PRUEBA_DESIGN-2014


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LA ARMÓNICA DE CRISTAL

Joaquim Zueras
Crítico musical



(Nº 26, ENERO, 2014)


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A VUELAPLUMA


Un concierto celebrado en el Palau Robert de Barcelona el 21 de mayo del 2008, a cargo de Marc Grauwels (flauta) y Thomas Bloch (armónica de cristal), brindó a muchos melómanos la oportunidad de reparar en tan curioso instrumento.

        La armónica de cristal, también conocida como glass harmonica  o hydrocrystalophone, está inspirada en aquel principio de hacer sonar copas afinadas con agua, no percutiéndolas, sino deslizando los dedos, recurso que conocíeron en la antiguedad persas, chinos, japoneses y  árabes. En 1743, el irlandés Richard Puckeridge concibió el nuevo instrumento, que en principio se llamó órgano angélico y también serafín. Benjamin Franklin asistió a un concierto ofrecido por un virtuoso inglés llamado Delaval, quedando sorprendido por su sonido que él calificó de “dulce y puro”. Hizo algunas mejoras que concluyó en 1762 y lo presentó como glass harmonica, tal como hoy podemos observar: cílindros consecutivos de cristal, de mayor a menor diámetro, correspondientes cada uno a una nota, blancas y doradas que serían las blancas y negras del piano, alineados horizontalmente y atravesados por un eje unido por una correa al pedal, que los hace girar. El ejecutante toca estos cílindros con los dedos ligeramente humedecidos. Tiene cuatro octavas y la cercanía de las teclas entre sí permite acordes imposibles de interpretar con el anterior método de las copas.

        La armónica de cristal gozó de amplia aceptación desde el principio y no faltaron otros instrumentos con pequeñas variaciones, como el melodion, eumélia, clavecilindro, sticcardo pastorale, espirafina, instrumento del Parnaso, hydrodaktulopsychicharmonica...que el tiempo arrinconó en favor del principal. Thomas Jefferson dijo que la armónica de cristal es “el más grande de los obsequios ofrecido al mundo de la música en el siglo”. Goethe, Paganini y Théopile Gautier, entre otras muchas celebridades,  la tenían en gran estima. Pero otras personalidades, sobre todo del mundo de la medicina, recelaban del instrumento o lo detestaban sin más y en algunos lugares fue prohibida por dañina. En primer, lugar su sonido tiene algo de mistérico: un timbre cristalino y melancólico entre un silbido oscuro y una campanilla, que aparece cuando todavía está generándose -produciéndo una falsa impresión de retardo- y que desaparece como difuminándose (esto es tanto más perceptible cuando menos agudas sean sus notas). No pocos opinaban que el timbre de la armónica de cristal producía desarreglos mentales, con lo cual no faltaron aprensivos que se desmayaban al oírla, dando argumentos a quienes no tenían razón. Sí es cierto que en su fabricación se empleaba plomo, que el ejecutante absorvía. Para evitar esta intoxicación –saturnismo- en la actualidad se utiliza el cuarzo. El célebre médico Franz Anton Messmer hipnotizaba a sus pacientes con la armónica de cristal como música de fondo. Llegados a este punto, les confesaré que su placentera escucha, me produce un efecto tan relajante que me conduce a un sueño invencible, lo cual es meritorio porque no lo concilio con facilidad.

        Quien desee adentrarse en el interesante mundo de la armónica de cristal puede adquirir, entre otros, el CD de Naxos 8.555295, que propone un repertorio muy representativo en este tipo de conciertos, al explorar el instrumento tanto en su función solista como de acompañamiento: Del compositor Johann Abraham Peter Schulz (1747-1800), considerado el padre del lied danés, consta un Largo que nos brinda la oportunidad de escuchar la armónica de cristal sola, pudiendo admirar todos sus resortes. Pese a la fecha de nacimiento,  Johann Julius Sontag von Holt Sombach (1962) compone en un estilo clásico de forma deliberada, como el bellísimo Adagio en que el instrumento se entrelaza con un cuarteto de cuerda, y la Fantasie, Allemande y Menuet de su Suite Primera. Johann Friedrich Reichardt (1752-1814), maestro de capilla de la corte de Federico Guillermo II de Prusia, dedicó numerosas páginas a la armónica de cristal, como el galante Rondeau en el que el violonchelo es el solista. Al rey de Prusia le gustaba la armónica de cristal; prueba de ello son los encargos que hizo a Johann Gottlieb Naumann (1741-1801), entre éstos la Tercera Sonata. El interés de W. A. Mozart (1756-1791) por la armónica de cristal se remonta a 1773, cuando conoció a la virtuosa Marianne Davies. Compuso para este instrumento el Adagio K.V. 356 (K.V. 617a) y el Adagio und Rondo K.V. 617.

        En 1815 Beethoven imaginó el breve poema  Melodram arropado por la armónica de cristal, para que acariciara con dulzura las palabras del rapsoda. Karl Leopold Rölling (1754-1804) habiéndose consagrado por entero a este instrumento, sufrió las consecuencias del plomo; dejó escrito: “¿Cómo podría haber imaginado que el objeto de mi dicha acabara por ser mi desdicha?” En 1789 compuso Kleine Tonstüche, una obra  elegante, delicada y llena de encanto. De más amplias proporciones es el Trío de la cantata Trionfo della Musica para dos sopranos, tenor, arpa y armónica de cristal, de David August von Apell (1754-1832), dedicada al rey Maximiliano de Baviera. En la ópera Lucia de Lammermoor, Gaetano Donizetti (1797-1848), concibió  la Scena della pazzia para soprano y armónica de cristal para describir el estado mental de Lucia, cercano a la locura. Aunque por comodidad este fragmento hoy se interprete con el acompañamiento de dos flautas, no fue ésta la idea del operista. Finalmente, de Thomas Bloch (1962) podemos escuchar un Sancta María de carácter elegíaco, en el que ha empleado un lenguaje muy personal.
 
        Thomas Bloch, quien dio el concierto en Barcelona e intérprete del CD de Naxos, es, además de compositor, uno de los  pocos glassharmonicistas virtuosos que existen en la actualidad. Diplomado en Acústica por e Conservatorio Nacional Superior de Música de París y poseedor de  varios premios internacionales, cada año da unos 150 conciertos por toda Europa.


Escrito por Joaquim Zueras
Desde España
Fecha de publicación: Enero de 2014
Artículo que vió la luz en la edición nº 26 de Sinfonía Virtual
ISSN 1886-9505



 

 

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