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IN RE DON SALIERI
Antonio Pardo Larrosa

Ya va siendo hora de que alguien cuente esta historia como realmente sucedió. Las vidas enfrentadas de estos dos genios y colegas de profesión, Wolfgang Amadeus Mozart y Antonio Salieri, no son lo que a simple vista parecen. Siendo objetivos nos encontramos ante un hecho consumado, y es que a lo largo de nuestra historia, los medios de todas las épocas, la opinión publica, los propios músicos y artistas y algún que otro aprovechadillo de la industria cinematográfica yanqui, han contribuido, sobre manera, a que el nombre del gran compositor italiano Antonio Salieri quede mancillado en aras de la eternidad.

Esta es una breve reflexión, unas cuantas palabras, sobre la vida y la obra de un genio, que nace del profundo afecto y respeto que siento, ora por la música, ora por la verdad y la justicia, aunque en ocasiones esta quede velada por la mezquindad de unos cuantos enteradillos. No es mi intención la de establecer paralelismos entre uno u otro compositor, cada uno tiene lo suyo, pero si quiero narrar los hechos como pienso que realmente ocurrieron, para poner a cada uno en el lugar que le corresponde. Sin más, esta es mi modesta contribución a la historia que cuenta la vida del gran maestro Antonio Salieri.

Primero la música y luego las palabras

Luego las palabras… Cuanta razón tenía el bueno de Salieri. Esas palabras que antaño fueron parte de un todo armónico ahora resuenan huecas y vacías en el oído del mundo. Palabras de amor convertidas en odio… Una historia no contada golpea nuestra conciencia dibujando los trazos de una vida que aún esta por contar. Las palabras son aladas… Cuanta razón tenía el rapsoda, cuanta verdad poseían sus palabras… y estas, las mías, Maestro Salieri, vuelan hacia ti…

Tú no mataste a Mozart

Nacido en la ciudad italiana de Verona, el joven Antonio Salieri soñaba con ser como el pequeño Mozart. En la Viena clásica de la primera mitad del siglo XVIII las delicadas manos de un niño prodigio llamado Wolfgang Amadeus Mozart deleitaban a músicos, monarcas y papas mostrando al mundo su divino genio creativo. Salieri, seis años mayor que Mozart, albergaba en su pequeña y modesta casa de Legnago la sana esperanza de ser como él, anhelando en su fértil imaginación la loable idea de escribir para príncipes y Reyes, interpretando sus obras en los grandes teatros de Viena, ciudad de la música. De la mano del compositor Bohemio Leopold Gassman, gran compositor de óperas y maestro de Salieri, el joven músico llegó, de puntillas, a la capital Austriaca. Gracias a su gran profesionalidad y como no, a su enorme talento para la música, el joven compositor se convirtió en uno de los músicos más prometedores de su tiempo. Con gran tesón y una fuerte convicción en sus propias posibilidades Antonio llegó a la corte del emperador José II de Habsburgo, “Rey de la música”, donde alcanzó por meritos propios el cargo de maestro de cámara en la corte imperial en Viena. Fue consejero del emperador en asuntos musicales e incluso cuentan que no dudaba en corregir sin temor alguno los ojos reales durante las lecciones que el gran maestro le dispensaba. Salieri fue uno de los compositores mas respetados de su época, sus obras fueron aclamadas por la crítica y el público en la Viena de los genios, cuna de la música, y elevado a los altares en París, ciudad de la luz, donde su ópera Tarare, estrenada en el año 1787 fue considerada una de sus obras maestras y quizás la ópera más importante escrita hasta la fecha. Gracias a su privilegiada situación Salieri emprendió una brillante carrera como profesor, entre sus alumnos se encontraban un joven y talentoso compositor, arisco, desaliñado y medio sordo, un pianista de latos vuelos llamado Franz Liszt, Hummel, Czerny e incluso uno de los hijos del matrimonio Mozart. Pero Salieri sentía absoluta devoción por un joven y prometedor compositor alemán llamado a ser uno de los grandes sucesores del genio de Bonn, este no es otro que Franz Schubert, su alumno predilecto, que fue el encargado de dirigir entre copiosas lágrimas el Réquiem que su amado maestro había compuesto tiempo atrás, quizás pensando en su propia muerte.

 Pero más allá de cualquier consideración histórica y cultural el nombre de Antonio Salieri ha pasado a la posteridad no por su gran talento musical, del cual andaba más bien sobrado, sino por la truculenta historia que de un modo cruel lo emparentó con el genio Salzburgués durante la época que les tocó vivir. Antonio Salieri será recordado por su infundada rivalidad con Wolfgang Amadeus Mozart. Acusado de plagio y de posible asesinato el nombre de Antonio Salieri quedó manchado, primero por la obra del poeta ruso Aleksandr Pushkin cuyo texto fue musicalizado por el compositor ruso Nikolai Rimsky-Korsakov en su ópera “Mozart y Salieri”, y segundo por el dramaturgo británico Peter Shaffer cuya obra de teatro “Amadeus” sirvió para dar a conocer al mundo la inexistente rivalidad entre el genio de Salzburgo y el maestro Salieri. Algunos años más tarde esta obra fue llevada a la gran pantalla por el afamado director de cine checo Miloš Forman en su oscarizada producción cinematográfica Amadeus. Para empezar todo esto carece de rigor histórico. La relación entre Mozart y Salieri fue de enorme respeto. Esta probado que ambos disfrutaron de una cordial amistad. No debemos pensar, pero así lo hacemos, que la rivalidad que siempre ha existido entre colegas de profesión pueda ser la base sobre la que se sustente esta descabellada teoría de la conspiración. Los genios, genios son y sus rencillas profesionales caben dentro de lo comprensible. Lo verdaderamente asombroso de todo este asunto es la imagen que a lo largo de los años la mayoría de los aficionados a la música tienen de Salieri. Si saliéramos a la calle y realizáramos una pequeña encuesta preguntando aquí y allá quien es el músico Antonio Salieri, estoy convencido de que por unanimidad todos responderían: “... si, ese fue el que mató a Mozart, no?...”. Cuando pensemos en Antonio Salieri hagámoslo sabiendo que el gran maestro hizo grande al noble arte de la música, no solo por sus extraordinarias y olvidadas obras inmortales, sino también por su maravillosa pedagogía musical, gracias a la cual el mundo le concedió el calificativo de “Maestro de Maestros”. Gracias amado Salieri... Sin su desinteresada labor pedagógica este desdichado mundo jamás hubiera visto la gloria de los grades genios de la música, como Beethoven, Schubert, Hummel, Czerny, o el virtuoso pianista húngaro Franz Liszt. La cuestión fundamental de toda esta historia es que a Antonio Salieri le sucedió lo que a otros muchos compositores de su época, es decir, fue víctima de su propio estilo. Fiel a sus ideas musicales, durante años su obra fue interpretada con éxito en la mayor parte de Europa, llenando con su óperas los teatros más importantes del mundo, deleitando a Monarcas, papas y demás personas de la sociedad de su época, pero en los últimos años de su vida asistió como espectador de excepción al declive de sus propias obras, observando como la ópera italiana de Giacomo Rossini y las novedosas sinfonías de Ludwig Van Beethoven, entre otros, despertaban en el público europeo una pasión desmedida que dejaron en un segundo plano las composiciones del maestro Veronés. Salieri ya no se interpretaba, su obra no interesaba a nadie, su nombre quedó olvidado, y lo que es peor, la historia, nuestra historia nunca le otorgaría una segunda oportunidad. Todo esto sumió al anciano compositor en una profunda y definitiva depresión lo que propició que fuera internado en un sanatorio psiquiátrico donde esperó con resignada paciencia la llegada del anhelado barquero. Pero nada más. Todo lo que vino después es literatura barata, amarillismo puro y duro. Créanme si les digo que el descubrimiento de su obra ha supuesto para mi uno de los placeres más gustosos de los últimos años.

Si nos adentramos en el universo musical de Antonio Salieri encontraremos, sin lugar a dudas, una extraordinaria paleta de colores. Fue un creador muy prolífico que ahondó en todos los géneros musicales de su época. En la ópera, con su espectacular Tarare, Salieri rozó la perfección escénica. Su música religiosa tuvo en su sentido Réquiem la máxima expresión de la melodía sacra. La escucha de sus pequeñas y jocosas piezas para orquesta de cámara, como su delicada “Musica para conjuntos de viento”, así como sus monumentales obras sinfónicas -recuerdo ahora con especial sensibilidad su “Concerto in C major para Flauta, Oboe y Orchestra”,- muestran la enorme versatilidad de este genio del siglo XVIII. Olvidar a Salieri, es olvidar una parte fundamental de la historia de la música clásica. Obviar su excelsa contribución a la música por razones que nada tienen que ver con el arte resulta ante todo una provocación a la inteligencia del ser humano. Busquemos la verdad... su verdad, y hallaremos a un ser extraordinario que ofreció al mundo maravillosos momentos de creatividad.       

Amigo personal de Haydn, Gluck, Piccini y Hasse, entre otros, Antonio Salieri fue un extraordinario compositor que el tiempo, el lápiz y la imagen ha relegado a un segundo plano proyectando al mundo la idea de un ser malicioso, envidioso y pendenciero, pero la cruda realidad es que si nuestro amado Mozart regresara de entre los muertos escribiría la gloria de Antonio Salieri con los trazos de un verdadero genio.

 


Escrito por Antonio Pardo Larrosa
Parlaran1975@hotmail.com
Desde España
Fecha de publicación: Abril de 2011.
Artículo que vió la luz en la revista nº 0019 de Sinfonía Virtual

 
 

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