la premura de Hill en la presentación de esta nueva ópera está relacionada con la difícil situación económica que tenía el teatro en ese momento. Necesitaba rápidamente un título que tuviera éxito, y Händel se lo dio. Rinaldo tiene 15 representaciones en esa temporada (hasta Junio) y coloca a su autor en una altísima reputación como compositor dramático. También eleva el parámetro de comparación con otras obras italianas.

 
Terminada la temporada, Händel vuelve a Alemania. El príncipe elector de Hanover, que a la sazón era todavía su patrón, venía pidiéndole explicaciones desde hacía un tiempo debido a la prolongada ausencia en sus deberes.  Evidentemente para Händel Londres tenía más atractivo que Hanover. Esta ciudad no realizaba funciones de ópera y sus obligaciones se limitaban a componer dúos de cámara para la Princesa Carolina von Ansbach. Nuestro compositor visita a su familia en Halle y permanece en Hanover hasta mediados de 1712, en donde obtiene un nuevo permiso para volver a Londres. La capital inglesa no sólo se presentaba ante él más promisoria sino más afin al mundo musical que había conocido en Italia.

Según Dent (2), para la mayor parte del siglo XIX los modelos operísticos händelianos eran el hazmerreír de los críticos. Nadie podía entender cómo esos públicos podían sentirse atraídos por historias antiguas y de héroes medievales que nadie conocía. El único medianamente familiar era Julio César, pero los episodios de su vida usados en las óperas eran frecuentemente sacrificados en función de la imaginación del libretista que creaba intrigas, personajes y hechos, y los presentaba en largas y elaboradas arias separadas por los recitativos.

Sin embargo, es muy interesante leer el punto de vista que nos ofrece el historiador musical Charles Burney en 1789: “Por lo menos la ópera es mucho mejor que el concierto para ser sólo escuchado y mejor que una pantomima escénica sólo para ser vista. Aún suponiendo que la comprensión (del idioma) sea totalmente imposible, tenemos una excelente unión de melodía y armonía, vocal e instrumental, para el oído. Y, de acuerdo a lo expresado por Sir Richard Steele sobre la actuación de Nicolini, es tan clara y significativa que hasta un sordo podría comprender de qué se trata.”

Continúa Burney con una no disimulada exageración: “Nadie discute que la comprensión del italiano  volvería al entretenimiento operístico algo más racional y completo; pero aún sin esa ventaja, déjenme recordarles a los amantes de la música, que la ópera es el más completo concierto que pueden tener; con una ventaja inclusive sobre la vida misma: que se encuentran en ella el más perfecto canto, los efectos y la potencia de los mejores grupos instrumentales, sumado frecuentemente a excelentes actuaciones, espléndidas escenas y decorados y números de danza. Todo esto por un precio inferior.”

Es claro que Burney analiza el fenómeno operístico casi desde una óptica “multimedial” si se me permite el término. Y sus posibilidades de adaptación fueron haciendo posible su supervivencia en el tiempo, aún cuando las temáticas y la manera de trasladarlas al hecho artístico están en permanente cambio.

Händel inicia su carrera londinense con un inmejorable impulso. De todas maneras sostener lo ganado no será una tarea fácil: el ambiente teatral será muy competitivo y le traerá no pocos sinsabores.

 

CITAS:

(1) Suárez Urtubey, Pola: Breve historia de la Música. Editorial Claridad, Buenos Aires, 1994.

BIBLIOGRAFÍA:

- DENT, Edward: Händel.

- MAINWARING, John: Memoirs of the life of the late George Frideric Händel, Londres 1760. Interesantísimo material, el primer libro sobre Händel. Disponible en Internet.

 


    Escrito por María Laura del Pozzo
    (Pianista. Profesora del Conservatorio Superior "Manuel de Falla")

    Desde España
    Fecha de publicación: Enero de 2010.
    Artículo que vió la luz en la revista nº 0014 de Sinfonía Virtual

 
 

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