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EL APASIONANTE VIAJE MUSICAL POR FRANCIA E ITALIA DE CHARLES BURNEY

Daniel Martín Sáez
Director de Sinfonía Virtual



(Nº 27, JULIO, 2014)



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RESEÑAS


Título: Viaje musical por Francia e Italia en el siglo XVIII
Autor: Charles Burney
Editorial: Acantilado
Páginas: 494
Idioma: Español (traducción del inglés)
Traductor y editor: Ramón Andrés
Año: 2014

Nos congratula poder presentar la excelente edición crítica del clásico de Charles Burney (1726-1814) traducido por primera vez de forma íntegra al español: Viaje Musical por Francia e Italia en el siglo XVIII. No es la única joya musical publicada por Acantilado, que destaca desde hace ya quince años por sus magníficas ediciones de obras clásicas –muchas contemporáneas («clásicos vivos»)–, sobre todo del ámbito de la narrativa, así como por incontables «obritas» de grandes escritores, que por su brevedad las editoriales no suelen arriesgarse a publicar (como El prisionero del Cáucaso de Alexandr Pushkin, de sólo 48 páginas).
        Cada vez son más las ediciones «musicales» de Acantilado en el grueso de su excelente catálogo, y todas ellas suponen la aparición en España de obras originales y de un valor innegable: en esta misma edición de Sinfonía Virtual, hemos recomendado las Conversaciones sobre música de Wilhelm Furtwängler y ¿Qué es la música? de Carl Dahlhaus y Hans Heinrich Eggebrecht, pero también podríamos haber hablado de la Poética de Stravinsky, La música como discurso sonoro de Harnoncourt o La música como concepto de Robin Maconie, o las diversas obras de Ramón Andrés que mencionaremos al final. Mientras redactamos estas líneas, de hecho, hemos conocido la publicación del nuevo libro de Mark Evan Bonds, La música como pensamiento, traducido por Francisco López Martín, que comentaremos en el próximo número de la revista.
       La presente obra del músico y escritor Charles Burney no debe ser catalogada solamente por su singularidad, sino también, y sobre todo, por su importancia histórica. En este ámbito, estamos sin duda ante la obra musical más importante publicada hasta la fecha por Acantilado, que en otras áreas ya nos ha facilitado tantísimas creaciones de incalculable valor: recordemos la publicación del poema filosófico De rerum natura de Lucrecio, en edición bilingüe, Los ensayos de Montaigne, el singular Libro del desasosiego de Fernando Pessoa o El descubrimiento del espíritu de Bruno Snell, todas ellas esenciales en la historia de la filosofía, del ensayo, de la poesía y de la historia conceptual europea, respectivamente. En el ámbito de la estética, por cierto, acabamos de conocer la edición del libro de Longino, Sobre lo sublime, que esperamos poder comentar también para nuestros lectores.
       El Viaje musical por Francia e Italia en el siglo XVIII es una de las tres obras fundamentales del que es unánimemente considerado, junto al padre Giovanni Battista Martini y John Hawkins, el fundador de la historiografía musical. Las otras dos son su monumental Historia General de la Música (General History of Music, cuyo primer volumen apareció en 1776 y el último, el cuarto, en 1789) y El estado actual de la música en Alemania, Países Bajos y Provincias Unidas, o la Crónica de un viaje por esos países (The Present State of Music in Germany, the Netherlands and United Provinces or the Journal of a Tour through those Countries, 1775). Esta última es posterior a la que estamos comentando ahora y conforma una especie de díptico con ella. El título original en inglés, de hecho, es el mismo: El estado actual de la música en Francia e Italia o la Crónica de un viaje por esos países (The Present State of Music in France and Italy or the Journal of a Tour through those Countries, 1773), traducido libremente por Acantilado como Viaje musical por Francia e Italia en el siglo XVIII.
        Son años de una intensa actividad historiográfica y archivística, aunque limitada todavía a un reducido número de estudiosos pioneros, melómanos y coleccionistas. La obra de su contemporáneo John Hawkins, Historia de la Ciencia y la Práctica de la Música (History of the Science and Practice of Music, un título muy representativo de la duplicidad teórico-práctica en que todavía estaba inmersa la concepción musical), fue publicada durante el mismo periodo en que aparecieron las obras de Burney, entre los años setenta y ochenta del siglo XVIII. Aunque existe una obra que se adelantó una década a los trabajos de Hawkins y Burney, tan importante como la Storia della Musica del citado padre Martini, la visión sinóptica de este último no puede parangonarse a la de aquellos, al no haber pasado de la época griega (a la que dedicó tres sendos volúmenes); las obras de los ingleses, sin embargo, llegan hasta sus contemporáneos de finales del siglo XVIII, a muchos de los cuales conocen en persona y con los que se entrevistan. Sólo entonces, quizá, podemos hablar de una verdadera «Historia de la Música», cuyo primer escalón, visto retrospectivamente, sería precisamente este Viaje de Burney. En él, de hecho, se cita al padre Martini, al principio solamente de oídas, en sus notas por Francia, hasta que se encuentra con él en Italia, quedando hondamente impresionado (por entonces, además, Martini sólo había publicado su primer volúmen). Sin embargo, las opiniones vertidas por Burney en ambos casos no son demasiado halagüeñas respecto a su labor como «precedente» de su Historia General de la Música. (Uno de los documentos históricos y musicológicos más fascinantes de la época, sin que se haya realizado todavía una edición crítica o una traducción seria en ninguna parte, es la extensa correspondencia del padre Martini, entre cuyos destinatarios se encuentran algunos de los personajes más conocidos de la época, incluido el propio Charles Burney, junto a otros nombres ilustres como Metastasio, Rameau o Locatelli.)
        En cuanto a la presente obra, sirvió a su autor como preparación para su opera magna, como indica el añadido final de la segunda parte del largo título que Burney escogió para ella, y también para la segunda parte del «díptico», de idéntico título, que ya hemos visto, a saber: emprendido para recoger Materiales para una Historia General de la Música (en inglés: undertaken to collect Materials for a General History of Music). Eso no evita que el Tour pueda leerse –y así fue concebido en el fondo– como una obra autónoma. Para elaborarla realizó varios viajes a principios de los años setenta por diversas ciudades de Francia e Italia (cada una de dichas ciudades conforma un capítulo en la presente obra), dando un lugar esencial al testimonio directo de los compositores, instrumentistas, cantantes, literatos y teóricos más reconocidos de la época, a los cuales solía acudir con alguna carta de presentación.
        La obra puede enmarcarse en el género de los libros de viaje que iban a multiplicarse exponencialmente durante el siglo XIX, aunque tuviera importantes precedentes modernos (a veces poco valorados) desde el siglo XVI, y un glorioso crecimiento a finales del siglo XVIII, donde los «músicos» jugaron un papel notable. El Viaje a las Islas Occidentales de Escocia (1775), de Samuel Johnson, está de hecho inspirado en este entrañable Viaje de Burney (que además fue amigo suyo), y también John Hawkins –el segundo historiador de la música inglés al que nos hemos referido–, fue amigo de Samuel Johnson, a quien homenajeó en 1787 con su Life of Samuel Johnson, de manera que la relación de los historiadores de la música con la literatura de viajes es muy estrecha, como por cierto destaca el propio Burney en esta obra apelando a otros motivos. Las aventuras de Casanova, publicadas unos años después, respiran sin duda un parecido aire de familia.
        La obra está plagada de comentarios ingeniosos y observaciones que, unidas a su destacable elocuencia y sencillez, hacen de su lectura un apasionante relato vivo del siglo que le tocó vivir, en parte heredero de los antiguos viajes que se remontan a la Odisea y los lógoi de los antiguos historiógrafos griegos. Su Historia General de la Música, nacida tras estos viajes, está complementada con un considerable rigor en el uso de las fuentes, propio de las jóvenes disciplinas filológicas e historiográficas que habían comenzado su andadura positiva en el siglo anterior, pero sin perder nunca la vida y la ingenuidad que le infundieron los viajes.
        Si algo puede enseñar hoy a la historiografía este Viaje es su capacidad, propia del género del ensayo, de vivir la música y comprenderla como un fenómeno global, inseparable de la vida y el movimiento de las ciudades, de sus edificios y sus calles, de sus costumbres particulares y sus gustos, de su gastronomía y sus leyendas, de las opiniones de los críticos, los literatos o los filósofos de la época. La apelación a la importancia social de la música o al descubrimiento del pararrayos de Franklin al inicio del relato, o su interés por investigaciones ópticas, astronómicas y acústicas, así como sus continuas observaciones sobre los instrumentos que visita, la arquitectura, la pintura o las costumbres de las distintas ciudades, o sus encuentros fortuitos con figuras como Voltaire, dan sobrada prueba de ello. Otra muestra sería su condición de músico, sobre todo como teclista, pero también como violista y compositor, que no se achanta a tocar ante algunos de los más grandes músicos de Europa, a los que sabe contentar y a los que a veces regala alguna de sus propias composiciones. Su conocimiento de los pormenores de la creación musical es por tanto de primera mano, como muestra su contacto con Farinelli, sin duda uno de los puntos álgidos de estos viajes.
        El mayor logro de la edición española, frente al resto de ediciones (inglesas, francesas e italianas) es haber conjugado críticamente la totalidad de los materiales disponibles del propio Charles Burney, realizando un cuidado análisis de los pasajes que debían ser incluidos, retocados u ordenados, para dotar a la obra de la unidad literaria que, en otras ocasiones, había quedado trastocada por los añadidos y supresiones de los manuscritos y las distintas ediciones (como resultado de esta situación, las ediciones extranjeras, o bien han recopilado el material de manera acrítica, o bien se han visto obligadas a dejar fuera materiales esenciales de los viajes, por atender a unas ediciones y manuscritos pero no a otros).
        Cualquiera que se interese por la cultura del siglo XVIII, la historia del arte, de la música y de las ideas, encontrará en esta obra un apreciable tesoro: el interés de Burney por la pintura y sus conocimientos sobre ésta, por ejemplo, quizá sorprenda al lector. El encargado de su edición y traducción ha sido el renombrado ensayista Ramón Andrés (1955), quien también ha incluido numerosas notas a pie de página para dar a conocer a los personajes y aclarar los contados conceptos musicales utilizados por el historiador. Su última obra como escritor y estudioso apareció el pasado año en esta misma editorial, bajo el título de El luthier de Delft. Música, pintura y ciencia en tiempos de Vermeer y Spinoza (2013), que se une así a sus tres últimas obras (todas ellas en Acantilado y todas de reconocido prestigio): Johann Sebastian Bach. Los días, las ideas y los libros (2005), El mundo en el oído. El nacimiento de la música en la cultura (2008), y su monumental Diccionario de música, mitología, magia y religión (2012).
        Hoy nadie puede poner en duda el lugar central que ocupa Ramón Andrés en el ámbito de la estética musical, sobre todo desde la última década, y por ello queríamos aprovechar esta ocasión para reconocer su trabajo. Otras de sus obras musicales en distintas editoriales son el Diccionario de instrumentos musicales. Desde la Antigüedad a J. S. Bach (1995-2001), W. A. Mozart (2003-2006) y El oyente infinito. Reflexiones y sentencias sobre música (De Nietzsche a nuestros días) (2007). Su edición del Viaje de Burney constituye un trabajo editorial pionero en Europa: es un acierto indiscutible de Acantilado, que hace así accesible al mundo de habla hispana una obra que, de manera sorprendente, no ha sido editada con el rigor merecido ni siquiera entre sus compatriotas. El trabajo de Ramón Andrés como editor tampoco es nuevo en Acantilado: por lo que se refiere a la música, ya había llevado a término Oculta filosofía. Razones de la música en el hombre y la naturaleza (2004), de Juan Eusebio Nieremberg, y había traducido, junto a Rosa Rius Gatell, Tiempo y Música de Jeanne Hersch. Su edición y traducción de este Viaje musical constituye sin duda otro de sus incontables méritos en el ámbito de la música.
        Lo único que se echa en falta es una introducción crítica del editor, que hubiera situado la obra en su contexto y preparado al lector para realizar su viaje de la mano de Charles Burney. Desconocemos por qué no se ha realizado este trabajo que, sin duda, habría mejorado la presente edición y la habría completado a la perfección, sobre todo teniendo en cuenta que ya existen estudios sobre la figura del historiador en nuestro país. Tampoco comprendemos por qué no se ha incluido un índice analítico (onomástico-temático), teniendo en cuenta que estamos ante un volumen de casi quinientas páginas, cuando Acantilado lo ha hecho en tantas ediciones de tamaño mucho menor y de menor importancia histórica. Aunque todo ello no desmerezca el resultado actual, sería una buena noticia que estos puntos se observaran críticamente en una segunda edición.

 

 

 

Escrito por Daniel Martín Sáez
Desde España
Fecha de publicación: julio de 2014
Artículo que vió la luz en la edición nº 27 de Sinfonía Virtual
www.sinfoniavirtual.com
ISSN 1886-9505



 

 

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