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La música instrumental de Gerald Finzi

Joaquim Zueras Navarro
joaquimzueras@hotmail.com
Crítico musical


(Nº 26, ENERO, 2014)


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DISCOGRAFÍA


Gerald Finzi: A Severn Rhapsody Op. 3 / Three Soliloquies for small orchestra Op. 28 /   Nocturne Op7 / Romance for string orchestra Op. 11 / Prelude for string orchestra Op. 25 / The Fall of the Leaf, Elegy for orchestra Op. 20 / Introit for small orchestra and solo violín Op. 6 / Eclogue for piano and string orchestra Op. 10 / Grand Fantasia & Toccata for piano and orchestra Op. 38. London Philharmonic Orchestra, dirigida por Sir Adrian Boult y New Philarmonia Orchestra, dirigida por Vernon Handley. Sello Lyrita SRCD 239.


Durante las vacaciones de agosto, una mañana de tantas en que no esperaba nada nuevo, el azar me sorprendió con una algo inusitado: La radio emitió una de aquellas composiciones infrecuentes que seducen desde los primeros compases, que hacen que uno abandone  los huevos del desayuno friéndose en la sartén para  subir el volumen y sumergirse en el deleite de la escucha, mientras el apartamento se incendia. Se trataba -lo supe por el locutor- de la “Eclogue for piano and String orchestra” de Gerald Finzi. Hice memoria, ya había escuchado varias veces su “Concierto para clarinete y orquesta Op. 31” y su “Concierto para violoncello Op. 40”, ambos de un lirismo excepcional. ¿En qué me distrairía luego, que no seguí ahondando en sus obras?

        Se ha dicho que la música de Finzi es triste por los contratiempos que tuvo que sobrellevar en vida. A mí me parece poética, elegíaca y con tintes de melancolía por un mundo idealizado inexistente, aunque también asoma en ocasiones el humor. Nacido en Londres en 1901 recibió estudios de forma privada hasta 1908, año en que su padre falleció. Tal vez para habituarle al contacto con otros niños su madre lo inscribió en una escuela de Kingswood que no le gustaba, después pasó un año en una escuela suiza y finalmente se matriculó en la Mount Arlington Preparatory School, a 70 Km al sur de Londres. Durante la Gran Guerra murió su profesor de Música Ernest Farrar y tres de sus cinco hermanos. Estas adversidades le encaminaron a refugiarse en la poesía, poniendo música a algunos textos. Al respecto, un pianista acompañante me comentaba:

Finzi es un compositor que me encanta, y especialmente en el campo de la canción tiene un ciclo sobre Shakespeare que es una autentica joya; se trata de Let us garlands bring, op. 18, cantado por Bryn Terfel, que merece la pena conocer y contiene dicho ciclo

        En  1918 siguió sus estudios musicales en York de la mano del organista y maestro de capilla Edward Waistow. La contemplación de la actividad de su maestro le condujo  más tarde a la composición de algunas obras sacras, entre las que destaca el  Magníficat para solistas coro y órgano, op. 36. Llevó una vida tranquila y austera, dedicando gran parte de sus ganancias a la adquisición de libros de poesía y filosofía, divulgando la música de compositores ingleses poco conocidos y especializándose en botánica y  horticultura. A principio de los años cincuenta había alcanzado cierto reconocimiento, cuando se le diagnosticó una leucemia, falleciendo en 1956.

        El lenguaje de Finzi es estrictamente personal, romántico con algunos elementos impresionistas que fue acentuando a lo largo de los años, y con ecos de Elgar, Waughan Williams, Bliss, Walton y Parry. Teniendo los dos conciertos mencionados en el primer párrafo, se trataba de localizar un buen disco que aglutinara otras obras orquestales y que incluyera la égloga.  Me determiné por el disco que les muestro, un CD con grabaciones de 1977 y 1978 muy bien remasterizadas, interpretadas con brillantez por dos orquestas de probada solvencia.  Finzi compuso A Severn Rhapsody, op.3 en 1923 para orquesta de cámara. Parte de un nostálgico tema expuesto por la flauta y el clarinete, que pronto se ve arropado por la cuerda, elevándolo hasta adquirir un tono solemne, del que se despoja hacia el final, volviendo al intimismo del principio. Pese a ser una obra de juventud, fue bien acogida, editándose un año después. El delicado Introit for small orchestra and solo violín, op. 6 de 1926 fue concebido para que lo interpretara el célebre violinista Sybil Eaton. Era el segundo movimiento de un concierto que obtuvo muy buenas críticas, pero el compositor, siempre hipercrítico con su obra, se deshizo de los movimientos restantes.

        En esta línea de poética ensoñación encaminada a una tensión instrumental que luego se difumina, se encuentran la  Romance for string orchestra, op. 11 de 1928,  la descriptiva The Fall of the Leaf, Elegy for orchestra, op. 20 de 1929 y el Prelude for string orchestra, op. 25 del mismo año.  Finzi plasmó las imágenes y recuerdos de la noche de Año Nuevo en el Nocturne op.7,  escrito a mediados de los años veinte, revisado y publicado en 1954. Es una pieza lánguida y discursiva, de una ternura sugerente que desemboca en un himno pletórico, para replegarse después. La   Eclogue for piano and string orchestra, op. 10 es para mí su obra más deslumbrante, un emotivo homenaje a la música de Bach, mientras que en la Grand Fantasia & Toccata for piano and orchestra, op. 38 se contempla a Bach desde un prisma algo desconcertante y áspero. En 1946, la BBC encargó a Finzi la música incidental para la obra teatral Love´s Labours Lost, resultando los breves y apacibles Three Soliloquies for small orchestra, op. 28,  miniaturas que, como el resto del CD, captarán la atención del oyente.   Una audición tan placentera como memorable.

 


Escrito por Joaquim Zueras
Desde España
Fecha de publicación: enero de 2014
Artículo que vió la luz en la edición nº 26 de Sinfonía Virtual
ISSN 1886-9505



 

 

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