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LO CORTÉS NO QUITA LO GALLARDO

Guillermo Castro
Centro de Investigación Flamenco Telethusa


(Nº 30, Invierno, 2016)


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DISCOGRAFÍA

 

Lo Cortés no quita lo Gallardo. José María Gallardo y Miguel Ángel Cortés. CD. Editorial Reyana. 2015

Las aparentes imposibles conexiones entre el mundo clásico y el flamenco no lo son tanto cuando dos grandes de las seis cuerdas se sientan a dialogar con su instrumento, tendiendo lazos, puntos de encuentro y fusiones que muestran cuan permeables fueron uno y otro, algo que también ocurrió en tiempos pasados. El gran guitarrista clásico del siglo XIX, Trinitario Huerta (1800-1874) fue muy criticado por el uso del rasgueo en su técnica musical, por ese toque “a lo barbero” que tanto fascinaba en el resto del mundo. Otro grande en plena época flamenca, Julián Arcas (1832-1882), se acercó igualmente a lo andaluz y a lo flamenco desde su formación como guitarrista clásico, legando importantes obras y música que, de forma oral, se ha transmitido en guitarristas dentro del ámbito flamenco. El mismo Falla se inspiró en el flamenco y otras músicas populares para construir maravillosas composiciones que más tarde un músico universal, Paco, el de Lucía, aflamencaría a su vez de forma magistral. La retroalimentación entre estas dos estéticas musicales ha sido continua desde tiempo inmemorial y no debieran los adalides de la pureza sentar cátedra a uno y otro lado del río cuando el milagro se produce.

        En este mano a mano entre José María Gallardo del Rey (Sevilla, 1961) y Miguel Ángel Cortés (Granada, 1972), dos grandes de la guitarra actual, clásica y flamenca, podemos encontrar un buen ejemplo del encuentro entre estos dos mundos. Con ellos, la distancia no parece ser tal. José María Gallardo conoce bien el flamenco, algo no muy frecuente en el mundo clásico, aunque poco a poco cada vez más, gracias a Dios. Proyectos anteriores como la Suite Sevilla junto a otro genio, Rafael Riqueni, y su contacto con Paco de Lucía le han brindado una cultura musical de la que se ha empapado muy bien, aplicando a su propia música la estética flamenca. Miguel Ángel Cortés, aunque más joven, es igualmente inquieto. No se ha quedado en el flamenco tradicional, ha ido enriqueciendo su toque con otras músicas, participando en proyectos como el Omega del añorado Enrique Morente, o en las últimas producciones de la cantaora Rocío Márquez, buscando nuevas formas musicales que enriquezcan su expresión  musical. Posee un toque muy limpio, algo imprescindible en la guitarra clásica y que antaño no se exigía a los flamencos, algo que es muy de agradecer y bueno para el flamenco.

        El disco tiene diez composiciones en las que no podremos etiquetar con facilidad el estilo que se interpreta en su gran mayoría, salvo la taranta Nuestros mayores,las Nanas de la Esperanza que llevan el cante de Esperanza Fernández, el tango argentino Amargura,o los tangos flamencos del tema que cierra el disco: Silverio ¡Qué flamenco! En el resto de los cortes, seis, se intuyen aires de alegrías, tangos, bulerías, seguiriyas… que aparecen y desparecen en el discurso musical de los guitarristas, en los que manda una estructura compositiva diseñada y bien pensada por los autores. Nada de falseta-rasgueo-falseta-rasgueo… No obstante, en los estilos donde el lenguaje y estructura flamenca es más audible y está más presente, tampoco encontraremos la cuadratura tradicional flamenca.

        Atendiendo a los temas del disco, la Bulería del 28 se acerca mucho a las formas que Paco de Lucía nos dejó en su magnífico tema Palenque, con las guitarras de Larry Coyrell y John McLaughlin. No será el único tema en el que encontremos la influencia del maestro de Algeciras. Esta bulería es uno de los temas más conseguidos del disco, en nuestra opinión. Destacamos igualmente Noches de San Lorenzo, a modo de suite, la composición más larga de todas. También el tema que abre y sirve de preludio al disco: Del Sacromonte al Porvenir; sin duda toda una muestra de intenciones en un bello diálogo entre estos dos maestros de la guitarra. Hay temas a solo, como Noches de San Lorenzo y la taranta Nuestros mayores, donde respectivamente, Gallardo y Cortés se ciñen al lenguaje propio de sus mundos.

        No encontraremos temas pegadizos, esas melodías que recuerdas con tan solo una escucha y que sigues tarareando una vez ha dejado de sonar el disco, algo que no está a la altura de todos y que supone un reto realmente difícil de superar. Si así fuera estaríamos hablando de una obra maestra. Quizás le falte eso al disco. Impecable la producción musical. Las guitarras suenan a guitarras no a lata reverberizada. Tomen nota algunos.

           

 

Escrito por Guillermo Castro
Desde España
Fecha de publicación: Invierno de 2016
Artículo que vió la luz en la edición nº 30 de Sinfonía Virtual
ISSN 1886-9505
www.sinfoniavirtual.com



 

 

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