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ÓPERA PARA TODOS (VI): VERDI
José Belmonte

            Giuseppe Fortunino Francesco Verdi, nacido el 10 de octubre de 1813 en la aldea de Roncole, a siete kilómetros de Busseto, y fallecido el 27 de enero de 1901 en Milán, es sin duda una de las “instituciones” del género operístico. Puede decirse que cambió el panorama de la ópera mundial y expresó como nadie el sentimiento del pueblo italiano. No sin razón fue considerado por muchos “un compositor del pueblo”, debido a su facilidad natural para conectar con lo profundo del espíritu popular.

            Hay quienes le han considerado un “animal de teatro” por su facilidad para convertir el género teatral en algo totalmente propio. Plasma atmósferas melodramáticas como ningún otro compositor y crea ambientes que envuelven al público en la mismísima trama, como si el hacerlo fuera algo innato al insigne compositor, y ello a pesar de su dedicación casi exclusiva al género trágico. Sólo al final de su vida dio un guiño a lo cómico, a lo humorístico en su música, con su ópera postrera: Falstaff.

            En lo relativo al canto, Verdi no cultivó el bel canto, aunque en ocasiones acude a él si lo considera necesario. José María Martín Triana sostiene que Verdi crea un nuevo “canto di bravura”, con el cual habría sustituido al belcantismo, acabando incluso con él.

            Verdi sabía caracterizar a sus personajes con su música, y esta caracterización persistía durante toda la ópera, de modo que podía identificarse a cada personaje, e incluso sus sentimientos y pensamientos, con un simple acorde o unos breves compases, sin necesidad de que apareciera en ese momento en la escena. Es curioso que Wagner, quien supo emplear el leitmotiv en sus óperas como nadie antes, tuviera este rasgo común con Verdi, cuya música sin embargo despreciaba.

            Tambien Verdi, al igual que el maestro de Bayreuth, intentó dar a sus obras una estructura sin pausas ni cortes. Pero a diferencia de Wagner, que no contemplaba distinción entre recitativos y arias, planteándolo todo como “obra de arte total” (en sus propias palabras), Verdi sí que diferencia unas y otras. Su empeño es darles un continuo durante la ópera. Pese a sus esfuerzos, sólo lo consigue al final de su vida, en sus últimas obras.

            El afán del compositor italiano era no aburrir al público. Ofrecer siempre algo nuevo que diera a su audiencia sabores novedosos para paladear sin caer en la desidia. Pero Verdi no será un compositor nacionalista al uso. Sus obras llamarán al espíritu del pueblo italiano sin apenas pretenderlo. Verdi toca la fibra del espíritu libre italiano con obras como Nabucco o La batalla de Legano, y se convertirá en uno de los estandartes de los revolucionarios italianos. Estos convertirán las óperas de Verdi en auténticos éxitos al grito de "VIVA VERDI" (Vitorio Emmanuel, Rey De Italia).

            Tras este breve comentario sobre Verdi, pasemos a saber algo más de dos de sus obras: Il Trovatore (1853) y Falstaff (1893). Quizá no sean de las más representadas en comparación con Rigoletto o La Traviata (por poner un ejemplo), pero eso es un detalle que nos ha animado a escogerlas. Además, fueron creadas en distintas etapas vitales de Verdi (existen 40 años de diferencia entre una y otra) y pertenecen a géneros distintos, lo cual las hace doblemente interesantes. Vamos allá.

IL TROVATORE

  1. Ópera en cuatro actos, con libreto de Salvatore Cammarano y Leon Enmanuele Bardare. Basada en la obra teatral del mismo nombre de Antonio García Gutiérrez.
  2. Estreno: Roma, 19 de Enero de 1853

            Verdi sentía especial fascinación por el drama del gaditano García Gutiérrez. El personaje de la gitana Azucena le atraía especialmente por su paralelismo por el personaje de Rigoletto, obra estrenada anteriormente, en tanto personaje marginal de la sociedad. Le propuso esta obra como base del libreto de su ópera a Salvatore Cammarano (1801-1852), quien no podría ver concluida su obra al fallecer poco tiempo antes de terminarla. Leone Emanuele Bardare (1820-1874) pasó así a convertirse en el encargado de finalizar el libreto. Se da el caso de que tuvo que modificarse la escena del suicidio de Leonora a instancias de la censura.

            Con relación al libreto hay discrepancias en torno a su adecuación a la altura de la música de Il Trovatore. Casi todos opinan que Cammarano estaba demasiado influido por los convencionalismos teatrales de la época y que el libreto no alcanza, por tanto, la altura de la música. Cuando la escuchamos nos damos cuenta de que, efectivamente, hay ocasiones en las que la música va muy por encima del libreto. Verdi encadena melodías bellísimas en esta ópera pese a la endeblez del libreto.

            Il Trovatore se compuso prácticamente a la vez que La Traviata, componiendo así, junto a ésta y Rigoletto, la gran trilogía de Verdi en esta primera etapa de su vida. Es una opinión generalizada que esta ópera no encaja con las otras dos precisamente por la escasa calidad de su libreto, aunque musicalmente también todos reconocen la maravillosa música de que está dotada. Toscanini comentaba que sólo las cuatro mejores voces existentes en el momento podrían ser dignas de cantar la música de Il Trovatore.

            Mencionemos algunos momentos destacados de esta ópera:

  1. “D´amor sull´ali rosee”, una hermosa aria para algunos de las más bellas jamás compuestas.
  2. “Miserere" y el coro de "los herreros".
  3. “Di quella pira”, aria de tenor, con un par de dos agudos al final, no escritos por Verdi, pero legitimados por Carlo Bacaurdé, el tenor que estrenó la partitura.

Personajes

  1. Manrico: oficial del ejército del conde de Urgel, tenor lírico-spinto
  2. El Conde Luna: enemigo de Manrico, barítono
  3. Leonora: noble enamorada de Manrico, soprano dramática
  4. Inés: amiga de Leonora, soprano
  5. Azucena: gitana y madre de Manrico, mezzosoprano
  6. Ferrando: jefe de la guardia del Conde Luna, bajo
  7. Ruiz: lugarteniente de Mantico, tenor

Argumento

Acto I (Desarrollado en dos cuadros)

Cuadro I.

            Es de noche, en el patio del palacio de la Aljafería. Los soldados montan guardia por orden del Conde Luna, para atrapar a un trovador que ronda el palacio, enamorado de Leonora. Le piden a Ferrando, su jefe, que les cuente la historia del hermano del Conde, muerto al ser arrojado al fuego por una gitana, en venganza de la muerte de su madre, quemada por bruja    
           

Cuadro II.

            En los jardines del palacio, Leonora cuenta a su amiga Inés cómo se ha enamorado de un trovador que le da serenatas, y cómo lo conoció en un torneo, antes de que estallara la contienda entre el Conde de Urgel y los fieles a Fernando de Antequera, entre los que se encuentra el Conde Luna. Cuando se retira Inés suena el canto del trovador y se encuentran el Conde Luna, que está enamorado de Leonora, ella misma y Manrico. Los dos hombres desenvainan las espadas, prestos a batirse en duelo.

Acto II (Desarrollado en dos cuadros)

Cuadro I.

            Manrico duerme a los pies de su madre mientras amanece en el campamento, en un monte de Vizcaya. Mientras los gitanos comienzan sus labores del día, la gitana mira ensimismada el fuego y recuerda la muerte de su madre gritando venganza y recordando cómo arrojó a un niño a la hoguera. Manrico cuenta a su madre  cómo algo le impidió matar al Conde Luna cuando se batió en duelo con él. Ruiz se presenta en ese instante y le comunica a Manrico que debe tomar el castillo de Castellar y que Leonora va a tomar votos de monja al creerlo muerto en la última batalla. A pesar de los ruegos de su madre (Manrico duda que él sea su verdadero hijo), éste parte a cumplir su deber y a ver a su amada.

Cuadro II.

            Isabela, rodeada de monjas se encuentra en el claustro de un convento. Fuera, el Conde Luna y sus seguidores planean raptarla, ya que el noble la ama. Cuando se aprestan a entrar, aparecen Manrico y sus soldados, que vencen al conde. Manrico parte con la joven.

Acto III (Desarrollado en dos cuadros)

Cuadro I.

            En el campamento del Conde Luna, los soldados preparan sus armas para la batalla. Llega Ferrando con la noticia de que han apresado a una gitana que merodeaba por el campamento, es Azucena. Esta cuenta que ha perdido a su hijo y que lo anda buscando. Ferrando reconoce a la gitana que arrojó al hermano del Conde Luna al fuego y así se lo dice al noble. Azucena pide socorro nombrando a Manrico. El conde ve la oportunidad de vengar a su hermano y las afrentas del trovador.
           

Cuadro II.

            Salen del palacio de Castellar Lenora y Manrico. Los dos van a celebrar su boda y cantan al amor y a la victoria final de la justicia. Llega Ruiz con la noticia de que el Conde Luna piensa ejecutar a Azucena. Manrico, loco de furia, corre a salvar a su madre.

Acto IV (Desarrollado en dos cuadros)

Cuadro I.

            En el patio del Palacio de la Aljafería, al fondo una torre en la que se encuentra prisionero Manrico. Los monjes entonan el miserere por los prisioneros que van a ser ajusticiados mientras Manrico se despide de la vida  y de su amada. No sabe que Leonora está dispuesta a dar su vida si es necesario para salvarle. La mujer se dirige al Conde Luna y le pide que deje libre a Manrico. Si lo hace, ella se quedará con el noble. Este accede muy contento, sin saber que Leonora planea envenenarse para no ser del Conde.

Cuadro II.

            En un calabozo, Azucena y su hijo esperan la muerte. Manrico pide perdón a su madre por no haber podido salvarla, mientras ella le consuela. Entra Leonora diciéndole a Manrico que puede irse, mientras ella se queda con el Conde. El trovador la desprecia sin saber el sacrificio que su amada ha hecho por él. Entra el Conde y Leonora cae en brazos de Manrico confesándole la verdad antes de morir.

            El noble, furioso, manda a Manrico al patíbulo mientras hace que despierten a Azucena para que vea morir a su hijo. La gitana le confiesa que no arrojó a la hoguera a su hermano, sino a su propio hijo en un error, y que Manrico es en realidad el hermano del Conde. Azucena muere gritando venganza mientras el Conde queda maldiciéndose a sí mismo.

 

FALSTAFF

  1. Ópera en tres actos, con libreto de Arrigo Boito basado en "Las alegres comadres de Windsor", y en "Enrique IV", de Shakespeare
  2. Estreno: Milán, 9 de Febrero de 1893.

            Fue el propio Rossini quien expresó públicamente su idea de que Verdi jamás podría escribir una ópera cómica, lo que  irritó profundamente al autor de Rigoletto. Pasados unos años y tras un silencio prolongado del compositor, éste escribe una de las más prodigiosas óperas cómicas italianas.

            Fue el libretista Arrigo Boito quien puso en manos de Verdi un libreto basado en la obra shakesperiana “Las alegres comadres de Windsor”, y también en menor medida las obras del dramaturgo inglés, “Enrique IV” y “Enrique V”. Boito, al igual que hizo con “Otello” relizó una magnífica labor de síntesis de la obra de Shakespeare, añadiendo algún toque personal. Con ello el éxito fue atronador.

            Verdi utiliza algunas melodías como elemento caracterizador de determinados personajes, pero sin llegar al “leitmotiv” wagneriano. Resulta paradójico que Verdi, tras un gran número de tragedias como epílogo  de su obra vital, la rematara con este epílogo en forma de ópera cómica, una de las más emblemáticas de las óperas cómicas italianas.

            Hay muchos pasajes en Falstaff dignos de ser destacados, nos bastará con nombrar los siguientes:

  1.  “Che e  dunque l´onore? Una parola?””: Monólogo de Ford.
  2. “Sul fil d´un soffio ettesio”: Aria de Nannetta.
  3. “Tutto nel mondo e burla””: Espectacular fuga final.

Personajes

  1. Sir John Falstaff: barítono
  2. Ford: rico burgués, barítono dramático
  3. Fenton: enamorado de Nanetta, tenor lírico
  4. Dr. Caius: amigo de Ford, tenor lírico
  5. Alice Ford: soprano lírica
  6. Meg Page: mezzosoprano
  7. Mrs. Quickly: contralto
  8. Nanetta: hija de los Ford, soprano lírica
  9. Bardolfo: secuaz de Falstaff, tenor ligero
  10. Pistola: secuaz de Falstaff, bajo

Argumento

Acto I (Desarrollado en dos cuadros)

Cuadro I.

            En la taberna de la Jarretera, el doctor Caius, furioso, acusa a Falstaff de haberle emborrachado y de que sus secuaces han robado su bolsa y golpeado a sus criados. Este, riéndose de las amenazas, va a pagar la cuenta y reprende a sus criados de haber pedido mucho, lo cual no es bueno ni para su bolsillo ni para su salud.
            Acto seguido les cuenta las dos conquistas que ha hecho encargándoles les lleven unas cartas. Bartola y Pistola se niegan aduciendo su honro de ladrones. Falstaff hace el encargo a otros criados y echa a sus secuaces a escobazos del local, poniendo en duda su “honor” de ladrones.

Cuadro II.

            Alice y Nannetta reciben la visita de Mrs.Page y Mrs. Quickly. En la conversación Meg y Alice se cuentan que han recibido una carta de Falstaff. Ambas se sorprenden de recibir cada una de ellas una misiva de este personaje. Al compararlas se dan cuenta de que son iguales, por lo que deciden gastarle una broma.

            Se aproximan Ford, Caius y Fenton. Bartola y Pistola han avisado el primero de las cartas de Falstaff, por lo que decide darle una lección. Aprovechando el concilio, Fenton aprovecha para reunirse con su amada Nannetta, a quien quieren casar con Caius. Alice concierta la cita con nuestro gordo personaje.

Acto II (Desarrollado en dos cuadros)

Cuadro I.

            En la taberna de la Jarretera, Bartola y Pistola piden perdón a su jefe, fingiendo estar arrepentidos y le cuentan que afuera le espera una dama. Es Mrs, Quickly, quien dice a Falstaff que debe acudir a la cita con Alicia entre las dos y las tres de la tarde, cuando Ford no está en la casa. De todos modos a Meg no podrá verla, pues su marido la tiene siempre encerrada bajo llave.  Nuestro héroe le da una propina y esta se marcha.

            Aparece Ford, caracterizado como el Sr. Fontana. Entregándole una bolsa de dinero le pide a Falstaff que conquiste a Alice, para así poder llegar más fácilmente a casarse con ella. Falstaff sale un momento para arreglarse, riéndose del destino de carnudo de Ford, y este, al quedarse solo, estalla, loco de celos.

            Cuando vuelve Falstaff, ambos salen de la taberna.

Cuadro II.

            En la casa de los Ford, Mrs. Quickly cuenta a Alice su encuentro con Falstaff. Alice, ante las quejas de Nannetta por su posible matrimonio con Caius, le asegura que solo se casará con Fenton, a quien Nannetta dice amar.

            Cuando entra Falstaff y ve a Alice, considera que la tiene conquistada ya con su sola presencia. Mrs Quickly, de pronto, entra en la estancia y advierte que Ford está llegando a la casa acompañado por sus amigos, por lo que esconden a Falstaff tras un biombo.
            Cuando llegan los hombres y comienzan a registrar toda la casa, consiguen meterlo en un cesto de ropa sucia, mientras Fenton y Nannetta aprovechan la confusión para esconderse tras en biombo y hablar de amor. Ford se acerca al biombo y lo tira al suelo creyendo tras él están su mujer y Falstaff. Al ver a los dos jóvenes se muestra sorprendido, pero no les presta demasiada atención.

            En la confusión, las mujeres han conseguido tirar el cesto de la ropa sucia, con Falstaff dentro, por la ventana, al río. Cuando Ford vuelve a entrar en la estancia, Alice le señala por la ventana a Falstaff, flotando en las aguas.

Acto III (Desarrollado en dos cuadros)

Cuadro I.

            Falstaff, fuera de la taberna, se recupera del susto, y se lamenta del mundo en el que vive. Al probar el vino caliente, entra en éxtasis y elogia la bebida. Aparece Mrs. Quickly con una misiva de Alice. La mujer le cita en el parque de Windsor esa misma noche, pidiéndole que se vista del cazador negro que, según la leyenda, se ahorcó del cedro encantado. Falstaff, que en principio se niega, acaba aceptando.

            Todos planean cómo será la próxima lección que le darán al pícaro Falstaff. Ford también planea, aprovechando los disfraces, fijar la boda de Nannetta con Caius, pero Alice, que lo sabe todo, no planea lo mismo.

Cuadro II.

            Fenton canta una romanza de amor, esperando que comience la broma. Al llegar Alice y Nannetta, la madre de esta cambia los disfraces de los jóvenes para que su marido no pueda llevar a cabo el enlace matrimonial con Caius.

            Falstaff aparece con una enorme cornamenta de ciervo. Cuando ve a los personajes disfrazados, los toma por reales y no quiere ni mirarlos pues teme por su vida. Todos le pellizcan  sin piedad. Al ver a Bartola, Falstaff se da cuenta de la broma, y a pesar de ello lo toma con filosofía.

           
            Ford se dispone a bendecir la unión entre Caius y la que cree su hija cuando su mujer le comenta que hay otra pareja a la que le gustaría que él bendijera. Ford no se opone y así lo hace. Al quitarse los antifaces se da cuenta de que la pareja a la que ha bendecido no es otra que Nannetta y Fenton. Falstaff ríe pensando que no solo él ha sido el burlado, Alice comenta que en realidad lo han sido él , Ford y Caius, y empuja a su marido a que bendiga una vez más el enlace entre los dos enamorados. Falstaff afirma que todo el mundo es burla y que quien ríe el último, ríe mejor. Todos repiten la moraleja.                                                                                                                                                                                                            
           

             
Escrito por José Belmonte
Desde España
Fecha de publicación: Julio de 2010.
Artículo que vió la luz en la revista nº 0016 de Sinfonía Virtual

 
 

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