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El baúl de las sorpresas. Una aproximación a los cuartetos de cuerda de Beethoven en forma de diálogo

Joaquim Zueras Navarro
Crítico musical



(Nº 32, Invierno, 2017)


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A VUELAPLUMA


- Pienso que los cuartetos de cuerda de Beethoven son más representativos que sus sonatas para piano y sus sinfonías, por lo que me han reñido más de una vez.

- No se aflija: muchos melómanos se enfadan con frecuencia, como Beethoven.

- Beethoven conocía muchos cuartetos de Haydn y Mozart. Los había escuchado en el palacio del conde Lichnossky y había copiado varios para estudiarlos con detenimiento. Pensaba que el cuarteto de cuerda era el género más exigente y modificaba los suyos una y otra vez antes de editarlos.

- Y dejó el listón bien alto.

- Tanto que, por ejemplo, los compositores franceses no se atrevían a abordar el género o lo hacían a una edad avanzada, costumbre a la que puso fin Debussy, lo que algunos consideraron una osadía. César Franck, tras tener como libro de cabecera los cuartetos de Beethoven, compuso el suyo el 10 de enero de 1890, año de su fallecimiento. Tenía 68 años.

- ¿Podemos agruparlos por periodos?

- Sí, se observan tres con claridad: el cásico, el romántico y el llamado “la etapa esotérica”.

- Pasemos pues al primer periodo.

- Beethoven había llegado a Viena en 1792, a la edad de 22 años, bajo el mecenazgo del conde Waldstein. Todo lo absorbe, todo lo asimila. Compone los seis primeros cuartetos a partir de 1797, que dedica a su maestro Haydn: los Op. 18. Son exuberantes, con muchos episodios de bravura que ponen a prueba al ejecutante. La influencia de Haydn y de Mozart es manifiesta, aunque ello no encorseta su personal lenguaje, siempre libre e imaginativo.

- ¿Qué destacaría de estos primeros cuartetos?

- En el trágico Adagio del Nº 1, según confesión del autor a su amigo Amenda, describe el drama de dos amantes en el momento de separarse; un diálogo  desgarrador, lleno de lamentos de intensidad creciente. En el Nº 2 el grácil y desenfadado Allegro del principio contrasta con la exaltación lírica de un Adagio conmovedor. El Nº 3 es todo él un modelo de delicadeza y equilibrio, hasta que la fogosa tarantela final despeja el panorama de sombras con una alegría contagiosa. Es curioso que en el Nº 4 no haya ningún movimiento lento.

- ¿Este cuarteto no está escrito bajo la influencia del enamoramiento?

- Es probable. En aquel tiempo era profesor de piano de las condesas Josefina y Teresa Brunsvik y se habló de una pasión no correspondida por parte de la primera. Su madre dispuso que se casara con el conde Deyn, que le llevaba 30 años. Tras la muerte de éste, Josefina y Beethoven reanudaron su amistad.

- Tal vez Josefina fuera la misteriosa “Amada inmortal”,  a la que se refirió Beethoven en una carta de 1812.

- En cualquier caso la música de este cuarteto es la de un hombre ilusionado. El Andante cantabile del Nº 5 contiene un tema con variaciones de riquísimos matices. Hay un movimiento enigmático en el Nº 6, titulado “La melancolía”, que, de hecho, son dos movimientos que van alternándose: la tristeza profunda y el consuelo ineficaz.

- ¿Qué diferencias hay entre el primer y segundo periodo?

- Podríamos decir aquello de que dejó de ser Sancho el Bravo para ser Sancho el Fuerte. Los cuartetos fueron ganando en densidad, abandonando determinados tics del clasicismo.

- Hubo quien habló de música estrictamente para músicos.

- Cierto y  Beethoven parece que compartía tal opinión, como veremos más adelante. Otros criticaron lo que percibían como una música compleja, “ejercicios intelectuales de escaso valor artístico”. Los tres primeros cuartetos de esta etapa intermedia  conforman el Op. 59. Fueron un encargo del conde Andreas Rasumovsky en 1806.

- Curioso personaje: violoncelista apasionado, embajador de Rusia en Viena y un gran coleccionista de objetos de arte.

- Sí, más tarde un fortuito incendio en su palacio acabó con casi todo. Preste especial atención al inspirado Adagio del Nº 1, así como al enjundioso tratamiento al que somete un tema ruso en el Allegro final. En cuanto al Nº 2 el Allegro inicial es extraño, abundan las frases incisivas, interrogativas y cortantes. El Adagio, un canto suplicante  -a veces tierno, otras veces insistente-  nos hace olvidar la aspereza del movimiento anterior. En el Allegretto se alternan el modo mayor con el menor con frecuencia, como el reflejo de una duda irresoluble. El Presto final es un rondó de carácter elegíaco. Hay en el cuarteto Nº 3  un marcado acento eslavo en el Andante con moto, que fue muy bien acogido, como también el exultante y endiablado fugato final.

- Todos los cuartetos mencionados hasta ahora fueron publicados en colecciones de seis y de tres respectivamente.

- En efecto. Pero entonces Beethoven decidió que los siguientes se publicaran por separado, lo que indica que el compositor les atribuía una importancia particular.  Escribió el Op. 74 en 1809.

- ¿Por qué se le llama “de las arpas”?

- Por los arpegios en pizzicato del primer movimiento. Repare en el ocurrente contrapunto armónico que arropa el dulce canto del Adagio.

- ¿El motivo del fogoso Presto que precede al Allegretto con variaciones, no es el mismo que el del famoso inicio de la Quinta Sinfonía?

- Sí, en Beethoven no son raras las autocitas. El cuarteto Op. 95, de 1810, no apareció impreso hasta 1816. En este año escribió a Sir Georg Smart, director de orquesta inglés: “el cuarteto está destinado solamente a un pequeño círculo de iniciados y no debe jamás ejecutarse en público”. La duración  más bien breve de cada movimiento comparada con la de los otros cuartetos, nos muestra el deseo de Beethoven  de circunscribirse a lo esencial; todo un ejercicio de concreción. El lenguaje  utilizado es impetuoso, de una agitación abrupta, tajante y apasionada. Los melómanos de sensibilidad más clásica hallarán  un respiro en el complaciente Allegretto del segundo movimiento, que empieza con las seis primeras notas del llamado “Canon de Pachebel” y en el que, tras una emotiva meditación, aparece un interesante fugato.

- Aquí usted apunta que algunos melómanos pueden no encontrar satisfacción en todos los cuartetos.

- Y no deberían sentirse culpables por ello. Incluso en un mismo cuarteto puede suceder que, mientras que un movimiento nos resulte impenetrable, otro nos fascine.

- Y también que más tarde nos guste aquello que antes nos dejaba indiferente.

- Exacto. La música es hedonismo y conocimiento, una difícil ecuación que cada cual resuelve a su manera.  Estas reflexiones son muy oportunas cara  al último periodo, en el que  se acentúa la distancia entre el pensamiento musical de Beethoven y el público. Ya Schubert, después de calificar los cinco últimos cuartetos como joyas de primera clase”,  escribió en un artículo para el periódico Allgemeine Zeitung: “es verdad que para comprender los últimos cuartetos de Beethoven no basta con estar dispuestos a escucharlos; el melómano más sensible y receptivo, permanecerá indiferete si no conoce a fondo el carácter de Beethoven y el lenguaje de sus últimas obras. Pero una vez que haya emprendido el camino con este propósito, no encontrará otra cosa que grandes maravillas que se ofrecen al espíritu, pues estas creaciones, con su escritura profunda y sobreabundancia de ideas, superan de lejos toda concepción  humana”. La motivación para seguir componiendo cuartetos se debe al Príncipe Golitsïn,  admirador de la música de Beethoven y buen violoncelista. Tras la primera ejecución de la Novena Sinfonía, en 1824, escribió y terminó el Op. 127.

- El estreno de este cuarteto fue un fracaso.

- A los asistentes la obra le pareció demasiado insólita e innovadora, lo que no acabo de entender: el Allegro inicial, pese a unas pocas octavas cortantes, es casi mozariano. El adagio es cálido, con un segundo motivo más movido, aunque siempre amable. El Scherezando parece una propuesta lúdica por sus cambios rítmicos y de humor, pero no una rareza inasible. El Final es convencional y elegante.

- ¿La Gran Fuga Op. 133 fue escrita como final del cuarteto Op. 130?

- Cierto, pero esta fuga colosal no fue entendida en la primera ejecución, el 21 de marzo de 1926. Karl Holz, violinista amigo de Beethoven, había recibido el encargo del editor Artaria de que intentara convencer al comporitor para que reemplazara la fuga por otro movimiento. Se dice que Beethoven al principio sentenció: “No compuse la fuga para ellos, sino para el futuro”, pero no tardó en ceder, sustituyéndola por un alegre rondó. La originalidad del primer movimiento radica en la alternacia continua de un Adagio y un Allegro, como dos mundos de emociones opuestas, pese a lo cual todo fluye con naturalidad.Tras un fugaz presto que actúa como intermedio, aparece como Andante una serenata dialogada muy sugestiva y, a continuación, una apacible danza tedesca. La cavatina es de ensueño. Karl Holzt decía que, para Beethoven, “era la coronación de todos sus movimientos de cuarteto y su pieza favorita. Verdaderamente la compuso con lágrimas en los ojos y me aseguró que que ninguna otra obra suya le impresionaba de modo parecido a esta”.

-Dicen que el cuarteto Op. 131 es un hueso duro de roer.

- No hay noticias de alguna ejecución pública en vida del compositor. Debió de sorprender desde un principio que tuviera siete movimientos encadenados sin interrupción, sin tener en cuenta la capacidad de concentración de los oyentes ni la exigencia a que se verían sometidos los instrumentistas. El Adagio inicial enternece en su desamparo. En el Allegro molto vivace hay quien  percibe el recuerdo de todo lo bueno que la existencia había deparado al músico de Bonn, desde una óptica postrera. El breve Allegro moderato sólo tiene once compases con frases interrogativas que concluyen resignadamente calmas. Un tema con variaciones libres -el Andante- es la cúspide a la que llegó Beethoven como mago de la transformación melódica, armónica, y contrapuntística. Sigue un Allegro despreocupado, tal vez como paréntesis  frente a la hondura a la que se ha sometido el oyente. De nuevo la aflicción aflora en el Adagio, de corte exquisito, cuando, de repente, irrumpe el Allegro final, como una recensión, no exenta de ásperos conflictos, de todos los estados de ánimo descritos. En fin, no veo que sea tan complejo. Más distante y mistérico me parece el Op. 132.

- Hay quien omite el número de opus de este cuarteto, llamándolo simplemente Cuarteto en la menor.

- Porque Beethoven comenzó a escribirlo después del cuarteto op. 127, al final de 1824, pero interrumpió su elaboración a causa de una enfermedad grave y lo acabó en julio del año siguiente. Una inflamación intestinal aguda acompañada de un enorme cansancio, no sólo debido a la imparable actividad creativa, sino también al inexorable proceso cirrótico. Lo realmente sublime de esta obra es el Adagio, que Beethoven subtituló así: “Canto sagrado de acción de gracias  a la divinidad de quien ha sanado, en modo lidio”. Es un movimiento de atmósfera solemne y recogida. Yo lo comparo con el caudal de un río, en el que, salvo en algunos fragmentos, todo muta de forma casi imperceptible.

- Y al oyente, arrobado por tanto misticismo, la macha siguiente le cae como un jarro de agua fría.

-Sí, Beethoven tenía esas singularidades ciclotímicas, o tal vez fuera una humorada, o quizás él mismo se asustara de su capacidad de introspección. El resto de movimientos no comentados son  algo abstractos y, por  tanto,  motivo de sesudos análisis: un contrapunto denso, una expresión polifónica de voces más independientes, armonías disonantes y texturas muy contrastadas.

-El Op. 135 fue el último  cuarteto que escribió Beethoven.

-Y la última obra que completó antes de morir. Lo compuso en 1826, durante su estancia en una propiedad de su hermano Jean en Gneixendorf. También trabajaba en un quinteto para cuerdas que le había encargado Diabelli. Se ha definido a este cuarteto como el de la resignación trágica, pero al mismo tiempo serena. El Allegretto inicial parece el último recuerdo reverencial hacia Haydn, a lo que sigue un Vivace algo hosco. El Lento assai contiene un excelente tema con variaciones.

- ¿No ha notado en el tema de las variaciones una cita del Ombra mi fù, de Händel?

- Sí, pero tal vez sea casualidad. Aunque Beethoven a veces emplea frases de otros compositores, en este caso mutándola ligeramente. El último movimiento contiene un Allegro, un Grave y otro Allegro. El hecho de que Beethoven escribiera en la partitura “La resolución tomada con gran pesar” y en dos motivos “¿Debe ser?” y “es necesario que así sea”, desató la imaginación romántica. En la actualidad se tiende a pensar que fue otra de sus bromas. Quién sabe.

- ¿No nos hemos dejado nada en el tintero?

- Un cuarteto en fa mayor, transcripión de la sonata Op. 14 Nº1. En la agitada vida musical vienesa las transcripciones eran muy utilizadas. Los editores aumentaban así los beneficios de una misma obra y los compositores veían su trabajo más ampliamente divulgado. Beethoven opinaba: “será mejor frenar este furor anormal que lleva a adaptar la música de piano a los instrumentos de cuerda, instrumentos que son contrarios en todos los aspectos”. Pese a todo, él mismo realizó esta transcripción de manera cuidadosa, evitando que otros lo hicieran de forma mediocre.

- Por último, ¿algún consejo sobre el método para abordar estos cuartetos por primera vez?

- Le diré  lo que yo hice: No dedique más de un cuarteto al día. Emplee tres días seguidos por cuarteto. El primer día lea en algún libro o carpetilla los comentarios sobre el cuarteto que se dispone a escuchar; escúchelo centrando su atención en él, no realice otra actividad al mismo tiempo.  El segundo día oiga de nuevo el cuarteto y tome alguna nota: breves impresiones, lo que más le haya gustado o llamado la atención, etc. Al tercer día vuelva al cuarteto en cuestión y refine sus notas; ello le ayudará a sedimentarlo y a familiarizarse con los detalles.

 


Escrito por Joaquim Zueras [ joaquimzueras@hotmail.com]
Desde España
Fecha de publicación: Invierno de 2017
Artículo que vió la luz en la edición nº 32 de Sinfonía Virtual
www.sinfoniavirtual.com
ISSN 1886-9505



 

 

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