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NÓRDICAS MELODÍAS DE EDVARD GRIEG

Alfredo Canedo
Bibliotecario

(Nº 5, OCTUBRE, 2007)


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El nacionalismo musical data de mediados del siglo XIX, cuando los compositores de Europa septentrional, muchos de ellos formados en Leipzig, afirmaban en giros melódicos y ritmos folklóricos sus derechos a expresar el temperamento nativo de sus respectivos países. En Alemania tendrá lugar a través de las óperas de los precursores de Richard Wagner y las sinfonías de Robert Schumann; en Italia, laramente político con el melodrama verdiano; en Francia, sustituido por una suerte de música aburguesada y conservadora tras la gran aventura de Héctor Beriloz; en Rusia, con los temas históricos y las melodías tradicionales desde las óperas de Mikhall Ivanovitch Glinka y los ballet de Igor Stravinski; en Hungría, con la ópera nacional ‘Bánk Bán’ de Ferenez Erk y las fantasías y fugas de Franz Liszt, y en Bohemia, con las numerosas piezas folklóricas de Bedrrch Smetana y Antonin Dvorák.

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        Pero más decididamente nacionalista, valdría igualmente decir del nacionalismo nórdico, el noruego Edvard Grieg, entregado a la composición de originales canciones populares y danzas campesinas por influencia de sus maestros el danés Niels Gade, los suecos Wihelm Stenhammar y Hugo Alfven y el finlandés Jan Sibelius; aunque especialmente, como así confesara en uno de sus escritos póstumos, de su íntimo amigo el pianista y violinista alemán Richard Nordraak:

Sólo éste me proporcionó el conocimiento de la canción popular noruega y de mi propia naturaleza. Nos conjuramos contra el escandinavismo blando, mendelssohiano, al estilo de Gade, y emprendimos con entusiasmo el nuevo camino, que es de la escuela nórdica actual. Por tanto, me considero no un exponente de la música escandinava, sino noruega. (1)


        Al defender así la música noruega, la de los campesinos y la de la idiosincrasia de su pueblo, defendía también la de aquellos países con deseos de expresar musicalmente el sentimiento nacional. Música cuestionada de ‘simple y sensiblera’ por el academicismo escandinavo; motivo de palabra como estas de Grieg:

No es culpa mía que mi música se oiga en restauranes de ínfima categoría y qie la canten las niñas de la escuelas. (2)

        Aunque en realidad no debía de existir tal idea de culpabilidad, pues, una de las exigencias más legítimas del mundo artístico que haya música gustada tanto por el entendido como el lego.

        Grieg recibió de su madre las primeras lecciones de piano. Apenas cumplidos doce años de edad, 1857, compuso sus primeras obras para el instrumento con influencias claras de quienes por entonces eran sus preferidos, Mozart, Weber y Chopin. Por consejos del músico escandinavo Ole Bull fue enviado, aún adolescente, a Leipzig, donde estudió composición con el pedagogo Carl Reinecke, y técnica pianística en los cursos dictados por Louis Plaidy, Elve F. Wenzel, amigo de Schumann, e Ignaz Moscheles, uno de los grandes virtuosos de la época. Publicaría en la ciudad alemana, ya egresado del conservatorio, ‘Cuatro piezas para piano’ y ‘Cuatro canciones para voz de contralto y piano’ sobre textos de los poetas Adelbert von Chamizo y Heinrich Heine.

        A su vuelta a Copenhague, 1862, centro musical de primera importancia por entonces en la Europa nórdica, compuso ‘Dos pieza para piano a cuatro manos’, Op. 14, dedicadas al amigo Féliz Mendelsshon Bartholdy, quien, según narra su biógrafo Luis Suñén, “muchísimo influyó en la formación romántica de Grieg”. (3)

        Allí fundó,1867, la Academia Nacional Noruega de Música, meses después, fue nombrado director musical del Teatro Nacional de Oslo, y tiempo más tarde ejerció la dirección artística de la Orquesta Filarmónica de Bergen, inagurada en 1765, una de las más antiguas del mundo.

        En el transcurso al frente de esas instituciones artísticas terminó sus tres ‘Sonatas para violín y piano’, dedicadas al otro gran compositor noruego de la época Johan Svendsen, y la primera serie de ‘Piezas líricas’, quizá lo mejor que compuso para piano. Luego, compondrá numerosas piezas para piano basadas en la música popular, de entre las cuales, por ejemplo, ‘Danzas campesinas noruegas’’ y ‘Melodías y danzas noruegas’; más tarde, entre 1874 y 1876, el ‘Cuartetos de cerda en Solmenor, ‘Ops. 27’ y ‘Cuarteto en sol menor’, op, 27, si bien con algunas tonalidades wagnerianas y de los neorrománticos alemanes, y la música incidental ampliamente descriptiva para las novelas ‘Peer Gynt’ de Henrik Ibsen y ‘Sigurd Jorsalfar’ de Bjernstjerne Bjornson. Poco después, merced a una beca del gobierno noruego, en Roma perfeccionó su estudios pianísticos con destacados compositores y maestros.

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        Su tierno nacionalismo musical, impresionista y poswagneriano, en las suites ‘La mañana’, descripción mágica de la salida del sol y el despertar de la naturaleza, ‘La muerte de Aase’, basada en el hondo dramatismo del campesinado noruego, ‘La danza de Anitra’, caracterizada en levedades y pasiones de agricultores, ‘En la gruta del Rey de la Montaña’, una musicalización sobre el aroma de las campiñas y comarcas nórdicas, ‘El rapto de la novia’, especie de radiografía dramática del amor campesino, ‘Danza árabe’, presencia de situaciones llenas de erotismo, ‘El retorno de Peer Gynt’, claramente musical de la naturaleza desatada y la tempestad del mar, y ‘Canción de Solveig’ una sabiduría total del reencuentro amoroso. Tintes de la melancolía nórdica igualmente acentuados en sus ‘Tres Sonatas para violín en Fa, Sol y Do menor’, Ops. 8, 13, 45, y en el ‘Concierto para piano en La menor’

        Pero su composición de virtuosos signos nacionales, al contrario de lo afirmado muchas veces con cierto punto de fatuidad de quienes lo hacen, el ‘Concierto para piano y orquesta’, por Liszt tocado en varias salas de concierto de Italia, cuyo primer movimiento recuerda enormemente al ‘Concierto en la menor’ de Schumann. El ‘Allegro molto moderato’ es tranquilo, bien subrayado por el suave ‘crescendo’ del piano; el‘Adagio’ lírico, pero no melancólico, y el ‘Allegro moderato molto e marcato’ de forma rondó. Y en cuanto al rasgo distintivo, el refinamiento del estilo y la música como banderas del más estricto sentimiento noruego.

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BIBLIOGRAFÍA

(1) Hürlimann, Martín. ‘La música orquestal y de cámara
(2) Scholes, Percy A. ‘Diccionario Oxford de la Música’.
(3) Suñén, Luis. ‘El cálido norte’.

 


Escrito por Alfredo Canedo
Desde España
Fecha de publicación: Octubre de 2007
Artículo que vió la luz en la revista nº 5 de Sinfonía Virtual.
ISSN 1886-9505



 

 

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