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ARRIAGA Y SUS "AMIGOS FELICES"

Antonio Pardo Larrosa
Coautor de El Baúl de los Genios


(Nº 22, ENERO, 2012)


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                                                           Sinfonía Re-cordada

Recordar es una facultad propia de los seres humanos. Para el hombre, recordar(se) implica traer a la memoria determinadas cosas –también se aplica a personas y situaciones- que sucedieron en un tiempo pretérito. Por tanto, son los recuerdos los que posibilitan que esa imagen almacenada –memoria- en el pasado se haga presente de un modo real. Para los garantes de la psicología, la psiquiatría, la filosofía… y otras tantas disciplinas del conocimiento humano, los recuerdos tienen su origen en el aprendizaje de un hecho vivido en el pasado que determina, en última instancia, la futura experiencia del ser humano. Estos son necesarios para la elaboración de nuestro exclusivo mapa sensorial, que reproduce con fidelidad la realidad de nuestras propias historias. Son elementos –los recuerdos- imprescindibles que nos ayudan a conectar mundos en apariencia distintos pero que en esencia tienen una naturaleza similar. Vestimos el presente con los aromas, los sonidos, los sabores, las imágenes… del pasado proyectando sus realidades a nuestro presente más inmediato. Recordar es re-vivir vidas que fueron parte de nuestra propia realidad.

        Para mí, recordar a Juan Crisóstomo de Arriaga y su extraordinaria sinfonía en Re constituye uno de los recuerdos más sentidos de mi juventud. Muchos años han transcurrido desde la primera vez que escuché los primeros compases de esta excepcional sinfonía. Son confusas las imágenes que tengo de aquel tiempo, pero recuerdo que mi padre me decía que Arriaga era el Mozart español… ¡Como puede ser!, pensaba yo, un Mozart español. Qué ironía, después he sabido que hubo otros compositores que recibieron este cariñoso apelativo, como el Mozart inglés, llamado Samuel Wesley; o uno negro, mujeriego y pendenciero llamado Joseph Boulogne; incluso las tierras del norte de Europa tuvieron su propio Mozart, Joseph Martin Kraus, por citar solo unos cuantos. Para un niño de diez años pensar que Mozart, Beethoven, Bach y unos cuantos más no fueron los únicos compositores que deambularon por el universo musical de la historia fue todo un descubrimiento, y es que la aparición del joven y genial Arriaga supuso en mi corta vida un acontecimiento excepcional.

        Una sinfonía como las de Mozart… qué idea tan descabellada, y qué ingenuo parecía yo. Entonces no alcanzaba a comprender la dimensión musical que la Sinfonía en Re de Arriaga poseía, y mucho menos atisbar la profunda impresión que causó en mi persona la música de este maravilloso genio, máximo exponente del sinfonismo español del siglo XIX. (Quizás Juan Crisóstomo de Arriaga no fuera el compositor más prolífico de su generación, la muerte le sobrevino demasiado pronto, pero la calidad de su obra y la originalidad de su música hizo que fuera consagrado como el músico más prometedor de su tiempo .Comparado con Mozart, Arriaga sobrevivió a todos regalándonos un recuerdo maravilloso, su obra inmortal. El sinfonismo español del XVIII y principios del XIX estuvo representado por músicos de la talla de Baguer, los hermanos Pla,  Viola, Fajer… etc., pero por encima de todos ellos estuvo el genial Juan Crisóstomo de Arriaga.)

        Dividida en cuatro movimientos,  Adagio – Allegro vivace, Andante, Minueto (Allegro) y Allegro con moto, la sinfonía es una obra de madurez, cosa curiosa si tenemos en cuenta que Arriaga solo vivió diecinueve años. Sus temas y modos recuerdan a otros grandes genios de la escena musical europea, como Mozart, Cherubini, Mendelssohn o Rossini, pero sin perder un ápice de originalidad que diferenciaba su música de la del resto. Considerada por muchos como la sinfonía española por excelencia, la obra de Arriaga está llena de buenas intenciones. Sus ideas son originales, de un modo tan evidente que el desarrollo temático de su sinfonía en Re va de menos a más. Es curioso como después de tantos años la alegre y jovial melodía de su cuarto y último movimiento, allegro con moto, resuena una y otra vez en mi cabeza. Es una pegadiza melodía que uno no puede dejar de tararear. Es la obra de un genio atemporal que vio como la tuberculosis le concedió la tan anhelada inmortalidad. Como muy bien expresa Gumersindo Díaz Lara (1) :

El cuarto y último movimiento, Allegro con moto, es verdaderamente importante, inspirado y perfecto de construcción. Contiene acertadas combinaciones rítmicas, felices armonizaciones, sutiles digresiones tonales, interesantes imitaciones, sonoridades brillantes y, a la vez, sobriedad en la instrumentación. Este movimiento corona magníficamente la sinfonía

        Más allá de tecnicismos y formulaciones teóricas, la música de Juan Crisóstomo de Arriaga constituye un verdadero desafío a los sentidos, una experiencia única que da contenido y sentido a una parte muy importante de nuestra propia historia. Su obra, junto a la de otros grandes compositores de la época muestra la desconocida realidad que tenemos de la música sinfónica española de los siglos XVIII y XIX. Puede decirse que de todos ellos es Juan Crisóstomo de Arriaga el más conocido pero no por ello el más importante. Como de costumbre surge la pregunta: ¿fue Arriaga el único sinfonista español del clasicismo?, ahora sé que no…

        Durante más de dos siglos España regaló al mundo un gran número de músicos que por su calidad y originalidad tuvieron un papel fundamental en el desarrollo y evolución de la música española –europea- de la época. Arriaga solo es el más conocido, nada más, su nombre ha eclipsado al de los demás ocultando la verdadera naturaleza de sus extraordinarias carreras. Baguer, Viola, Fajer, Pla, Teixidor, son solo algunos ejemplos del inmenso tesoro sinfónico que España guardaba. Sus obras cayeron en el olvido, sus vidas en el anonimato, pero la presencia de estos genios de la música engrandece el nombre de un país que fue refugio de ilustres maestros de la música europea. Su presencia rubrica el absoluto desconocimiento que el aficionado a la música clásica tiene de una época muy importante de nuestra cultura musical. Por tanto, presentar la vida y la obra de estos genios del pentagrama supone un verdadero desafío, una continua búsqueda de la verdad, esa que durante siglos ha permanecido oculta esperando el momento de ser desvelada.

        Esta es una pequeña pero significativa aproximación al sinfonismo español de los siglos XVIII y XIX, una visión muy personal de su realidad musical. Para ello voy a tomar como modelo una película del controvertido cineasta americano Quentin Tarantino, (Reservoir Dogs), si, ya sé que no es la forma más ortodoxa de contar esta historia, pero su manera de narrar los acontecimientos supone un modelo muy gráfico que describe con detalle la situación que pretendo mostrar. En ella Tarantino cuenta la historia de Seis criminales profesionales que son contratados para realizar un trabajo, un robo a un almacén de diamantes. Estos criminales no se conocen entre sí y mantienen sus identidades en el anonimato, escondidos bajo nombres de colores, el señor Naranja, el señor Blanco, el señor Rosa, el señor Rubio, el señor Marrón y el señor Azul, preparan minuciosamente el robo…

        Para nuestra representación sinfónica tomaremos como punto de partida solo la idea de Tarantino, la vestiremos –en un ejercicio de imaginación- con imágenes, olores, sabores y sonidos propios del siglo XVIII y XIX, y así obtendremos nuestra particular reunión musical. Nuestros personajes ocultaran sus identidades bajo seudónimos que de alguna forma representen su naturaleza como músicos: el genio, el dandy, el innovador, el desconocido y el sencillo. Su intención será la de celebrar un extraordinario concierto secreto organizado por una misteriosa logia que pretende reunir a los compositores más relevantes del panorama musical español de la época. Para ello le otorgará a cada músico un alias que ocultará su verdadera identidad, de manera que el secretismo y el misterio que envuelve a la logia queden intactos. Ellos decidirán cuales son las obras que compondrán para tan ilustre velada, eligiendo la instrumentación, la tonalidad o el tempo que mejor se adecue a sus prodigiosas facultades. Todo quedará sellado en un juramento que cada uno tendrá que respetar como compromiso ineludible de lealtad a la logia que los convoca.

Los asistentes a dicha reunión son los siguientes:


“El genio”

La vida de Juan Crisóstomo de Arriaga fue demasiado breve. La tuberculosis se lo llevó a la temprana edad de diecinueve años. Esta terrible enfermedad privó al mundo de las excelencias artísticasde uno de los grandes genios de la música universal. Nació en Bilbao, en 1806, en el seno de una familia volcada con el noble arte de la música. Su padre, Juan Simón de Arriaga, fue su primer mentor, un organista de notable talento que supo ver las enormes cualidades musicales de su joven vástago. Fue enviado a Paris para estudiar contrapunto con el gran Fétis, alcanzando una extraordinaria madurez musical nada común en un joven de su edad. Un joven excepcional que compuso parte de sus obras inspirado por los grandes creadores de la vieja Europa.

        Su vida no dio para mucho, unas cuantas obras, algunas incompletas, y otras, inmortales. Su Sinfonía en re, o su Stábat Mater op.23 (1822) dan buena cuenta de lo que podría haber sido Juan Crisóstomo de Arriaga si la tuberculosis no le hubiera conducido prematuramente a la inmortalidad.  

“El Dandy”

Contemporáneo –solo unos cuantos años separan a estos dos genios de la música española- del inmortal y malogrado Juan Crisóstomo de Arriaga, el barcelonés Carlos Baguer es uno de los pocos representantes de lo que podríamos denominar sinfonismo clásico español, llevado adelante con bastante solvencia a mediados del siglo XVIII en la península. Baguer nació en la ciudad de Barcelona en 1768, en el seno de una ilustre familia de músicos. Su tío Francisco Mariner fue el organista principal de la catedral de Barcelona hasta el año 1786, cuando su joven sobrino lo sustituyó por su elevada técnica y ejecución con el teclado al frente del cargo. Fue nombrado, en 1789, organista titular de la catedral de Barcelona, puesto que desempeñó hasta el día de su muerte, en 1808. Carlos Baguer fue una de las figuras musicales más importantes y representativas del sinfonismo español y catalán de la época. Tenía un talento especial para las improvisaciones al teclado, que le proporcionaron una gran reputación dentro del panorama musical español. Sus diecinueve sinfonías lo colocan como el más importante sinfonista de la época en España.

        Sus sinfonías están claramente influenciadas por la música de Joseph Haydn, ya que Baguer se inspiró más en los modelos germánicos de músicos como Stamitz y Haydn, y del austríaco Mozart, que en la depurada y sensible técnica italiana. Sus obras sinfónicas muestran una delicada inspiración, que las dota de una exquisita belleza que delata una inspiración que si no es original, sí resulta atractiva y muy comunicativa.

“El innovador”

Maestro del contrapunto y la armonía, la obra del compositor español Anselmo Viola se encuentra hoy en día perdida. Un solo concierto para chelo y algunas piezas de menor calidad son el único vestigio que queda de este innovador compositor y teórico del siglo XVIII español. Su labor como maestro de capilla influyó notablemente en músicos tan importantes como Fernando Sors.

“El desconocido”

Otro gran desconocido. Pocos son los datos que tenemos sobre la vida y la obra del compositor y organista español Joseph Teixidor. Algunas fuentes apuntan a que fue el organista de la Capilla Real en Madrid, y otras que hizo lo propio en el Convento de las Descalzas Reales. Además de compositor e instrumentista, Teixidor fue un gran teórico e historiador de la música.

“El sencillo”

Llamado el “españoleto”, Francisco Javier Fajer fue un compositor español que desarrolló su carrera musical a caballo entre Italia y España. Su primera etapa, la italiana, estuvo marcada por la gran admiración que Francisco sentía por los operistas italianos de la época. En esta etapa de su vida Fajer compuso una interesante cantidad de Intermezzi, inspiradosen las óperas Buffas de Rinaldo di Capua, y alguna que otra ópera seria, como la titulada Pompeo Magno in Armenia. En su etapa española Fajer ocupó el puesto de Maestro de Capilla de La Seo, en Zaragoza, siendo este el último cargo que desempeño antes de que la peste se lo llevara con nuestro amado señor en 1809.

        Arriaga y “sus amigos felices”, no es más que una pequeña aproximación al sinfonismo español de los siglos XVIII y XIX, unas cuantas líneas que intentan mostrar la riqueza musical de una época marcada por la divinidad de un niño prodigio y la genialidad de un sordo incomprendido. Un universo musical lleno de matices que revelan la extraordinaria calidad de una prodigiosa generación de músicos.

 

                                                                                                                            

(1) Juan Crisóstomo Arriaga, sinfonía en Re http://www.gumersindodiaz.es/notas_audiciones/Arriaga_SINFONIA_Re.pdf




Escrito por Antonio Pardo Larrosa
Desde España
Fecha de publicación: Enero de 2012
Artículo que vió la luz en la revista nº 22 de Sinfonía Virtual.
ISSN 1886-9505


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