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GRANADA EN LA MÚSICA CLÁSICA UNIVERSAL

Joaquim Zueras
Crítico musical



(Nº 21, OCTUBRE, 2011)


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DISCOGRAFÍA


Libro-disco: Granada en la música clásica universal. Autores: Rafael e Ignacio Hierro. ISBN 978-84-614-6695. 142 páginas y un CD con 18 pistas. Distribuido por los autores

        El encanto singular de Granada ha servido a menudo como fuente de inspiración en la música, bien sea como resultado de la contemplación o como abstracción de una Granada soñada, a veces idealizada, introspectiva, imaginada más que real. Rafael Hierro Calleja y su hijo Ignacio nos proponen en la parte principal de su libro-disco Granada en la música clásica universal un  ameno y detallado paseo por todos aquellos momentos decisivos en la historia musical de la ciudad. Este artístico recorrido se ve arropado por unas cien interesantes ilustraciones: fotografías de lugares, monumentos, representaciones, músicos, placas conmemorativas, folletos, sellos...

        El inicio de este deambular por el tiempo se sitúa en 1492, tras la conquista de Granada por los Reyes Católicos. En esta época conviven en la ciudad la cultura árabe, judía y cristiana, con la consiguiente riqueza musical, sin olvidar las danzas y cantos gitanos y los elementos musicales propios de la tradición morisca. En 1526 el Emperador Carlos V y su esposa Isabel de Portugal pasan su luna de miel en la Alhambra y sus jardines. El mundo reparó entonces en Granada, en sus zéjeles, jarchas y villancicos, en instrumentos de origen árabe como la dulzaina, la chirimía o la guitarra morisca y en los romances sefardíes y moriscos, entre los que destaca el anónimo Romance de la pérdida de Granada que fue musicado por el vihuelista Luys de Narváez.

        Los descubrimientos geográficos del siglo XVIII derivaron en la moda del gusto por lo exótico, también llamado orientalismo, en el que Granada ocupa un lugar predominante, que con su Alhambra, Generalife, Albaicín y Sacromonte invita a los intelectuales a una especie de viaje iniciático. Surgen algunas óperas granadinas tempranas como Zaide, Reina de Granada, del  compositor francés Joseph N. P Royer, con letra del abate Delamare. El gusto por el orientalismo y el viaje como experiencia continuó en el siglo XIX bajo el prisma del Romanticismo, con mayor efervescencia en lo que a la música se refiere: óperas como El desterrado de Granada de G. Meyerbeer, canciones como A Granada para voz y piano de G. Rossini, las aportaciones de Liszt, Glinka y Debussy, descritas en el libro con detalle. Y en el último tercio del siglo nace el Nacionalismo musical, con obras de evidentes rasgos andalucistas. Recordemos el Zapateado de Sarasate, En la Alhambra de Albéniz o Recuerdos de la Alhambra de Tárrega, por ejemplo, además de otras obras compuestas más allá de nuestras fronteras, testimonios del españolismo imperante en Europa, como algunas del “Grupo de los Cinco” en Rusia.

        Rafael Hierro titula el capítulo dedicado al siglo XX como La Explosión del Alhambrismo. Granada no sólo inspira, sino que a la vez ocupa un lugar protagonista a escala mundial a causa de Los Conciertos del Corpus Christi en el Palacio de Carlos V,las visitas y la estancia definitiva de Manuel de Falla, las tertulias en la taberna de Antonio Barrios ubicada en la Alhambra y el Concurso de Cante Jondo de 1922. El libro dedica una atención relevante a Manuel de Falla, a los maestros granadinos Angel Barrios y Francisco Alonso, sin olvidar a Federico Moreno Torroba y Joaquín Turina entre otros. Al respecto de la Generación del 27 sobresale Federico García Lorca como personaje muy relacionado con la música, aunque gran parte de sus proyectos se vieron truncados por una muerte desgraciada. Otros compositores han aprovechado posteriormente sus textos o han rendido homenaje a su memoria.  Y, tras la guerra, Joaquín Rodrigo es a menudo aplaudido por obras como Junto al Generalife o Preludio para un poema a la Alhambra.

        Tres apéndices completan este enjundioso libro: Un cuadro resumen de autores y obras de temática granadina, un catálogo de grabaciones disponibles en comercios especializados y un callejero musical de la ciudad.

        En cuanto al CD, el melómano podrá disfrutar de las siguientes obras:

  • La mañana de San Juan (1552) de Diego Pisador

  • Alahor en Granada. No, che piú vaga (1826) de Gaetano Donizetti

  • Zaide (1844) de Héctor Berlioz

  • En la Alhambra (1881) de Tomás Bretón

  • Granada (1886) de Isaac Albéniz

  • Los Gnomos de la Alhambra. La ronda de los gnomos (1889) de Ruperto Chapí

  • Recuerdos de la Alhambra (tras 1889) de Francisco Tárrega

  • La Puerta del Vino (1910-13) de Claude Debussy

  • El amor brujo. Danza del fuego (1915) de Manuel de Falla

  • Cinco danzas gitanas. Sacromonte (1930) de Joaquín Turina

  • Lamento de Boabdil (1931) de Gaspar Cassadó

  • Angelita (1932) de Ángel Barrios

  • Rosa la Pantalonera. Romanza (1939) de Francisco Alonso

  • A la sombra de Torre Bermeja (1945) de Joaquín Rodrigo

  • Romancero Gitano. Memento (1951) de Mario Castelnuovo-Tedesco

  • Sinfonía nº 14. Malagueña (1969) de Dimitri Shostakovich

  • Nana de Maurice Ohana

  • Emigrantes. Adiós Granada (1905) de Tomás Barrera y Rafael Gómez Calleja


        Para mejor difusi ón del libro-disco se ha confeccionado una web y puede adquirirse aquí.

 


Escrito por Joaquim Zueras
Desde España
Fecha de publicación: Octubre de 2011
Artículo que vió la luz en la revista nº 21 de Sinfonía Virtual.
ISSN 1886-9505



 

 

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