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Cambios y tensiones en la dirección del Coro Pontificio
(Capilla Sixtina)

Joaquim Zueras Navarro
Crítico



(Nº 38, Invierno, 2020)


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A VUELAPLUMA


Desacuerdos en la Capilla Sixtina, no nos engañemos, los ha habido siempre como en cualquier grupo establecido durante años, pero la novedad radica ahora en la frecuencia de estas tensiones que parecen seguir una lógica inquietante. En este breve ensayo, repasamos la trayectoria de sus músicos y su relación con los papas, desde Domenico Mustafà ("el Verdi de la música sacra") y Lorenzo Perosi, hasta Domenico Bartolucci, Giuseppe Liberto y Massimo Palombella. Este último dimitió en 2019 al verse envuelto en escándalos, relevándole en el cargo Marcos Pavan.

Domenico Mustafà (1829-1912) nació en Sellano, provincia de Foligno, en Umbría, en el seno de una familia necesitada. A muy corta edad su padre lo hizo castrar por si la fortuna como cantor en la iglesia o en la escena llamaba a su puerta. No fue por tanto un accidente al ir a dar de comer a los cerdos como he leído a menudo, tratando de blanquear la memoria de su progenitor. De esta desgracia, Mustafà -dotado de un buen físico, estatura imponente y mirada viva y penetrante- nunca se recuperó, siendo tal vez la causa de ciertas extrañezas y susceptibilidad de carácter.  

Pio IX regresó de su exilio en Gaeta en 1850. Al restablecerse la actividad en la Sixtina, Mustafà, el decano de los sopranos, pasó a dirigir el coro y a diseñar un proyecto de reforma, pero como su plan no prosperaba dimitió en 1870. En su ausencia el coro empeoró, recibiendo de sus superiores la promesa de que, si regresaba, considerarían su proyecto, nombrándole poco más tarde direttore perpetuo.

En 1887, bajo el pontificado de León XIII, la situación no había cambiado, por lo que volvió a dimitir y se retiró a Montefalco. Mas en 1891 el maggiordomo le comunicó por carta el inicio de algunas de esas reformas. Volvió de nuevo a la Sixtina y no faltaron ceremonias para las que compuso nuevas e inspiradas obras.

Quizás León XIII estuviera harto de los cambios de humor de Mustafà y de sus renuncias, tal vez influyera el cardenal Sarto o simplemente intentara aumentar el prestigio de la Capella Sixtina. Lo cierto es que por aquel entonces era aclamado en toda Italia por sus oratorios el joven sacerdote Lorenzo Perosi (1872-1956), director de coro de San Marcos en Venecia, en donde había tomado posesión el cardenal, futuro Pío X.

Entonces el Papa decidió mantener a Mustafà y nombrar a Lorenzo Perosi también director. Mustafà, creía en el ideal que representaban los últimos castrati de Iglesia: formados durante años, consagrados por entero al coro, no podían compararse con los niños que cantaban provisionalmente antes de la muda, sin verdadera vocación, para luego abandonar la música sacra, mientras que a Perosi le atormentaba la práctica de esta innoble cirugía.

Pese al tacto que se empleó para que ambos maestros trabajaran sin roces ni suspicacias, en 1899 Mustafá presentó al maggiordomo otra dimisión. Finalmente Mustafà abandonó la Capilla Sixtina  en 1902 y regresó a Montefalco, llevándose sus más de cien composiciones sacras manuscritas que guardan sus herederos y que permanecen inéditas, de modo que no sabemos cómo era la música de aquel que fue llamado el Verdi della musica sacra. 

Amante de la buena mesa y del vino generoso disfrutaba con sus invitados recordando tiempos pasados, también dirigiendo bandas y organizando algún concierto. Pero la salud empezó a abandonarle. Ciego y sordo falleció en 1912.  

Como hemos explicado, el sacerdote Lorenzo Perosi, que compartía con Mustafà la dirección de la Sixtina, tomó las riendas de la misma tras la retirada de éste. Pronto cayó en un desequilibrio nervioso del que no se recuperó hasta sus últimos años; una conducta plagada de extrañezas sobre la que se ha especulado mucho sin resultados concluyentes, rarezas que tenían como común denominador una sensibilidad enfermiza que le conducía a las ideas más peregrinas y a comportamientos estrambóticos que pusieron a prueba la paciencia de personajes como por ejemplo Pio XII.

Bondadoso en extremo, lo cierto es que nos dejó composiciones memorables con momentos de profundo lirismo, muchas de ellas grabadas bajo la batuta del maestro Arturo Sacchetti en los festivales llamados Perosianas que se celebraron en Tortona de Alessandria, en el Piamonte, localidad natal del compositor.

En los últimos años de la vida de Lorenzo Perosi le ayudaba en su labor Domenico Bartolucci (1917-2013). Nacido en Borgo San Lorenzo (Florencia), fue ordenado sacerdote en 1939 y  poco después obtuvo el diploma de dirección y composición orquestal. En 1947 fue nombrado director de la Cappella Liberiana de Sta. Maria Maggiore. Tras la muerte de Lorenzo Perosi en 1956, Pio XII lo nombró Maestro Perpetuo de la Cappella Musicale Pontificia Sixtina.

Se le ha reconocido como uno de los mejores intérpretes de la música del Renacimiento, sobre todo de Palestrina. Con la Sixtina obtuvo numerosos premios en sus giras por todo el mundo, llegando incluso a la ex Unión Soviética en 1977 con un gran éxito. Como Académico de Santa. Cecilia, en Roma, dirigió en esta institución numerosos conciertos. Su actividad como compositor es extensa, tanto que la Edizioni Capella Sixtina ha publicado 34 volúmenes:  motetes madrigales, misas, otras piezas sacras, oratorios, composiciones para órgano...

En muchas de estas obras predomina un lenguaje de inspiración palestriniana y la recreación del gregoriano al añadir a menudo un sólido contrapunto vocal de estilo imitativo. Juan Pablo II, que no se distinguía precisamente como un melómano afecto a la música sacra tradicional, se le ocurrió que los feligreses agradecerían una música de carácter más popular.

En un viaje a Palermo conoció en la catedral al director de coro Giuseppe Liberto (1943) dirigiendo una música más sencilla que la de San Pedro del Vaticano, así que en 1997  prescindió de los servicios de Bartolucci y  nombró a Liberto como sucesor en esta tarea. Aunque fueron muchos los que criticaron esta decisión, nadie se atrevió a alzar la voz salvo el cardenal Ratzinger.

Giuseppe Liberto, de sólida formación,  llegó a la Sixtina y no mostró señales de renovación alguna sino un estilo sereno, aplomado y tradicional, aunque nadie olvidaba que era el sucesor de Bartolucci impuesto con calzador por el papa polaco. Ironías de la vida, el cardenal Ratzinger fue elegido Papa en el 2005 con el nombre de Benedicto XVI. En el 2010 nombró a Bartolucci cardenal (algo muy infrecuente en un músico papal) y ese mismo año monseñor Liberto desapareció del Vaticano.

A continuación Benedicto XVI nombró director de la Sixtina al salesiano turinés Massimo Palombella (1969), profesor de música sacra en diversos conservatorios y facultades y director del Coro interuniversitario di Roma. Todo parecía ir viento en popa, incluso noté que los Pueri Cantores se mostraban seguros y afinados por primera vez en muchos años, cuando supe que se recibían quejas del trato humillante que Palombella infringía a estos niños.  

Pero el detonante definitivo se desencadenó cuando el papa Francisco ordenó una investigación. Palombella se vio involucrado en un supuesto caso de malversación y desviación de fondos. Según los investigadores, una parte de los ingresos de las actividades de la Capilla Musical Pontificia habría ido a parar a una cuenta bancaria opaca.

El escándalo salpicó también al tesorero de la institución. Palombella dimitió en el 2019, relevándole en el cargo, de manera temporal monseñor Marcos Pavan,  hasta entonces director de los Pueri Cantores de la Capilla Musical Pontificia. Es pronto para juzgar el trabajo de este sacerdote brasileño con un pasado musical algo pop, aunque en San Pedro haya orillado tales veleidades. 

Tampoco creo que al papa Francisco le preocupe en exceso la música sacra.

 

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA

Alberto de Angelis: Domenico Mustafà. Edizioni Nicola Zanichelli. 1926.

Joaquim Zueras Navarro: "Domenico Mustafà en la Sixtina". Mundoclasico. 20 de abril de 2012.

Joaquim Zueras Navarro: "Obras de cámara de Domenico Bartoluci". Sinfonía Virtual, nº 34 (2018): www.sinfoniavirtual.com/discos/100.php

Mario Rinaldi: Lorenzo Perosi. Edizioni de Santis. 1967.

Patrick Barbier: Historia de los Castrati. Javier Vergara Editor. 1990

Redacción: "Dimite Massimo Palombella, director del Capilla Musical Pontificia", Scherzo, 13 septiembre del 2019.

Sandro Magister: "Los cien años de Domenico Bartolucci. Como cítara en tierra extranjera". Infovaticana. 16 junio del 2017.

Sandro Magister: "Ratzinguer “abajo”. Un réquiem por la Capilla Sixtina". L'Espresso. 4 enero del 2010.

Wikipedia: Giuseppe Liberto (última visita: 25/01/20209)

Wikipedia: Massimo Palombella (última visita: 25/01/20209)

 


Escrito por Joaquim Zueras
Desde España
Fecha de publicación: Invierno de 2020
Artículo que vió la luz en la edición nº 38 de Sinfonía Virtual
www.sinfoniavirtual.com
ISSN 1886-9505



 

 

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