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¿QUÉ PASA CON LA CUERDA ALTA (VIOLÍN/VIOLA) EN ESPAÑA? ANÁLISIS DEL MOTIVO DEL NOTORIO DÉFICIT DE PROFESIONALES EN ESTE CAMPO
Juan Krakenberger

Cuando hace más de treinta años decidí fijar mi domicilio aquí en España lo hice porque me atraía, entre otras muchas cosas, el gran talento de los jóvenes para llegar a dominar los instrumentos más difíciles: el violín y la viola. Ya en el pasado, hace un siglo, España estaba representada entre la docena, más o menos, de violinistas famosos en el mundo. Y no me arrepiento de aquella decisión: tuve la suerte que dos de mis ex alumnos tienen actualmente una carrera internacional exitosa – creo que son más conocidos fuera que dentro de España.

Durante los últimos 70 años, las cosas han evolucionado, y hoy en día tenemos en el mundo unas cuantas centenas de violinistas/violas que tocan tan bien como aquella docena de celebridades de antaño, fruto de la evolución de la pedagogía que incorporó nuevos métodos gracias a los avances de las ciencias relacionadas con la neurología, fisiología, psicología, etc. Pero, lamentablemente, España no siguió este mismo avance, porque en la época en que se produjeron estas novedades, aquí reinó una situación política muy difícil y el aislamiento cultural que esto trajo aparejado impidió que esta evolución se impusiera aquí.  

Quisiera empezar formulando un símil sencillo que todo el mundo ha de entender: en deportes, España está jugando un rol destacado en el mundo. ¿Y qué es deporte?  Muy simple: la combinación inteligente de la cabeza con los músculos del cuerpo para conseguir los resultados anhelados. Pues tocar el violín o la viola es exactamente lo mismo: una perfecta ósmosis entre mente y cuerpo – otros músculos, por supuesto, pero músculos, al fin y al cabo.  El talento para conseguir esta combinación mente/cuerpo son las ganas de superación, en la materia escogida, que actúan como una segunda naturaleza del jovencito español – de ahí el éxito en asuntos deportivos. Al joven español le encanta triunfar, y para ello no escatima esfuerzos especiales. ¿A qué se deben entonces los malos resultados en materia de cuerdas altas? En otros instrumentos, yo calificaría la situación como normal, pero en cuerda alta no, y es el objetivo de estas líneas analizar las causas de tal fracaso, inesperado para mí por los motivos ya expuestos.

Para comprender estas causas, hay que analizar con detenimiento cuales son los problemas que el dominio del violín/viola debe encarar. Empiezo por algo básico: la postura corporal idónea para tocar estos instrumentos. Ocurre que – al contrario de los otros instrumentos musicales – el violín se toca de manera asimétrica: el brazo derecho con pronación (giro en la misma dirección de las agujas del reloj) y el izquierdo con supinación (giro en dirección contraria). Como el ser humano funciona básicamente con simetría – nos es mucho más fácil y cómodo hacer lo mismo con ambas manos que hacer cosas distintas – la única manera de hacer algo asimétrico de manera natural y con soltura es empezar a hacerlo antes de adquirir costumbres simétricas, o sea, a temprana edad. Yo me he hecho el trabajo de indagar, en Internet, la edad de unos cien violinistas jóvenes internacionales que se están destacando en el mundo, ya sea grabando discos, o tocando como solistas – todos con nombres que nunca había oído nombrar antes. Pues el resultado fue contundente: un 95% de ellos, aproximadamente, empezó su andadura sobre el instrumento a temprana edad – la mayoría entre los 4 y 6 años, y unos cuantos antes de esto.  Esto en España es diferente: las Escuelas Municipales de Música admitían alumnos a los 6 años, y éstos recibían, para empezar, dos años de cursos práctico/teóricos de música, a los cuales no tengo nada que objetar. Pero esto traía aparejado, que empezaban su andadura sobre el instrumento recién a partir de los 8 años. Y por lo visto, esto es demasiado tarde: a esa edad la gran mayoría ya sabe comer con cuchillo y tenedor – actividad bastante simétrica para brazos y muñecas. Me dicen que ahora tratan de empezar con la enseñanza de ciertos instrumentos ya a los seis años, lo que constituye una buena noticia: pero antes aún sería todavía mejor.  

¿Por qué es esto tan importante en este caso? La respuesta es bastante lógica y sencilla: una postura natural trae aparejado soltura y capacidad sensitiva en la punta de los dedos, esencial para lograr un buen sonido y una afinación pura. Si el alumno ya ha adquirido costumbres simétricas, la postura para tocar el violín queda un tanto forzada, los hombros no están sueltos, y entonces la sensibilidad de los dedos queda mermada. Esto lo puede experimentar cualquiera consigo mismo: ponga los hombros tiesos, y pase una pluma por la punta de sus dedos. Repita lo mismo con los hombros sueltos, y notará inmediatamente la diferencia.  ¿Y porque es tan importante esta sensibilidad en la punta de los dedos? Porque allí se captan vibraciones, la mayoría subliminales, que vienen de las cuerdas y del arco, indispensables para una perfecta afinación y un sonido puro. Se trata, en la mano izquierda, de la captación de “vibraciones en simpatía”, muy sutiles pero enormemente importantes,  para que las notas se afinen con esmero. Es bien sabido que el ser humano es bastante hedonista, o sea, que le gusta recibir satisfacciones: pues bien, esta soltura y sensibilidad en la punta de los dedos trae precisamente esto, y es esa la razón por la cual a un buen violinista le gusta tocar su instrumento: le llena de satisfacción, aun cuando esta se provoca de modo subliminal.

Si se empieza tarde la andadura sobre el instrumento, lo más probable es que se produzca una rigidez, defensa del organismo contra la asimetría arriba descrita. Esto es suficiente para que la sensibilidad requerida no sea suficiente. Y solamente unos muy pocos podrán librarse de esto, mediante un entrenamiento largo y duro. O dicho, en otras palabras: si el material humano que llega a los grados medio y superior de los conservatorios traen esta rigidez ya instalada, es poco probable que lleguen a tocar con la pureza que hoy en día se exige en las orquestas. Una de las evidencias palpables de lo que antecede es la práctica ausencia de los cuartetos de cuerda formado por estudiantes de los conservatorios. Como adolecen de este defecto, el sonido que un cuarteto así produce no satisface y no puede ser mostrado en público.

Yo no digo que de vez en cuando no se pueda producir una especie de milagro y alguien se salva de esta situación. Hace cien años esto también sucedía. Pero el número de personas a quien esto sucede es muy reducido, porque esto se halla reservado a genios, y no alcanza para las necesidades de un país. En las dos mejores orquestas de España, no hay apenas violinistas y violas que se han formado aquí y no comprendo como una situación tan negativa no reciba una mayor difusión: todo el mundo se calla, aceptando la derrota. ¿Por qué? Prefiero no contestar a esta pregunta, por la sencilla razón que los culpables de esta situación son ellos mismos también víctimas de lo mismo. Lo único que no entiendo es la falta de coraje con que se afronta semejante situación. Porque hay un caso excepcional, donde sí se ha afrontado el problema, y con éxito: En Aragón las cosas funcionan normalmente. ¿Por qué no se imita este ejemplo?
En definitiva, se  requiere dos cosas: la necesidad de empezar la andadura sobre el instrumento a temprana edad, y una pedagogía que estimule,  desde el principio, la soltura necesaria de hombros, brazos, y muñecas. Un breve cursillo, mostrando como esto se logra, podría ser grabado en Internet y todo profesor de los novatos debería ser obligado a visionarlo. Si en otros países, esto ha tenido el éxito que ya hemos mencionado, no hay razón alguna porque aquí, con el talento innato de nuestros jóvenes, no se obtengan muy pronto buenos resultados. Si no se hace esto, mucho me temo que la situación actual perdurará, y esto dejaría el país malparado, por decirlo de forma suave.

Lo que más me duele es que, de seguir igual, muchas ilusiones de centenas de jóvenes se destrozan. Al respecto, y antes de terminar, quiero narrar un ejemplo, que viví recientemente: un joven de 20 años, egresado de los conservatorios locales, me cuenta que toca el violín, que fue a Viena a mostrar sus aptitudes a una célebre profesora, y que ésta le dijo: “Tienes talento, eres musical, pero tocas el violín de forma rígida – eres tieso de cuidado. Así nunca podrás expresar lo que quieres. Búscate un profesor que te afloje”. Buscó, y me encontró. Trabajé con él algo más de tres meses, de forma intensiva – dos clases por semana – y como efectivamente tenía mucho talento, su organismo adoptó con rapidez sorprendente los nuevos impulsos que sentía, y además su satisfacción de tocar el violín aumentó notablemente. Pues, el fin del cuento es, que éste joven ya es alumno del Mozarteum de Salzburgo, una de las mejores escuelas del mundo, muy estricta al examinar y admitir nuevos aspirantes. ¡Sencillamente no es admisible que casos así ocurran aquí! Ya sé, se trata de un caso bastante excepcional – pero creo que habrá unanimidad al insistir que un sistema que no sabe potenciar a los talentos natos es inadmisible. Y por supuesto, a ello se suma la más que probable pérdida de otro buen profesional ya que mucho me temo que él se quedará en el  extranjero, después de lo que vivió aquí.  

No es casualidad que un alto porcentaje de los violinistas y violas españoles que trabajan en una orquesta nacional deben acudir a sesiones de fisioterapia, con regularidad, por los dolores que sufren. Esto está en directa contradicción con el hecho relevante que sigue: tocar bien el violín y la viola es eminentemente sano. O dicho al revés: una mala pedagogía de cuerda alta es un atentado contra la salud pública.

La osmosis mente/cuerpo que trae aparejado la práctica del violín rejuvenece al organismo, y casi todos los buenos instrumentistas de cuerda alta llegan a ser nonagenarios. Son las cobayas preferidas de los psico-neurólogos -  estos especialistas que investigan la función del cerebro con electrodos sobre la cabeza cuyas reacciones miran en una pantalla. Un pequeño pinchazo, que causa unos milímetros de reacción en cualquier persona, ocasiona una reacción muchísimas veces mayor en un violinista. Cuando la ciencia haya avanzado aún más en esta materia, y publicará los resultados, todos los padres interesados por el bienestar de sus hijos, querrán que aprendan el violín, porque esto es sano, y estimula la inteligencia.   Confío que  cuando llegue este momento, la pedagogía y todo el sistema de la enseñanza de cuerdas altas en España se hayan puesto al día.

 

Escrito por Juan Krakenberger
Desde España
Fecha de publicación: Julio de 2011.
Artículo que vió la luz en la revista nº 0020 de Sinfonía Virtual

 
 

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