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Los funerales de la Reina María

Joaquim Zueras Navarro
Crítico musical



(Nº 33, Verano, 2017)


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A VUELAPLUMA


Las bandas sonoras de algunas películas han suscitado el interés del espectador por la música clásica. Se les ha abierto un mundo en el que quizás no hubieran reparado y, por lo tanto, han colaborado con sutileza a aumentar el número de melómanos, lo cual es muy de agradecer. Entre estas películas, recuerdo la extraña La naranja mecánica, en la que podíamos escuchar a Elgar, a Beethoven y a Purcell. De este último, llamó mucho la atención la célebre marcha para los funerales de la reina María. La marcha es bastante simple, que no mediocre; está construida  sobre cinco frases, de dos compases cada una, y lo que hace que resulte tan hermosa y conmovedora es su progresión armónica. Lo cierto es que fueron muchos los que adquirieron el LP con toda la música del funeral y Purcell fue más ampliamente conocido en España.

Guillermo de Orange parece que era una persona áspera y aburrida, que detestaba Londres y añoraba Holanda. Su interés por el arte era mínimo, salvo por una buena colección de pinturas que reunió en el palacio de Kensington. La reina María coleccionaba porcelana china y muebles exóticos y era una ávida lectora, interesada sobre todo en la historia y la poesía. Guillermo siempre se ausentaba de Londres, pero en 1694 asistió por primera vez a la celebración del cumpleaños de su esposa, para la cual Purcell compuso la oda “Come ye Sons of Art, away”, posponiendo sus campañas militares por culpa de los vientos desfavorables. Las constantes ausencias de Guillermo preocupaban mucho a la reina, pues tenía que asumir la responsabilidad del gobierno y enfrentarse a las constantes maniobras e intrigas de los políticos, además de los rumores: Guillermo estaba demasiado unido al cortesano holandés Arnold van Keppel y tenía otra relación con la dama de compañía de la reina Isabel Viliers.

El 1 de noviembre tuvieron lugar los festejos para celebrar el regreso del rey Guillermo de sus campañas de Flandes, pero por todo Londres se extendía la viruela. Guillermo enfermó, pero no de la epidemia y la reina María, que le cuidaba, el 21 de diciembre se despertó indispuesta y con sarpullidos en los brazos. Consciente de lo que se le avecinaba, esa misma tarde revisó sus papeles personales, quemó unos y ordenó otros, e incluso dio instrucciones de cómo había de ser su funeral. Empeoró el 25 de diciembre y no sirvieron de nada los remedios habituales en aquella época: pócimas, sangrías y la aplicación de hierros candentes en las sienes. Falleció el 28 de diciembre de madrugada.

Los funerales se retrasaron hasta el 5 de marzo a causa de la viruela, de la indecisión política y del frío extremado. Fueron los más grandiosos de la historia de Inglaterra y se iniciaron con una solemne procesión hacia la Abadía de Wensminster, habiendo recibido Purcell el encargo de los momentos más solemnes del oficio.  Robert King, en su libro Purcell editado aquí por Alianza Música, sostiene que La marcha por el funeral de la Reina  fue interpretada por cuatro trompetas de varas (que se deslizan hacia detrás del hombro del intérprete y permiten una mayor gama de notas cromáticas y, por tanto, tocar en tonalidades menores) cuando el ataúd comenzó a atravesar el pasillo de la Abadía o bien cuando el ataúd estaba colocado ya en su sitio, pero en modo alguno durante la procesión. En cambio, da razones por las que asegura que los percusionistas no entraron en la Abadía, de lo que deduce que interpretar hoy esta marcha y la canzona con percusión es un error. Peter Avis, entre otros, escribe que la marcha había sido compuesta por Purcell unos años antes, como música de escena para  la obra de teatro The Libertins, de Thomas Shadwell, teoría que Robert King desmiente.

Sea como fuere, la verdadera riqueza de la obra se encuentra en los motetes. El arreglo de Purcell de las Funeral Sentences que aparecen en el Common Book of Prayer contiene algunos de los mejores momentos de su música vocal. "Manthat is born of a woman" crea una triste atmósfera presidida por la reflexión sobre la inmortalidad. De la brevedad de la vida humana trata la segunda sentencia “In the midst of life we are in death” con continuas entradas en imitación, no exentas de disonancias, en un tono implorante. Íntima y conmovedora es la última sentencia “Shut not thy merciful ears unto our prayers”; un canto a la esperanza, en la serenidad que da la certeza de disfrutar de la misericordia divina.

El anthem "Thou knowest, Lord, the secrets of our hearts" es intenso y sobrio a la vez, y contó con el apoyo de las cuatro trompetas de varas, que tras el anthem tocaron la canzona, basada en la misma música de la marcha, con un desarrollo y armonía llenos de ingenio y maestría. Aunque no fueron interpretadas durante la ceremonia, Purcell compuso dos obras más de carácter fúnebre, que fueron publicadas algunas semanas más tarde: "Incassum Lesbia" en donde la tristeza impregna toda  la obra, recordando a María como la reina de Arcadia, un socorrido recurso de la pastoral clásica. El duo "O dive custos" es la segunda. Ambas piezas resaltan por melodismo elegante, armonia disonante, a menudo cromática y declamación perfectamente mesurada del texto.

El 21 de diciembre de 1695 Purcell experimentó un súbito empeoramiento de su salud, por lo que redactó un sencillo testamento dejando todos sus bienes a su esposa Frances. Quizás padecía tuberculosis, lo cierto es que murió esa misma noche. Su funeral tuvo lugar el 26 del mismo mes, a los 36 años en la misma Abadía y con la misma música que compuso para la reina María.


Escrito por Joaquim Zueras [ joaquimzueras@hotmail.com]
Desde España
Fecha de publicación: Verano de 2017
Artículo que vió la luz en la edición nº 33 de Sinfonía Virtual
www.sinfoniavirtual.com
ISSN 1886-9505



 

 

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