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Alfredo Mesa: Guitarra Preflamenca

Guillermo Castro Buendía
Centro de Investigación Flamenco Telethusa (Cádiz)


(Nº 32, Invierno, 2017)


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DISCOGRAFÍA


Alfredo Mesa realiza una aproximación flamenca a la obra de guitarristas clásicos del siglo XIX que se acercaron en mayor o menor medida a “lo flamenco”, ya sea escribiendo obras plenamente flamencas o inspiradas en el flamenco desde un prisma más “clásico”. El caso del granadino Francisco Rodríguez El Murciano (1795-1848) sería el único guitarrista que podríamos considerar verdaderamente flamenco de los cuatro que forman parte de esta revisión histórica de Mesa, el más antiguo, por cierto. En la otra parte de la balanza están Trinidad Huerta (1800-1874), Julián Arcas (1832-1882) y Juan Parga (1843-1899).

Del oriolano Trinidad Huerta se conoce el cultivo con profusión del rasgueo, sobre todo en sus últimos años como concertista, muy criticado por los clásicos, entre ellos por el mismo Fernando Sor quien lo definía como “sublime barbero”. También el uso de golpes en la tapa de la guitarra era algo propio de Huerta, lo que acerca a este intérprete fuera de serie, así lo calificaban, al mundo flamenco; pero no tenemos partituras flamencas dentro de su obra. Su Fandango y Jaleo de Cádiz son piezas de aire andaluz, que no flamencas, otra cosa es lo que quiera hacer el intérprete con la obra, que es lo que hace muy bien Alfredo, poniendo de su cosecha la parte flamenca que por la época debió existir, porque no se explica que de repente aparezca la música de guitarra flamenca desde los clásicos, y mucho menos con la cantidad de datos que ahora ya tenemos sobre la historia del flamenco. Pongamos por ejemplo, yendo muy atrás, al maestro Patiño (1829-1902), quien interpretó el zapateado de las 82 variaciones en el salón de la Fonda del Turco en San Fernando de Cádiz el 28 de octubre de 1865. Paco el Barbero (1840-1910), quien interpretó en 1884 en diferentes conciertos en Córdoba soledad, potpourri de tangos flamencos, modernas peteneras, seguidillas flamencas junto a piezas de Arcas, y adaptaciones de óperas de Donizzetti, Barbieri, y diversas polkas y mazurcas. Paco El de Lucena (1859-1898), quien también destacó en el toque a solo y de quien se dijo que «envenenó la preciosísima alegría con estribillos de jotas, polcas y valses exóticos para sus pirotécnicas falsetas». Antes de todos ellos está el ya nombrado Francisco Rodríguez Murciano (1795-1848), de quien conservamos una rondeña-malagueña de gran virtuosismo, muy por encima del de muchas grabaciones flamencas de principios del siglo XX.

La escuela de guitarra flamenca estaba vivita y coleando, lo que no teníamos eran los registros sonoros, y mucho menos partituras de nuestros personajes flamencos, salvo la malagueña de Francisco Rodríguez Murciano transmitida por su hijo a Glinka, por cierto la más flamenca de todas. Él sí era flamenco, los otros no tanto, aunque le dieron a la guitarra flamenca entidad e importancia. Unos y otros se fueron influenciando, desde los ambientes académicos hacia los flamencos y viceversa, un vaivén que dio ricos frutos en forma de piezas clásicas a “lo Flamenco” algunas, otras bastante flamencas, y el resto, lo que nos falta, lo flamenco, por tradición oral.

El caso del almeriense Julián Arcas es paradigmático, su soleá es una pieza pensada para un baile de corte bolero, con ciertos pasajes flamencos, pero muy poco flamenca para lo que quisiéramos escuchar. Igualmente en la mayoría de su obra conservada no había mucho donde trillar. De él sabíamos que se metió de lleno en el flamenco porque se decía que los guitarristas flamencos cuando querían hacerse notar, “tocaban falsetas de Arcas, seguidillas gitanas de Arcas, Malagueñas, granadinas de Arcas…”, lo contaba el maestro de baile Otero (1860-1934), de Sevilla, en 1912, así que por algún sitio tendrían que salir, y así fue. Dentro de la Colección Palatín que descansa en Granada y que rescatamos del olvido hace unos años se encontraban junto a su versión de la Jota que luego heredaría Tárrega, unos Panaderos y un Jaleo por Punto de Fandango que suenan realmente flamencas. Tendrán que venir más documentos del maestro almeriense, quien está representado aquí con su famosa soleá, el jaleo citado, y unos Juguetes de la Rosa que Mesa extrae del jaleo y toca de forma independiente. Ahí tenemos a las alegrías bajo el nombre de “juguete” y a las soleares-bulerías bajo el nombre de “jaleo”. También sus panaderos son unas claras alegrías, pero no están en este disco.

El más joven de todos, el gallego de El Ferrol Juan Parga, está presente en cinco obras: Seguidillas gitanas, Guajiras, Polo Gitano, Panaderos y Petenera, todas de gran factura, como la interpretación de Mesa, que brilla en todas las interpretaciones y con gusto añade el aire flamenco que requiere su propuesta musical, con muy buen criterio y destreza. Un acierto su disco, que suena a las mil maravillas en sus dedos, con inteligencia y maestría.

 

Escrito por Guillermo Castro Buendía
Desde España
Fecha de publicación: Invierno de 2017
Artículo que vió la luz en la edición nº 32 de Sinfonía Virtual
ISSN 1886-9505
www.sinfoniavirtual.com



 

 

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