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Enrique Morente y el Jazz

José Luis Navarro
Universidad de Sevilla



(Nº 37, Verano, 2019)


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A VUELAPLUMA


Resumen: Enrique Morente tuvo tres encuentros fundamentales con nombres importantes en el mundo del Jazz: Max Roach, Pat Metheny y Chano Domínguez. Tres experiencias artísticas que completó con una fugaz colaboración con Perico Sambeat. En este artículo presentamos detalles de los cuatro.

Palabras clave: Enrique Morente, Max Roach, Pat Metheny, Chano Domínguez, Perico Sambeat, Flamenco, Jazz

Abstract: Enrique Morente had three essential encounters with important names in the world of Jazz. Three artistic experiences to which he added a brief collaboration with Perico Sambeat. In this paper we give you details of them four.

Keywords: Enrique Morente, Max Roach, Pat Metheny, Chano Domínguez, Perico Sambeat, Flamenco, Jazz.

 

 

Enrique vive tres encuentros antológicos con tres nombres básicos en la historia del Jazz: Max Roach, Pat Metheny y el gaditano Chano Domínguez.

Morente y Max Roach

El día 17 de septiembre de 1992 se encuentran sobre las tablas del Teatro de la Maestranza de Sevilla el Flamenco y el Jazz, Enrique Morente (Granada, 1942-2010) y Max Roach (Newland, Carolina del Norte, 1924-2007). Raimundo Amador (Sevilla, 1959) actúa de mediador. Era la primera vez que Cante Flamenco y Jazz sonaban juntos.

Fue un encuentro excepcional propiciado por dos visionarios andaluces, Luis Cabrera Sánchez (Arbuniel, Jaén, 1954) y José Luis Ortiz Nuevo (Archidona, Málaga, 1948). Se celebraba en Sevilla la VII Bienal, un encuentro entre dos mundos musicales en el 500 aniversario del descubrimiento de un mundo nuevo. La idea de juntar Flamenco y Jazz fue de Cabrera, fundador y director del Taller de Musics de Barcelona, y la asumió Ortiz Nuevo, Director de la Bienal.

La elección de Enrique era obvia, ya que Cabrera admiraba la obra del cantaor granadino y estaba vinculado a la Peña Flamenca Enrique Morente de Sant Andreu de Barcelona. Desde luego, Luis, sin pretenderlo, había dado en el clavo. Enrique era el cantaor más atrevido, el más intuitivo, al que más le gustaba lo nuevo y el que más preparado estaba para cualquier experimentación. José Luis Ortiz Nuevo (1996) dijo de él:

Decididamente creador, músico, audaz no aventurero. Enemigo mortal de la reiteración cansina de lo que está trillado. Histórico, de esa clase de criaturas ungidas de genio, capacidad para abrir capítulo en la memoria y en los libros. Descubridor de mundos, sorprendente versátil y magnífico alumbrando luz de lo que fue y el resplandor que viene. (1)

Además, para él, el Flamenco y el Jazz “eran dos corazones hermanos por la forma de utilizar la expresión” (2). Tete Montoliu fue más lejos. Le llamó “el Miles Davis del cante flamenco”.

Max Roach era un baterista de prestigio internacional, al que Enrique ya conocía. Así se lo contó a Ignacio de La Casa (ABC, 17/09/1992):

Yo había visto trabajar a Max en Barcelona y, luego, en París, y me dejó impresionado con su música. En aquellos momentos pensé que algún día tendría que tocar con él. Cuando se me presentó esta ocasión, me dije ahora o nunca. Se lo propuse y me llevé la agradable sorpresa de que aceptó. Le hacía mucha ilusión actuar en Sevilla y en la Bienal, porque le encanta el flamenco.

Enrique, Max y Raimundo se encuentran en agosto en un hotel de Marbella. Los tres se entusiasman con el proyecto. Pasan unos 10 días en un cortijo en Cazalla de la Sierra ensayando y de ahí directamente al escenario del Maestranza. Un reto espinoso. Una improvisación real.

Enrique tiene claro lo que pretenden hacer:

A lo que hagamos Max Roach y yo se le puede llamar fusión, encuentro, amistad musical. Tocaremos palos que son familiares tanto para el flamenco, como para el jazz, en cuanto a ritmo. Vamos a intentar conjugar el mundo del flamenco con el atonal de la percusión.

Y añade:

Hay que captar la buena voluntad que hay detrás de la intención de seguir abriendo el flamenco al resto del mundo musical. No se pretende decir cómo deben de ir las cosas, ni por dónde, sino sugerir, invitar a la renovación, a la frescura, para huir del anquilosamiento. Y todo esto, desde la pureza.

El grupo de Morente y la banda de Roach llenaban casi al completo el escenario del Maestranza. Con Enrique estaban Raimundo Amador, Juan y Pepe Habichuela, Joselito Fernández, El Negri y un coro de voces gitanas. La banda de Roach estaba formada  por todo un conjunto de percusionistas, Roy Brooks, Joe Chambers, Eli Fountain, Omar Clay, Steve Berrios, Ray Mantilla, Craig McIver y Francisco Mora, a los que se sumaban la guitarra de Freddy King, el saxo de Odean Pope y la trompeta de Cecil Bridgewater.

Abren el concierto los tambores de Max Roach y sobre ellos suena la voz de Morente con un martinete, “Nadie diga que es locura esto que me está a mí pasando. Es deuda que a Dios le debo y en vida lo estoy pagando”. Se cierra como empezó, con nuevos golpes de tambor y platillos. Es la Introducción. Sigue un tema que titulan “Experimental 1”. Un diálogo entre Roach y el ritmo acompasado y constante de su combo y las voces gitanas del coro de Morente. No hay palabras. Son voces humanas que funden sus sonidos, “!Ahaháh! ¡Ahahahah¡”, con la música percusiva y monótona del jazz y las fugaces notas de trompeta y guitarra que sobresalen.

Después, temas “puros”. Flamenco cien por cien y jazz cien por cien. Una taranta de Morente y unos tangos con todo el aroma y el sabor de Granada en voces de mujer y Max Roach y los suyos luciendo sus habilidades. Más Flamenco a secas. Enrique por soleá con aroma de Alcalá, “Si Dios me llama a mí a cuenta, tendremos que ir los dos”, y un recuerdo de Antonio Chacón, “Nadie se arrime a mi cama, que estoy ético de pena”. Y de nuevo Enrique, ahora con unas bulerías para escuchar sobre una base musical acompasada de jazz rematada con palmas. Flamenco y Jazz unidos.

Y, por fin, dos auténticos encuentros del Flamenco y del Jazz, “Experimental 2” y “Experimental 3”. En el primero, Roach dispone la base musical a la que se van incorporando las voces femeninas, Enrique y los restantes instrumentos. Juntos van interpretando la vidalita “Tristes estilos de amor la vieja sonanta gime”. Un homenaje a Pepe Marchena. En el segundo, no hay palabras ni palo flamenco. Solo música. Roach pone la envoltura rítmica y Morente incorpora su voz como un instrumento más. Dos genialidades musicales.

Enrique cierra el concierto con unos anticipos del Omega que grabaría en 1996 con Lagartija Nick. Letras de Poeta en Nueva York de Federico García Lorca con ecos flamencos futuristas cercanos al Jazz experimental.

Con este concierto Enrique desconcertó a unos, sorprendió a otros y agradó a los más. La prensa alabó lo específicamente flamenco y censuró lo que entendió que se alejaba de sus orígenes. Manuel Martín Martín en Diario 16 (19.09.1992) elogió por separado las actuaciones del granadino y del norteamericano, “sencillamente magistral Enrique Morente” y “asombroso siempre el percusionismo de Max Roach”,  pero censuró con crudeza el encuentro Flamenco-Jazz, “una tropelía contra el estado natural de lo jondo”. José Ignacio de La Casa en ABC (19.09.1992) fue bastante discreto. Celebró la actuación de Roach, “Sensacional actuación del «jazzman» norteamericano”, pero ignoró cualquier diálogo Flamenco-Jazz. “No hubo fusión” sentenció.

Enrique Morente, sin embargo, no solo disfrutó de la experiencia, sino que pensó llevarla al disco. Lástima que no pudiera ser. Lo que sí hizo fue apuntarse a un taller que Max dio en Barcelona. Y es que Enrique no se cansaba nunca de aprender.


Morente y Perico Sambeat

En 1995 Enrique graba una toná como introducción al tema “A-Free-K” del álbum Adamuz (FreshSound New, 1998) de Perico sambeat.


Morente y Chano Domínguez

En 1999 Enrique participa en el tema “Era en el mundo” del álbum Imán de Chano Domínguez. Lo  hace interpretando magistralmente la granaína: “Era en el mundo envidiable” y la  malagueña de Chacón “Se me apareció la muerte”. Las remata por bulerías con un inesperado “Gitanitos de las estijeras venid a sentarse a mi cabecera”. Mientras, un Chano íntimo deletrea cada nota en el piano con lentitud, saboreándolas. Una auténtica joya musical.


Morente y Pat Metheny

Enrique tuvo un nuevo encuentro con el Jazz en 2005. En esta ocasión fue con el guitarrista y  compositor Pat Metheny y a cuenta del documental Morente sueña la Alhambra.

Patrick Bruce Metheny (Lee’s Summit, Misuri, 12 de Agosto de 1954) fue un compositor vinculado al Jazz experimental, exactamente igual que Enrique Morente fue un flamenco innovador. Así lo confesó el norteamericano (Tirro: 2001:184):

Es importante mirar adelante, y no atrás, en este momento en que el jazz irrumpe en su segundo siglo […] Llevamos mucho tiempo deleitándonos ante los gloriosos logros musicales de los viejos maestros […] y a veces me parece que esta actitud está sumiéndonos en una especie de autocomplacencia.

Unas palabras que no nos cabe la menor duda de que asumiría Enrique. Es más, en este mismo documental, Pat dice:

Enrique y yo tenemos cosas en común. Por un lado, los dos estamos muy interesados en expandir nuestras propias personalidades dentro de nuestro lenguaje, pero, por otro, los dos tenemos curiosidad por hacer que la tradición de las formas continúe y se mueva, y cambie… y vaya a sitios distintos, lo que, para mí, es algo esencial para que el Jazz continúe y siga siendo una forma vital y viva de arte […] Para mí, trabajar con Enrique es sorprendente y me halaga mucho, pero en cuanto que empezamos a trabajar resulta de lo más natural del mundo, porque los dos buscamos exactamente lo mismo, un cierto tipo de calidad humana, algo muy personal, pero muy universal.

Enrique, con su habitual socarronería, dice también en este ese mismo documental:

En el futuro cada cual va a cantar a su forma y eso es lo que tiene que ser, porque, claro, lo que no podemos hacer es seguir mirando a un mismo señor todo el mundo, ¿no?

Y, con respecto a Pat, en otra ocasión diría (El País, 9.10.2005):

[La experiencia de tocar con Pat Metheny fue] fantástica, es una persona extraordinaria y uno de los mejores guitarristas del mundo en cuanto a calidad, aparte de un virtuoso. Con eso está dicho todo. (El País, 9.10.2005)

Ninguno de los dos tenía miedo al futuro y los dos eran capaces de crear las más arriesgadas y bellas creaciones musicales.

Morente sueña la Alhambra es una hermosa aventura sinfónica y poética. Fue una idea de José Sánchez-Montes, director y guionista del documental, un viaje musical por los rincones de la Alhambra, las callejuelas del Albaicín, el Sacromonte del XIX, la Semana Santa granadina y la Huerta de San Vicente de Federico García Lorca. Imágenes que se convierten en el escenario de los cantes que interpretan Enrique y sus acompañantes (3).

Morente y Metheny interpretan “Donde habite el olvido” y “Generalife”. La primera es una composición musical de Isidro Muñoz sobre unos versos de Luis Cernuda que susurra con delicadeza Enrique. Los adornan, subiendo por la Cuesta de Gomérez  hasta la Puerta de la Justicia de la Alhambra, las invenciones coreográficas del bailaor sevillano Israel Galván y, ya en pleno palacio moro, en el Patio del Mexuar, las de la bailarina granadina Blanca Li. Participan también Estrella Morente, Tino di Geraldo (batería), Carles Benavent (bajo) e Isidro Muñoz (guitarra española).

“Generalife”, es una mano a mano entre Morente y Metheny, que funden una canción medieval del siglo XV, “Ya cantan los gallos”, con versos de “El agua ensimismada” de María Zambrano. Primero Estrella imita trinos de pájaros y luego, Israel Galván y Blanca Li vuelven a adornar con sus cuerpos, esta vez juntos, las melodías que van creando Enrique y Pat (4). Por su parte, la cámara se distrae jugando y recreándose con los surtidores de las fuentes nazaríes.

Terminada la grabación, Pat Metheny sentenció: “Nunca he oído nada tan bonito” y Enrique se embarcó en un nuevo proyecto: convertir la banda sonora del documental en un disco. Se puso manos a la obra y lo terminó incluso antes de que se estrenase el documental. En efecto, Morente remató el disco el 31 de agosto y la película no llegó a las pantallas hasta el 24 de octubre de 2005. Durante ese proceso, añadió nuevos temas y eliminó otros, pero los que había hecho con Metheny quedaron. El disco lo publicó Virgin.

Tres años después, Morente y Metheny volvieron a encontrase en lo que el granadino denominó “un hermanamiento de artistas”. Fue en Barcelona para participar en un concierto el 8 de julio de 2008 en el Palau de la Música. Morente presentó Pablo de Málaga y Metheny Day Trip.

 

Bibliografía

ORTIZ NUEVO, José Luis: “Enrique Morente. Luz de lo que fue y resplandor de lo que viene” en Navarro, J.L. & Ropero, M. Historia del Flamenco Vol. IV, Sevilla: Tartessos. 1996.
TIRRO, Frank: Historia del Jazz Moderno, Barcelona: Ma non troppo. (1993/2001).

Hemerografía

ABC, 15, 17, 19.09.1992.
Diario 16, 19.09.1992.
El País, 9.10.2005,  29.11.2009 y 15.10.2010.
Matador, Letra C.

 

NOTAS:


(1) ORTIZ NUEVO, José  Luis: “Enrique Morente. Luz de lo que fue y resplandor de lo que viene” en Navarro, J.L. & Ropero, M. Historia del Flamenco Vol. IV, Sevilla: Tartessos, 1996. P. 167.

(2) Véase AGUILERA, Ricardo: “Un mano a mano de jazz y flamenco: Tete Montoliu y Enrique Morente, frente e frente”. Matador  Nº 3C. 1997.
(3) Sus principales invitados son, además de Pat Metheny, el cantante argelino Khaled, la alemana Ute Lemper, Israel Galván, Blanca Li, su hija Estrella y las guitarras de Juan y Pepe Habichuela, Tomatito, Juan Manuel Cañízares y Diego del Morao.

(4) Participaron también como palmeros “Bandolero”, Pepe Luis Carmona y José Antonio Sánchez Carmona “Cebolla”.


Escrito por José Luis Navarro
Desde España
Fecha de publicación: verano de 2019
Artículo que vió la luz en la edición nº 37 de Sinfonía Virtual
www.sinfoniavirtual.com
ISSN 1886-9505



 

 

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