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Jesús Guridi y el órgano

Joaquim Zueras Navarro
joaquimzueras@hotmail.com
Crítico musical


(Nº 26, ENERO, 2014)


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DISCOGRAFÍA



Complete Organ Works, Vol. 2
Jesús Guridi
Esteban Elizondo Iriarte
Aeolus
AE-1025


“A mí lo que me gusta es tocar el órgano” -declaró en un programa radiofónico. Y es que para Jesús Guridi (1886-1961), compositor de óperas, zarzuelas, obras sinfónicas y de cámara, ballet, coro y música destinada al cine, el órgano fue una constante a lo largo de su vida, al que se dedicó con especial predilección.

        Dos son los momentos clave en su formación: El primero su ingreso en 1904 en la Schola Cantorum, institución fundada en 1894 por Alexandre Guilmant, Charles Bordes y Vicent d´Indy, con la finalidad de crear una música religiosa digna, cuyas fuentes serían el canto gregoriano y la polifonía palestriniana. Con el tiempo, aquellos principios eclécticos, que recuerdan los de la escuela Niedermeyer,  fueron ampliándose e incorporando otras asignaturas. La escuela  gozó de creciente aceptación, tanto más que el Conservatorio había pasado por diversas crisis a causa de la mediocridad de algunos profesores. Cuando llegó Guridi, Vicent d´Indi (1851-1931) era su director. Buen pedagogo y gozando de cierta fama como compositor por obras como Jour d´été a la montagne y Symphonie sur un chant montagnard, le gustaba teorizar sobre estética musical, llegando a veces a conclusiones tan singulares como que “los oratorios de Haendel son fríos y, digamos la palabra, francamente fastidiosos”.  De la Schola Cantorum recibe Guridi una sólida formación, el concepto firme, el dominio técnico y el sentido de la forma. Continuará más tarde sus estudios residiendo durante dos años en Bruselas, cursando las especialidades de fuga, composición y órgano y en Colonia instrumentación.

        En 1907 regresa a Bilbao, ocupando la plaza de organista de la Basílica de Santiago y, pocos años más tarde, la de director de la Sociedad Coral. Acabada la guerra se traslada a Madrid  y en 1944 es nombrado catedrático  de órgano del Real Conservatorio Superior de Música y en 1956 pasa a ser el director del centro. Antonio Fernández–Cid escribe que “a Guridi lo aceptaron todos complacidos, por ser un hombre bueno, sin fisuras, impermeable a la envidia, ajeno a cualquier afán de medro y zancadilla, incapaz de partidismos aunque sí de bondades -¡qué generosidad la suya en los tribunales que presidía!-” y poseedor de una modestia ilimitada.

        El volumen 2  de la Integral para órgano del sello Aeolus comprende la Escuela del órgano (1951) que es una colección de veinte piezas breves que Guridi compuso para uso litúrgico y tal vez pensando en sus alumnos. Frente a piezas de refinado misticismo como Cantinela, Plegaria Preludio y Pastorella, se alternan otras solemnes y majestuosas como la Fuga y la Toccata. Como complemento la Fantasía para gran órgano (1906-7), una obra de envergadura, con un principio épico que contrasta con otro más lírico e intimista y que concluye con un final brillante. El órgano utilizado -un Mutin-Cavaillé-Coll de 1907- tiene una historia curiosa: Procede del castillo de Ilbarritz, en la costa vasco-francesa, en donde el millonario y excéntrico Barón de l´Espée tocaba fragmentos de óperas wagnerianas, con registros tan peculiares como tres celestas, timbales, un piano, gong, etc. En 1920 parte del órgano fue vendido a la parroquia de Ursurbil, localidad cercana a San Sebastián. La interpretación de Esteban Elizondo es de exquisita sensibilidad, un afectuoso homenaje a nuestro poliédrico compositor.


Escrito por Joaquim Zueras
Desde España
Fecha de publicación: enero de 2014
Artículo que vió la luz en la edición nº 26 de Sinfonía Virtual
ISSN 1886-9505



 

 

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